domingo, 31 de enero de 2010

Tengo una idea...

Había una vez un niño que usaba un casco plateadísimo y un traje de astronauta opaco. Iba así por la calle y cuando se sentaba en el cine y en las bancas de los parques su traje crujía como mueble viejo. Le gustaba entrar en las librerias y museos y saludaba a las señoras que llevaban bolsas de mandado. Cuando hacía mucho sol brillaba como un gran reflector andante y brillaba tanto que era imposible verlo. Aunque se rostizaba bajo el traje no quería quitárselo. Contrario a lo que pudiera pensarse, el traje era muy cómodo y le permitía moverse con facilidad. Lo malo es que andaba un poco ciego y continuamente se pegaba con los botes de basura, los espejos retrovisores de los carros y los postes del alumbrado. Además nadie sabía quién era ni donde vivía ni nada. En los días nublados era muy feliz y parecía un foco ahorrador y la gente lo saludaba y él sonreía bajo su casco plateado. ¿A dónde irá toda esa gente y por qué andarán tan aprisa?, se preguntaba. En los días de más calor podía poner unos huevos en su brazo extendido y se freían haciendo sssschuikchuikssss y abría su casco y ¡plam!, los huevos desaparecían. No sudaba, no leía los periódicos y no iba a la escuela. ¿No lo has visto? Seguro es porque no te gusta caminar.

El vehículo deslizador.

