miércoles, 24 de junio de 2009

Astronautas.

Llegamos cuando había más gente y mi mamá me dejó manejar el carrito a condición de que no jugara y no hiciera estropicios. Le iba echando cosas, miraba muy atentamente en las etiquetas y movía la cabeza. Pasamos por el pasillo de los cereales y a mi se me hacía agua la boca. Le pedí a mi mamá unos Corn Pops pero dijo que no llevaba dinero.
- Aaaah- dije desilusionado. Había más niños manejando carritos y yo los veía y me parecían bobos. Pasamos por la sección de quesos y yoghurts y leches (¡puaj!) y le pedí queso y me dio de los pedacitos que hay en las charolas. Le pregunté si iba a comprar alguno y me dijo que no. Me quedé mordiendo el palillo con el que me había dado el queso. Saben ricos esos palitos, igual que los de paletas de hielo. A veces me acabo rápido las paletas para poder morder el palito. O el de los elotes. Pero el elote sí lo como despacio porque la piel de los granos se me mete entre los dientes y me fastidia.
- Deja de hacer jum jum- me dijo mi mamá. Es que no le gusta mi peculiar jumjumeo, quien sabe porqué. Es divertido jumjumear cuando se está aburrido porque la gente lo mira a uno como raro y hacen caras y eso es chistoso. Una vez una señora dijo:
- Que ascoooo- pero no supe porqué y mi mamá le dio la espalda. Señora pendeja. Luego pasamos a la parte donde hay montones de jamones y carnes y esas cosas. Siempre me han dado ganas de darle una mordidísima a un jamón completo, sin que esté rebanado porque así no tiene chiste. Yo digo tener un jamonzote completo e hincarle el diente muy sabroso. Mi mamá nunca ha querido comprar un jamonzote. Me gusta acompañarla aunque siempre se queja que no me estoy quieto, que la estorbo y que ya no me va a traer. Pero no es cierto porque el otro día que venía se hizo tonta hasta que le dije:
- ¡Te acompaño!- y dijo que bueno y la acompañé y no se quejó porque además yo me estuve muy quieto mirando el techo. No lo había visto antes, es muy blanco y hay montones de tubos y tiene muchas muchas rayitas que contar. Caminamos poquito y ella hablaba con las dependientas del pan y yo miraba a los otros niños que eran torpes y no sabían manejar sus carritos. Porque yo sí que soy un conductor "excelso" como dice mi papá. Tengo una habilidad especial para eso. Si hubiera carreras de carritos de super mercado yo sería el "campeón indiscutible" como dice mi papá. Pero no hay carreras de eso. Uno de los niños me hacía caras, sacaba la lengua y se jalaba los cachetes. Que niño más antipático, ni siquiera agarraba bien el carrito. Había otra señora que tenía un bebé en su carrito y que le pellizcaba los cachetes al bebé que lloriqueaba cada que lo hacía. La señora tenía muy pintada la cara, los labios rojos rojos y el pelo amarillo. Con el niño antipático venía una niña de colitas que no prestaba atención al niño antipático y que echaba