Comía una paleta de caramelo extra macizo de esos que por más que las chupes nunca se acaban. Era de colores.
- Si el mundo fuera como esta paleta duraría toda la eternidat, pero fastidiaría al cabo de los primeros miles de años- pensó sin hacer caso a los gritos del parque. Un sentimiento de rabia subía por su estómago como espuma de refresco, pero no sabía de donde venía, si de dentro de ella o del exterior, del detestable humo, de las palabras vacías y sin sentido que se cuelan en las mañanas por su balcón atestado de macetas o de los días que pasaban sin traer nada, ¿cómo saberlo? Había un señor que vendía goblos de muchos colores y recordó la película en la que un niño compraba todos y se elevaba. Cuando la estaba viendo rió por lo estúpido de la idea. Ahora no era taaan estúpida aunque su mentecita funesta se encargó de decirle que apenas se elevara unos metros los globos estallarían y caería al feo suelo rompiéndose los huesos. Se estremeció al pensar en todo ese dolor. De placer. Pero dijo:
- Nooo, qué aburrido.
Y veía a la gente ir y venir, con iPODs, con niños, en bicis, ignorantes a todo, insensibles al viento, a los árboles. A su amor. Había unos que daban vueltas con pantses y sudaderas y la divertían porque daban vueltas a la estúpido y platicaban jadeando, agitados y movían sus cabezas.
- Si el mundo fuera como esta paleta duraría toda la eternidat, pero fastidiaría al cabo de los primeros miles de años- pensó sin hacer caso a los gritos del parque. Un sentimiento de rabia subía por su estómago como espuma de refresco, pero no sabía de donde venía, si de dentro de ella o del exterior, del detestable humo, de las palabras vacías y sin sentido que se cuelan en las mañanas por su balcón atestado de macetas o de los días que pasaban sin traer nada, ¿cómo saberlo? Había un señor que vendía goblos de muchos colores y recordó la película en la que un niño compraba todos y se elevaba. Cuando la estaba viendo rió por lo estúpido de la idea. Ahora no era taaan estúpida aunque su mentecita funesta se encargó de decirle que apenas se elevara unos metros los globos estallarían y caería al feo suelo rompiéndose los huesos. Se estremeció al pensar en todo ese dolor. De placer. Pero dijo:
- Nooo, qué aburrido.
Y veía a la gente ir y venir, con iPODs, con niños, en bicis, ignorantes a todo, insensibles al viento, a los árboles. A su amor. Había unos que daban vueltas con pantses y sudaderas y la divertían porque daban vueltas a la estúpido y platicaban jadeando, agitados y movían sus cabezas.
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