Llegaste con tu traje brillante y de inmediato me gustó. Parecía de metal líquido, casi como mercurio, y era anaranjado. Te escondías y me daba risa. Qué putada esta clase. ¿Qué buscabas en los botes de basura? Deberías saber que no hay nada allí, sólo cubos compactos de metal y poliuretano. Tu cara de sorpresa me hizo enfadar un poco porque pensé que eras tonta al no saberlo y encima porque está prohibido y era nuestra basura. Pudiste habernos metido en problemas y ¡qué suciedad! Me dio miedo meterte a la casa, pero tu casco de vidrio era genial y por eso te dejé entrar. Era de puro vidrio, frío y transparente. Me pregunto de dónde lo habrás sacado y no entiendo por qué dijiste que el vidrio era barato y que no eras rica. Fue divertido verte entre los botes y cómo luego trataste de esconderte y taparte arrastrando uno. Parecías un cacharro ridículo y torpe. ¿Por qué miras todo como juzgando? Dices que vienes del pasado (o que eso crees) y aunque lloras no te creo porque ha sido probado sin asomo de duda que no se puede viajar en el tiempo. Me pediste agua y qué cosa más rara, cuando te di el hidratante dijiste que querías agua pura y no de sabor. El hidratante apenas tiene sabor y no entendiste cuando te dije que el agua pura no existe y que el líquido verde del vaso te quitaría la sed. Vomitaste al primer trago y gritaste: “¡es viscoso!, quiero agua”. Y no podías creer que en verdad no hay agua, sólo en los enormes acuarios. Pobrecita, no sabes abrir el desagüe y empezaba a pensar que eras una fugitiva, pero no tienes ninguna marca ni en la frente ni en la mano. No venía a cuento, pero dijiste que en tu tiempo (estás loquita o perdida, a lo mejor vienes de la superficie, uno nunca sabe lo que puede haber ahí) había unos animalitos que tenían “plumas” (ni idea de qué sea eso) y que volaban. No pude menos que corregirte y de hacerte saber que los seres humanos somos los únicos seres vivos que hemos podido viajar por el aire, que ninguna otra criatura ha podido hacerlo porque sólo nosotros hemos alcanzado el nivel de civilización necesario. No quiero contrariarte así que sólo me sorprendo por tus historias y por tus preguntas. Qué gracioso cuando dijiste que querías salir a mirar la ciudad. Pero si ni tarjeta tienes, ¿cómo se te ocurrió que podías andar por ahí así nada más? No no no, tuve que explicarte algo elemental: los hombre no pueden andar por ahí desperdiciando su tiempo en boberías. Hay un esquema perfecto para cada uno, una división exacta de las 18 horas del día para cumplir con las tareas asignadas. Preguntas qué son todas esas líneas que flotan y tengo que decirte que son las líneas de comunicación. Es un poco molesto porque no entiendes nada. Mira, funciona así: tienes una tarjeta y en esa tarjeta están tus horarios diarios, tus actividades y una hora para el solaz particular que elijas. En la salida de cada casa pasa una línea y hay que subirse en los vehículos deslizadores. Funciona todo con magnetosuspensión, así que hay que tener cuidado. Pues te subes al vehículo deslizador y éste tiene ya programados los lugares a donde vas y las cosas que tienes que hacer y por si se te olvida está el holograma y le puedes preguntar cualquier cosa. Por supuesto que no puedes elegir a dónde vas, eso se determina mensualmente. Claro, el sistema te hace llegar un calendario con tus actividades, aunque rara vez cambia. ¿Cómo que día libre? ¿pero para qué? Si mis papás te escucharan armarían un escándalo. Debes ser una fugitiva o una desertora. Pues no, para nada, tenemos tiempo de sobra para hacer todo y claro que podemos divertirnos, si para eso tenemos la televisión holográfica y puedes platicar con tus amigos. Pues no, te ponen los hologramas y como si estuvieran en la misma habitación. ¿Pero para qué querríamos juntarnos? No tomamos café, no sé ni qué es eso. Ya me estás desesperando. ¿A dónde quieres ir? Estoy en mi hora libre, pero no puedo usar el vehículo deslizador, no tengo autorización. Me levanto, me baño y voy a la escuela y vengo a casa y hago los deberes y luego puedo platicar con mis amigos y jugar o mirar algún programa. Hoy dan uno sobre historia antigua. ¿Sabías que hace millones de años vivieron en la tierra, en esta misma tierra, unas criaturas gigantescas? Tenían unas fauces de terror y emitían unos sonidos pavorosos. ¿Conoces los dinosaurios? Vaya, qué sorpresa. No, no podemos salir, sólo una vez en el fin de semana al parque de diversiones. ¿Caminar, dices? Pero qué tontería, te caerías. No no, es que los vehículos deslizadores son personalizados, tenemos uno cada uno. ¿Quieres verlo? Está en la parte de atrás, por donde pasa la línea. No sé que es un escuter. Pues sí puedes ir a cualquier lado, pero te digo que está programado para ir sólo a los lugares a donde tienes que ir, no es necesario andar vagando por ahí sin hacer nada. Qué necia eres, no, no podemos salir. ¿Música? Pues sí, hay en mi ordenador personal. Son canciones nuevas. ¿Para qué querría guardarlas? Se actualiza sólo cada semana, ponen lo nuevo y lo viejo se va y no tienes qué hacer nada. Pero qué tontería, lo viejo no sirve y hay que desecharlo. Sólo una vez, sí, era una canción muy bonita y quise quedármela, pero pues no se puede. ¡No te subas! ¿Por qué tienes miedo? Si es de lo más normal, la humanidad siempre ha vivido así y así viviremos siempre. No estamos controlados, no digas esas cosas. Somos libres de hacer lo que queramos, escogemos nuestras actividades. Bueno, te dan opciones, pero es mejor el orden al caos total. Mi papá trabaja en el mantenimiento de las líneas. Yo en la escuela, me quedan sólo dos años del curso elemental. Después depende de qué se necesite. Lo mismo que mi papá, me encanta viajar. Nooo, tú no tienes que tocar nada, el vehículo deslizador es automático, va a una velocidad constante y nunca de los nuncas hay choques, el sistema es perfecto y está perfectamente coordinado. Ven, vamos adentro. Estamos sobre la plataforma número 2, es de las más grandes. No puedes caerte, pero si te cayeras serían como 500 metros a la superficie. ¡¿Has estado allí?! Pero si ahí no vive nadie. No te creo nada de lo que dices. La comida está racionada, pero puedo darte de la mía, sólo aprieta este botón. La luna ya no existe.

Historia de un señor químico.

Ah que la chinita, me fastidia tener que hacerme cargo de gente pendeja. Es que carambas, ¿por qué la gente tiene que ser indiscreta? ¿por qué han de fingir preocupación por el vecino? Eso no lleva a nada bueno y el güerito lo va a entender por las malas. Ojalá que sirva de escarmiento a los demás porque tampoco puedo andarme cargando a todo mundo, ya que me den un descansito, si no soy un robot. Me tengo que despachar al joven Andrés Cariambo Jiménez porque metió sus narices donde no debía. Yo soy un hombre pacífico que respeta a sus semejantes y que no se mete con nadie y cómo es molesto hallar gente que no sabe ser prudente y que tiene que andar divulgando las cosas de los demás como si fueran vulgares chismes, como si vivir fuera un chismorreo incesante. Yo le avisé, que por lo menos no se vaya a quejar de eso, porque también los hay que se quejan y lloriquean como si en algo apreciaran su triste existencia. Lo bueno es que este no dijo ni pío y de no haber sido porque entró a la casa de doña Rosy cuando ya estaba muerta y me hallo ahí, seguiría vivo por quién sabe cuanto. Porque ahorita ya está más muerto que otra cosa. Si hasta me caía bien, me daba risa que salía a correr con sus pants y sus sudaderas seguido por su perro. Me parece algo idiota salir a correr tan temprano. Correr más bien, no importa a qué hora. Como si llevaran prisa, como si quisieran llegar antes que los demás. Pero bueno, su indiscreción (mira que amenazarme con ir a la policía a contarles, ¡pero niño, si esos pendejos nunca se enteran de nada!) le va a costar un poco cara.