de vez en cuando alguna cosa en el carrito. En el siguiente pasillo, el de las latas, había otro niño con un carrito. Teniá lentes y una playera a rayas, muy simpático, pero tampoco agarraba bien el carrito y ponía el pie arriba y se le iba para atrás y se le cayó algo y su mamá lo regañó. Había mucha gente, muchos carritos y mucho ruido de las llantitas y el sonido de las cosas cayendo en las canastas de metal. Ese sonido me gusta y también el de cuando giras en un pasillo. Hago los ruidos de un carro y a veces de una nave espacial, pero sólo en las ocasiones especiales. Ffffffsshhhhhh brrrrrrooooommmm ffffffffffpuujjjjjjj rrrrrrrrraaaaunnnnn y a veces hago cataplás por el gusto de hacerle aunque mi hermana diga que las naves espaciales no hacen ese ruido. Ella nunca ha visto una así que no sabe. Mi mamá me dijo:
- Bueno, ya vamos a la caja- ese es mi trayecto favorito porque lo puedo hacer más rápido y la espero en las cajas. Cuando ya me iba vi que el niño antipático me miraba y hacía como a una moto: brrroooommm brrooooommm. Pero que estúpido, si esta vez eran naves espaciales. El niño de lentes me sonrió y la niña que iba con el antipático me miró. Fiiiiiiiiicchhhuuuummmm bbbbbbbrrrrrrjjjjj ¡enciendan los motores! ¡Todos a las cabinas de gravedad! Ffffffffssssshhhhhhh ¡Active los sensores! ¡Prepáranse a despegar! Brrrrrroooooommmm. Campo de gravedad activada, señor. Muy bien teniente, de la orden de ponernos en órbita. A la orden, mi capitán. Paso los cereales a toda velocidad, tratando de no chocar con la demás gente que me mira asustada y se quita gritando. No hay tiempo de mirar atrás, no escucho a mi mamá. Fffffppppjjjjjj. ¡Aumente la velocidad en las turbinas de propulsión a chorro! ¡Cierren la escotilla y pierdan peso! ¡Hay que liberar la nave! Ffffffsssshhhhhhh ¡Más velocidad! Ya pasé los corn pops y me dirijo con los cuatro motores encendidos a la meta. Hay gritos y unos polis no saben que hacer. Brrrrroooooooommmmmm, el rugido de cuatro motores de propulsión a chorro que queman toneladas de combustible por segundo. ¡Capitán, nos acercamos a la meta! Y muerdo mi palillo aún más fuerte. Chhhhaaaaassss, escucho en el pasillo de a lado. Uno menos, el antipático. Escucho las cajas caer. Más gritos, la multitud aclama. ¡Eeeeeehhh! ¡Vivaaaaaa! Estamos en la recta final. ¡Aceleren esos motoreeees! Volteo enseguida para ver. Soy el primero en salir, por supuesto, soy el campeón indiscutible de las carreras con carritos de super mercado. Wiiiiiiiii. Levanté los brazos en una clarísima muestra de victoria y solté el carrito que fue a estrellarse con una montaña de sabritas. Chhhaaasss traaaaasss rataplaaaaassss. Afuera llovía y de todos modos, aunque soy el campeón indiscutible, pensaba en que mi mamá se enojaría mucho y no me llevaría más con ella. Y era triste. Las gotas azotaban en las ventanas y la gente corría.

