miércoles, 30 de junio de 2010

We will be burned to the ground...

Creí que podía librarme de mi pendeja vanidad intelectual y parece que no. No puedo leer, tengo libros esperándome y no puedo ni sostenerlos, los suelto enseguida. Regresan las imágenes de sangre y eso (la última: una implosión adentro de mi cuarto blanco que salpica de sangre las paredes. Muy estética). Estaba pensando que vivo sintiendo que entiendo algo que los demás no y es una estupidez porque me parece que soy yo el que no entiende algo. Tal vez sea que entiendo que ellos entienden algo que yo no y ellos no entienden eso. Maldita sea, cuando pongo algo en letras se desvirtúa increíblemente. Se me olvidó qué iba a poner, era algo juerte. Empiezo otra vez a saborear "colapso" "siniestro" y esas cosas que me ponen trágico. ¿Por qué mi tragedia, mi natural dramatismo, parece algo tan ridículo? Debe ser culpa de Villaurrutia. Ay, Clarissa y Carla, son unas velitas en mi cuarto. Y pensar que basta bien poco. Hace poquito leí que esto de bloggear era terapéutico. Quien sabe. Fin de toda pretensión, muerte de toda alusión literaria. Que me cargue si no en sdfwetyinv e eimvuew ruc eoyterop ctueoweoricvtoier mutrqtu... Ponle tú el etece.

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