En términos más serios: me gustan los tacos de bofe. Les pongo bastante salsa y me acuerdo que mi tía Mariana decía: "eres un pinche higadito". Mi esposa tenía la fea costumbre de echarle agua a la salsa y yo le decía: "al menos no le hagas tanta química enfrente de mí". Odio la salsa aguada, sabe a pura rama. Creo fervientemente en las cabañuelas y las sé contar con precisión.

Me gusta pensar que soy un agente de limpieza social aunque tenga en los periódicos un nombre más feo. Como dijo Sabina, el hombre es una epidemia que inunda las banquetas y yo las limpio. Me gusta que todo reluzca.

sábado, 30 de enero de 2010

"... como medio de transporte..."

Hay un montón de cosas que no sé y otro montón de cosas que quiero decirte, como que tu cuerpo se me escapa como una nube arrastrada por el viento. No puedo pensar estos días, miro las cosas con una calmada imbecilidad, con una deliciosa inconciencia aunque a veces me duele la cabeza. "Estamos a lo sombra de nuestra parra cantando una canción que dice que uno sólo conserva lo que no amarra" y ¡zás!, me da por pensar en cosas como Talita y Horacio cuando Cortázar dice que Horacio se quedó como alguien en el muelle mientras trata de alcanzar un barco que se va. Qué bonito, ¿no? Me guardo mi violencia para más de rato y no porque me vuelva yo más juicioso, sino por flojera, porque no tengo ganas de enfadarme conmigo mismo y luego gritar y hacerme la víctima. Quiero que vengas y no digas nada, que no preguntes, que te quedes quieta y perdernos en la suave lasitud de la boba sensación de que todo está bien sólo porque estamos juntos, aunque tú nunca sientas que estás bien cuando estás conmigo. Da lo mismo, yo sentiré por los dos, no tienes necesidad de fatigarte sintiendo, si bien yo creo que es feo no sentir. No sólo feo, terrible, que es extremo, pero ya ves, la glosolalia ante todo y la semántica sí importa, pero no mucho. Quiero tirarme de bruces en tu cama y caer en blandito y que me avientes y que no pienses que sólo quiero cogerte. Igual y sí hay algo de eso, pero no es lo único, también quiero contarte cosas, mirarte cuando te marchas y cuando sonríes, escuchar esas cosas que dices y que viniendo de tu boca suenan tan importantes. Quítale el "sólo", no seas tan cruel en tus juicios, no pienses que soy tan tonto. Tu cuerpo se va a acabar con una rapidez tan brutal que no podrás sino sorprenderte y llorar, llorar porque ya no serás joven y yo pienso que sólo mis pestañas y mi juventud podrían resultar atractivas, así que cuando sea viejo seré sólo eso, un viejo. Pero tu cuerpo es envase hermoso de tu risa, de tus dudas, de tus quehaceres, de tus noches y tus días y qué importa, marchito será como un pergamino y a mí los pergaminos me gustan. Es eso que llevas adentro y que yo quiero saber. Qué sarta de...

miércoles, 27 de enero de 2010

No te digooo...

No puedo confiar en ti, no sé qué quieres ni a dónde vas. Nunca lo he sabido y es molesto considerar que una vez te creí sin tener razón alguna para hacerlo.