jueves, 18 de junio de 2009

Eeeeeh, musiquitaaa.

Y no porque esté en diminutivo es que sea tontita, de hecho este disco es de los más poca madre que se pueden hallar en un mundo saturado de pendejadas y música bofa y comercialota. El disco se llama Summer Sun y es de Yo La Tengo, banda norteamericana que existe desde 1984 (ya llovió, pues). El disco es de 2003, osease que no tan viejo. Yo La Tengo es reconocida como una de las bandas más importantes del género alternativo o independiente. Baste decir que se les llama padres del Noise y que han influenciado bandas como Sonic Youth y del estilo. Los links están funcionando. No pesa mucho, está muy muy chido, vale toda la pena (como tú, Wu). Se los dejo en rapidchare y otro que no se como se llama pero que igual está bueno. A ver si no cierran el blog por sus mamadas del copi rait. ¡La música es para compartirse! No hagamos más ricos a los tipos nefastos de las disqueras, hagamos a los músicos más reconocidos. Di sí a la piratería.

http://rapidshare.com/files/31690987/Yo_La_Tengo-ss.rar.html

http://uploading.com/files/U22EW0HC/Summer%20Sun.zip.html

miércoles, 17 de junio de 2009

Tururú.

Comía una paleta de caramelo extra macizo de esos que por más que las chupes nunca se acaban. Era de colores.
- Si el mundo fuera como esta paleta duraría toda la eternidat, pero fastidiaría al cabo de los primeros miles de años- pensó sin hacer caso a los gritos del parque. Un sentimiento de rabia subía por su estómago como espuma de refresco, pero no sabía de donde venía, si de dentro de ella o del exterior, del detestable humo, de las palabras vacías y sin sentido que se cuelan en las mañanas por su balcón atestado de macetas o de los días que pasaban sin traer nada, ¿cómo saberlo? Había un señor que vendía goblos de muchos colores y recordó la película en la que un niño compraba todos y se elevaba. Cuando la estaba viendo rió por lo estúpido de la idea. Ahora no era taaan estúpida aunque su mentecita funesta se encargó de decirle que apenas se elevara unos metros los globos estallarían y caería al feo suelo rompiéndose los huesos. Se estremeció al pensar en todo ese dolor. De placer. Pero dijo:
- Nooo, qué aburrido.
Y veía a la gente ir y venir, con iPODs, con niños, en bicis, ignorantes a todo, insensibles al viento, a los árboles. A su amor. Había unos que daban vueltas con pantses y sudaderas y la divertían porque daban vueltas a la estúpido y platicaban jadeando, agitados y movían sus cabezas.