A donde a donde mi rei si ni que fueramos a hacerte algo malo. tu nomas quedate aqui con nosotros ya te dije que en un rato nos vamos que no stes de necio, carajo. Quería burlarse de él y decirle que todo eso era una estupidez pero que era tan absurdo que parecía hasta bonito y el desmadre ese del lenguaje con sus imprecisiones al servicio de la belleza estética. Pero es que qué carajos quieren decir con belleza estética porque hasta la caca puede ser bella y pues como que no queda bien eso de andar medio muerto por ahí sin tener ganas de responder y luego hay que cargar todas esas cajas de jitomate antes de que llegue el chino porque si no la chinga que nos pone el culero y nos deja sin tragar y siempre que no empiece a gritar no va a haber pedo pero mejor vaciamos el camion desde orita andale no seas huevon ayudame y luego si quieres vamos aqui a chava no te invita a echarnos unas frias. que joto nunca habia conocido a alguien que no pisteara pero que le vamos a hacer echame las de arriba primero pues trepate ni que se fueran a romper pero nomas no los mallugues porque se pone furioso el chino. ve y dile a chano que no se haga pendejo y que traiga los tacuaches que ya me esta chingando el hambre que los mios sin cebolla dile. tu dile que te los mande y yo le pago orita que llegue el chino. pues que no mame ni que no lo fueramos a ver mañana tu pide lo que quieras pero ya sabes que tu pagas. La verdad es que me siento anestesiado y no quiero pensar en ti, en que cuando sonríes se abre el mundo como una herida cruel y terrible, como si una grieta se tragara lo que hay alrededor tuyo y no me quedaran ganas de correr atrás de nada como la Alicia en el país de las que chingados estas haciendo te dije que las de arriba primero. se me antojo una coctelito con harta salsa y unas tostaditas con mayo pero el cabron de chano los tiene bien caros. nomas ai que chiqitearselos invitar a una reinita y traerla a las de aca cortita y darle unos buenos besos nomas dile que no pida ostiones. En verdad que no entiendo nada de lo que pasa alrededor, es como ver una película malísima. Quizá si fuera una de Godart no estaría tan mal, al menos pensaría que los diálogos son importantes, pero en esta cotidianidad el mundo se deslava de tan aprisa que va y quisiera quedarme un buen rato contigo sin decir nada. Me canso de hablar porque no digo nada importante, no hay nada qué añadir, está dicho ya lo que hay que decir y tú no te dignas a aparecerte y encima del estaba el chufas jajajajaja y le hacia como perro el cabron jajajajaja y entonces se le trepa con un trapiador y nosotros nomas cagados de risa (lo cuenta muy bien, con una insolencia deliciosa y gesticula como el mejor de los actores del teatro pobre; además de la simpleza está el gusto con que lo cuenta, lo que lo hace aún más divertido) y el otro sudando como marrano arreeeee jajajajaja y le daba unas nalgadotas y empezo a chillar y nomás decía ya no por favor por favor y a mí la tristeza escurriéndoseme como saliva por la boca del retrasado que nos miraba con odio reprimido, con una mirada casi diabólica y no, no puedo apartarte de mi pensamiento y entonces pienso en los poemas que leí hace poco y en que quiero aprender francés para leer a Budelaire y a Mallarmé aunque quién sabe, quizá lo haga también por esnobismo. Quiero verte y se convierte en una imperiosa necesidad y me hace gracia que digo "imperiosa necesidad" en vez de decir que se me cuecen las habas por estar contigo o que muero por tenerte al lado y que soy un monito desesperado por tocarte la cara y besarte los labios ya le dije quel señor no esta anda en abastos llega en un rato si quiere esperarlo ai o como quiera carajos (y yo interrumpo haciendo gala de mis buenas maneras: le repito, señor, el dueño en serio no está, está en el mercado de abastos. No sabemos a qué hora vaya a regresar, pero tiene que estar aquí antes de las 10 para hacer el corte y pagarnos, si gusta puede esperarlo ahí adentro o puede dejarle algún recado y nosotros se lo pasamos. Por supuesto, en cuanto llegue yo mismo le digo. No, de qué, que pase buenas noches, igualmente) aii que hijo de la chingada quien te viera (a mí me dio miedo mi propia imbecilidad, pero parece que no le importó o que pensó que estaba jugando) donde aprendiste todas esas cositas jojojojo pero si hasta te dio las gracias ps viene seguidon cada semana yo creo. Yo creo que debería irme ya a buscarte a donde sea, que es preferible que esperarte estático en el infierno mismo que es tu ausencia. Siento que nunca voy a hallarte, ya sabes, mi natural dramatismo, mi necesidad de llegar a los extremos para sentirme más vivo, menos muerto o más o menos aturdido en vez de completamente pasmado no te quedes ai parado! chingado ya se cayo una caja como seras pendejo. na no le paso nada pero pongase verga dices que vienes de la trini? yo ai tengo unos compas de que lado jalas tu aaa pues la mera verdat no a ese lado yo ni lentro pues el marras no lo conoces? es un cabron prieto prieto como cochambre. Salgo a buscarte, quiero verte.

lunes, 25 de enero de 2010

La muerte de un bombero.