Ándale, ¿sí?

Quiero que me digas como le haces para tener siempre las respuestas correctas. ¡Pam! Me estrello contra la simpleza de tu lógica. Es que no le das vueltas, tú sientes y ya. Pero yo estupidamente necesito pensar y examinar como examinar una rana disecada, como si fuera un objeto. ¿No son "cosas", verdad? Dime algo, lo que sea, lo que quieras. Dime cómo te llamas, como si nunca me hubieras visto, como si no supieras que existo y que muero por estar contigo.

Tienes una playera que dice: I love nerds. Yo quiero ser un nerd nada más por eso, pero no leo mucho ni me interesa demasiado la tecnología, así que tendré qué esperar a ver que es lo que sale de tu boca. ¿Qué me dirás?

Tralalá.

Tralalá, la musique...

Bueno, tengo una tendencia fea a recomendar música y a compartirla. Llevo lo que va de esta semana escuchando a un sólo tipo. Se llama Archer Prewitt, de estilo no definible, hace una mezclas medio locas, pero pues, como siempre, lleva la etiqueta de "indie". Es muy chido, muy sincero en sus letras, muy simple, con arreglos bonitos que nunca llegan a ser cargados. Es norteamericano, aquí dejo el link de su página, con información de él y en la columna del extremo derecho la lista de canciones del disco Wilderness (el más poca madre de él, a mi parecer). Las pueden escuchar gratis y sin lío, le dan click a la rola y listo. Si quieren el link para descargar su disco pídanlo y lo mando. Mis favoritas: "Think again" y "Go away". Gruesas las rolas. "I think I better think again/Time never leaves me unsure"

Aquí está, pues:
http://www.thrilljockey.com/catalog/index.html?id=100177

Cuentito. Casi pertenece a "El jugador silencioso", pero por un lado, como una tangente.

- Soy Daasshhh... y su disfraasshhh.
- ¿Qué? ¡¿Eso quééé?! ¡¿Me estás escuchando?!
- Sí. Pero en serio, soy Daasshhh... y su disfraasshh, mira- y echó a correr por el cuarto, haciendo fffuuummmm shhhhh, dando manotazos. Quizá en otra circunstancia le hubiera dado risa, pero sólo se emputó, se puso roja y apretó los puños.
- ¡Te estoy hablando, chingado!- él se detuvo en medio de la cama, cuando iba a saltar. Se quedó suspendido, mirándola fijo hasta que ella se incomodó y volteó a la ventana oscura, oscurísima, con su cortina morada.
- Dime.
- ¿Por qué no fuiste por mí? ¡Te dije clarito que a las tres!
- Ya te dije, tenía cosas que hacer.
- ¡Siempre tienes algo que hacer, no te importo nada!
- Claro que me importas- y echó a correr otra vez. Tropezó con el buró y el ruido de la lámpara cayendo terminó por desquiciarla.
- ¡Ya! ¡Estoy hartaaaaa!- él se detuvo, recogió la lámpara y luego preguntó:
- ¿De qué?
- ¡De tí! ¡De que te comportes como niño! ¡De que nunca me hagas caso! Te importan más tus pendejadas, tus pinches inventos y tus cálculos inservibles- aquí él dió un respingo y se apresuró a decir:
- Pero tú dijiste que eso te gustaba, incluso que por eso habías salido conmigo, porque estaba loco y era interesante...
- Pues sí, pero un rato pasa, TODOS los días es castrante, aburre, nunca haces nada más- el quiso responder que no era cierto, que la quería, que trabajaba, que hacía muchas cosas, algo del estilo, pero le hizo otra vez como Daasshhh... y su disfraaassshhh. Ella apretó los labios y le dolió. Tenía ganas de gritar y de pegarle y de decirle que era un puto niño inconciente y que lo detestaba y que se iba, pero nomás caminó a la puerta amarrándose violentamente el cabello. Él la detuvo cuando ya iba con la mano a la perilla (dorada, descarapelada de abajo).
- A dónde vas.
- A dónde sea, donde no estén tú ni tus pendejadas.
- Lo estoy haciendo de adrede. Ya sé que vas a irte de todos modos, haga lo que haga, sólo estás buscando un pretexto y yo amable te lo doy. Quiero verte emputada por última vez para vengarme de tus adioses no me importa ajhases y eso que dices tan seguido. Hace un mes que me lo quieres decir, ¿por qué chingados esperaste tanto?- lo dijo todo sin respirar, con la cara poniéndosele roja.
- Qué chingados te importa, déjame pasar.
- Ni madres, dime y te vas, fresca como la mañana.
- No tengo nada que decirte, déjame pasar.
- Ya te dije que no -y se puso entre ella y la puerta- Nomás dime porqué no me lo dijiste hace un mes y ya.
- Porque no quería decírtelo hace un mes. ¿Contento?
- Ah ah. Dime, ándale, no seas cabrona, ¿querías burlarte de mí? ¿pensaste que sería divertido, pendeja?- le dio una madrazo a la puerta con la palma abierta y sonó seco. Ella se asustó, nunca lo había visto así de violento. Ni siquiera la había tocado, pero la miraba furioso, bien abiertos los ojos, rojos. Cuando hablaba le salía saliva y era molesto.
- No me hables así, por favor, déjame salir.
- Jajajaja, ¿me tienes miedo? Que pinche risa me das- pero vio su mirada que huía la suya, el miedo simple, su nerviosismo. Y sintió culero y al mismo tiempo ganas de ser más culero, de asustarla de veras. Se quedaron viendo un ratito que a los dos les pareció un chingo.
- ¿No me vas a decir?- la insistencia hizo que le dieran ganas de llorar de coraje, pero también porque no sabía por qué no lo había hecho antes. No tenía que contestarle y él lo sabía.

Era mi amigo en la secundaria. Más tendiente al todo que al nada, mentía porque decía que era el estado natural del ser humano: mentiroso, que primero aprendiamos a mentir y luego a decir la verdad y que el no traicionaría su espíritu ni su naturaleza. Era dificilísimo saber cuando era verdad y cuando era mentira, si le preguntaba decía: "mentira, claro", pero era muy divertido y sabía montones de cosas que aprendía leyendo revistas de Geo Mundo, Conozca Más, Proceso y una de ovnis y cosas del estilo (Año Cero, me parece) que sacaba del quiosco. Nunca lo ví tener una revista más de un día, decía que tenía que regresarla porque se la habían prestado. Al cabo de los años se hizo francamente insoportable, no porque cambiara si no porque empecé a imitarlo demasiado, pero me faltaba su genialidad y era frustrante. Tenía una rara habilidad para calcular. No era la simple suma o multiplicación ni raices ni cuadrados ni nada de eso, de hecho era bruto para los cálculos elementales, yo los hacía por él. Podía calcular la cantidad de oxígeno en un cuarto, decía que midiendo el cuarto por pasos, lo alto, lo ancho, las ventanas, los posibles escapes. No daba números tan precisos, pero decía: alcanza como para 12 minutos los dos aquí cerrando bien las puertas. No le creía, pero un día se metió al cuarto y dijo: pásame ropa que no uses y trajo cinta de aislar y "selló" el cuarto. Cuenta 17 minutos, dijo. Como a los 15 minutos empecé a marearme y quería abrir la puerta, pero no me dejó. Ya mero, dijo bajito. A los 16 minutos y medio le dio un tirón a la puerta y no se abrió. Que pinche sustísimo me dio, pero el campante siguió jalando hasta que la puerta cedió. Salí tosiendo e inhalando como pinche pez fuera del agua. No mameeeees, le grité, ¿por qué putas me encerraste?
- Pero contaste los minutos, ¿no?- No le dije nada, su cálculo había estado bien, pero seguí mareado un rato y me zumbaban los oidos. Siempre que entraba a algún lado decía: como para tales minutos contando tantas personas. Supongo que las más de las veces era mentira. También podía calcular el tiempo casi exacto que tardaría el agua en hervir. Pero no cuentes las pinches burbujillas, hasta que esté hirviendo bien bien, decía, mirándome mirar mi reloj contra agua y calculadora integrada. Según el instructivo podías sumergirlo en el agua a 50 metros y no le pasaba nada. Se me hacía una mamada mayúscula. Rogelio una vez sugirió que lo probáramos. Mediríamos el mecate y lo sumergiríamos en la presa. Le dije que ni madres, porque tenía miedo de que se chingara y porque no hay ningún lugar que sea tan hondo. Propuso algunos experimentos, pero le dije que no. Ese reloj se me rompió y terminé odiando los relojes y su alarma tititití tititití tititití. Inventaba muchas cosas, la mayoría ridículas o sin algún uso en particular. Inventó un imán para cacahuates. Cuando me dijo me boté de la risa. Puso cara de: p e n d e j o, una despectiva que era muy suya. Me llevó al mercado y la chingadera jaló nomás los cacahuates, ninguna otra cosa, pero había que acercarse mucho a los cacahuates y quedaban en una bolsita y cuando los sacamos estaban babosos. Ahuevo, dijo, un imán de cacahuates. Trató de explicarme que la estructura molecular de no se qué, que la fuerza de succión de no sé qué, pero no entendí nadita y me dijo: estás muy morro. Cuando vino el circo vendían unos como popotes que tenían un espiral en la punta y una bolita de unicel y si soplabas la bolita flotaba. Los daban a 10 pesos, que en ese entonces era un chingo. Cuando me lo vió me preguntó de donde lo había sacado y le dije que del circo y me preguntó que cuánto me había costado y le dije. Se rió en mi cara y dijo que pendejo eres. Según él podía hacerlos mejores y mucho más baratos y además sabía como entrar al circo sin que le cobraran. Las madres esas sí las hizo y las fue a vender a la escuela. Llevaba como 10 y se le acabaron en corto. Le pidieron que llevara más, pero le dio hueva y no quiso hacer más. Se concentró en su proyecto de imanes que se juntaban por los dos lados. Hasta donde sé nunca pudo hacerlo rompió un chingo. Luego le dio por hacer láseres con formas de mujeres desnudas y penes, muy graciosos, pero también se hartó y luego creo que fue lo de las bombas de caca de pájaro. Estas sí que fueron un éxito. Hizo muchas y las puso abajo de la tarima de el día del Niño. Es la fiesta más grande y se junta un chingo de gente. Empezó a salir muuuucho humo y un olor culerísimo. Salió gritando y empujando: ¡Es el diabloooo! ¡Es el pinche diabloooooo! Y hacía: ¡Ooooggrrrr aaaahhhhh mua ja ja ja! La gente se escamó en cortísimo y empezaron a correr a las puertas y el padrecito decía por el micrófono que se calmaran, pero cuando vió que salía de abajo de la tarima echó a correr como nena y Rogelio no paraba de reir y se doblaba. Todos sabían que él había sido, pero no pudieron echarle la culpa y él se burlaba enfrente de la poli. Un día lo agarraron y le dieron una madriza y lo aventaron cerca del río, para que aprendiera, pero le valió madre y siguió haciendo experimentos. Lo de las bombas le duró un rato, puso en su escuela, en su casa, en la de los vecinos y en la presidencia, al punto de que nadie se espantaba con las bombas y lo dejó. No sé si fue primero lo de la escafandra con una lata grande de leche nido o la resortera enorme para cazar caballos dijo, pero en Jalpan casi nadie tenía caballos. La escafandra no funcionó y casi se ahoga, la resortera sí, servía para aventar piedras grandes y bajar chomites. Era re simple y desmontable.

Nunca le gustó entrar a los concursos de la escuela, decía que eran pendejos y por tanto eran para pendejitos. Seguro hubiera ganado todos sin el menor esfuerzo. Creo que fue porque una vez, cuando iba en la primaria, participó en uno y su experimento ganó (algo que incluía fuego y aluminio), pero un maestro le chacaleó el crédito y dijo que había sido él el que lo había hecho. Rogelio se sintió humilladísimo y nunca quiso participar de nuevo. El profe no lo disfrutó mucho, le pintó la puerta con mierda y le pintó una ventana con una pintura que sólo se veía de noche un mensajito que decía: soy una rata y había el dibujo de... una ratota. Querían expulsarlo de la escuela (de todas, desde primaria) aunque nunca se les hizo, llevaba siempre buenas calificaciones y no faltaba muy seguido y además no siempre podían comprobarle que hubiera sido él el que hacía el desmadre (explosiones, sustancias extrañas, mensajes en el pizarrón -todos con diferente letra- y dibujos de maestros, niños llorando, libros que se perdían y linduras del estilo).

Acabó la prepa aburrido y no quiso entrar a la uni, o no pudo, no me dijo. Era muy grande cuando salió de la prepa, tenía como 21, aunque parecía más chavo. Cuando salió yo apenas entraba a la secundaria y poco a poco dejé de juntarme con él, que prefería andar con chavas de nalgas grandes. Terminó por irse a la ciudad y a trabajar de obrero en una fábrica. Luego ascendió a supervisor y pudo subir más, pero le dio hueva o miedo o no sé qué hacerse de más responsabilidad. Trabajaba relajado, mirando el ventilador que giraba chirriando y calculando la velocidad del giro, mirando en las etiquetas de los trabajadores, en sus números de empleado, sabiendo cuando un tubo del aire acondicionado se averiaba pero no diciendo nada para que no lo pusieran a arreglarlo, diciéndoles amablemente a los nuevos esto se hace así y asá, diciendo a sus novias sí sí sí. Nunca se esforzó más de lo necesario A muy muy pocas les contaba de sus cálculos y sus inventos (calculadoras que atendían a la voz o la manera de intervenir los teléfonos para decir cosas obsenas o cómo llamar gratis a las hot line, imanes de diversos tipos y cosillas así). Le tenía miedo al mundo, a los jardines, a los globos terráqueos y a los de helio, a los lugares demasiado grandes y a enamorarse de a de veras. Ligaba chavitas del trabajo enfundadas en uniformes caquis, ingenuas o muy perras, les regalaba cosas, les decía poemas bizarros que él inventaba o que leía por ahí. Para su fortuna casi ninguna los entendía y se dejaban coger en hoteles baratos, en el carro o algunas en los baños de la fábrica. Casi nunca iba a los cafés y gustaba de manejar sólo por las calles solas entrada la madrugada. Y volvía a verlo cuando entré a la universidad, cuando iba en segundo semestre.

jueves, 11 de junio de 2009

De "Cartas Despiadadas..."

¡Bang bang! Revolver

¿Del movimiento del aire que produce el sonido de su nombre?

Me gustaría de ahí. Como un poco me conoces sabes bien que refutaría cada posible respuesta ensemillada en cada pregunta, pero el ejercicio sería demasiado honesto y deshonesto a la vez.

¿Crees tú que es un transición importante que no me de miedo decir "mujer" a una mujer? Antes me causaba incomodidad.

Ya me gustaría saber el sonido de cual nombre. Yo y mis mundillos internos (quizá te sorprendería saber que no son mundillos sino pequños trozos mundanos). Voy a aventurarme a dar mi versión del asunto.

Vengo (y yo solo que los demás no tengo la puta idea) de tu interior, del mío, de la panza de mi mamá (últimamente me da por pensar que se estaría mucho mejor ahí), de la puta y dulce tristeza que ahora me inunda sin permiso, agradable hasta que no se bien que hacer con ella, de la alegría momentánea (soñé que había tres pump y tú bailabas una pequeña), de mi carencia emocional, de mis gritos desesperados por llenar mi vacío que nunca estuvo lleno (y eso por ponerle un nombre, que en realidad podría ser cualquier cosa). Y eso bien podría venir eso de mi y no yo de ello, pero ¿qué podría ser verdad esta noche? ¿qué podría ser tibio y seguro? De los libros ha venido una melancolía por el tiempo perdido, por historias que no viví y no me atrevería a vivir, una silenciosa bofetada a mi cobardía para sentir. Las ganas van y vienen, queda la música inaudible, el tono que no puedo atrapar, las cosas que no se por qué no puedo decir (¿habrás formulado tú todas esas preguntas?) Justo ahora (¿por qué siempre "ahora"?) suena desquiciadamente algo. Ya, lo he callado sobreponiendo canciones de cuna para niños perdidos (oh, Coco Rosie).

A todo esto, he mediado palabras y palabras para no decirte que no tengo ni la más remota idea de donde vengo (aquí entra la parte en la que digo "ni tampoco a donde voy" pero eso espero definirlo). Ahh, como quisiera creer que de las personas que amo y me aman, eso también me jode porque tengo un curioso, enfermo, retorcido, sea lo que tu quieras (atípico te iria bien ¿no?) modo de amar y demostrarlo, ¿o es que todos amamos igual y la diferencia estriba en la manera de demostrarlo? No quiero ni pensar eso... Eso de los encuentros furtivos y tal me iría bien, como encuentros cercanos conmigo mismo (uuuu, que aterrador), aunque me va mejor lo de definitivos, se escucha bien. Por cierto que alguien dice que se queda sola y yo digo que no es ni la mitad de cierto, porque entonces podría quedarme solo sin mi y eso sería agradable, pero bua, ni eso. Hay una parte de una canción que dice "I'll always be by your side" pero no lo digo en serio, solo que suena bonito. Y soy también de un manojo de disculpas (o ellas vienen de mi, como sea >.<)


Bue, gracias por pensar en mí, gracias por no sé, me entran unas ganas de agradecerte namás, jejeje. Je ne t'aime pas.

Y bien, ¿De dónde es uno?

Pásalo bien, mis mejores deseos. ( Y los confusos y eso también). Oh, yo no resucitaré al tercer día.