No se puede vivir del amor, ya lo dijo Calamaro y por eso es que resulta tan sorprendente mirarte caminar por la calle tan despreocupada, tan ligera y tan jodidamente perturbadora. Quiero pensar que no tiene la menor importancia, que aunque quiera regalarte las muescas de mi libro no importa porque no tengo ni idea de quién eres. ¿Qué voy a hacer con tu cabello rizado?

Platicaste con los bomberos y no tenías idea de por qué, simplemente te sentiste impelida a entretenerlos. Pensaste por unos momentos que los retenías, que no dejabas que hicieran su trabajo y que por eso en algún lugar se propagaba un incendio de dimensiones apocalípticas. Pero luego pensaste que era tonto. Sin saber cómo empezaste a hablar de la libertad, que es como un ave de brillante plumaje pero que termina siendo un Ícaro cualquiera y más raro aún, les hablaste del determinismo y después de Comte. Ellos te miraron tan extraño, como si fueras un bicho al que se siente feo aplastar y tú entre más decías, más triste te sentías. Niña, cómo se te ocurre. Ellos sólo vieron a una mujer joven acercándose a ellos y por supuesto que te miraron con lujuria y te desearon porque tienes ese andar provocativo que es imposible de tolerar sin sentir una punzada en la entrepierna. No sé, a mí se me figura que es como admirar un ídolo, algo que es imposible tener. Tu belleza desespera, urge, y no te das cuenta o no quieres o te vale madres. Así que imagínate su sorpresa cuando te dirigiste a ellos. Dos bomberos recargados en la reja, con sus playeras blancas y pantalones azul marino, mirando pasar los carros por Zaragoza y Ocampo. ¿Estabas triste? ¿no tenías nadie con quién hablar? Dijiste que más bien te sentías perdida, pero eso no lo entiendo, ¿perdida dónde? En esta ciudad. No te sientes dueña de tu voluntad y no creo que alguien en verdad lo sienta así, tan absoluto como tú lo quieres. Nada nos pertenece aunque hagas berrinche, nada nos pertenece porque no hay nada que pueda pertenecernos. Es como si quisieras que el viento fuera tuyo o que el agua no escapara de tus manos. Me preguntaste que por qué hacíamos lo que hacíamos, que qué sentido tenía vivir y yo sin siquiera un remedo de respuesta. Me contaste la historia que te contaron. Otilio, el bombero del año, se colgó del camión porque iba lleno y no podía esperar a otro viaje. Fue en el gran incendio de la Kellog's, en el 2006. Otilio sintió el viento en la cara y lentamente se resbaló, como si hubieran puesto una película y le hubieran puesto pausa y luego reproducir. Lo miraron por el espejo retrovisor, pero ya era un bulto contra el suelo y un carro lo atropelló y entonces era Otilio. Se armó de lo lindo, era el consentido del capitán y todos lo querían y el tipo del carro no se la acababa. Fue todo un accidente, concluiste, pero tenían que culpar a alguien de algo sobre lo que nadie podía ser culpado. Fue una casualidad, una tontería. Qué manera tan pendeja de morir, pensaste, pero no les dijiste nada y los miraste con tu mirada más triste y fue más de lo que pudieron soportar, voltearon a ver al interior y te dijeron que les hablaban. Escuchaste el sonido de la reja al correrse y te quedaste un rato ahí, sola, perdida y triste. No me pudiste decir por qué, sólo que la vida a veces te parece algo insoportable.

sábado, 23 de enero de 2010

Algo siempre se me olvida.

Olvidé mencionar algo y es importante hacerlo: escribo por vanidad.

Cuento para la tarea de Ade.

Escribir me cansa y me desilusiona un poco. Por más que hable o escriba sé que nada va a cambiar, que no soy parte de un "algo" intangible y misterioso. Me falta el genio para ser buen escritor y la sensibilidad para ser por lo menos interesante. No sé en realidad por qué escribo, pienso que es más bien una forma de entenderme o quizá sea solo ocio o un pretexto para fundamentar mi existencia, para pensar que tengo algo que hacer. Ahora mismo se me ocurre que vivimos en la era del reciclaje y el desencanto, que como sociedad estamos cada vez más segregados, más lejos del hombre o la mujer que se sientan a nuestro lado. Me lo explico así, y lo pondré a riesgo de parecer tonto y pretencioso: en las décadas del 60 y 70 el mundo se embriagó de ideologías y de placer por las mismas. Los 80s fueron la década del sueño después de la borrachera, el mundo se aletargó y ahí fue donde no la dejaron ir, donde todo empezó a dejar de ser importante y donde la tecnología empezó a suplantar la necesidad de conocer al otro. Los 90 fueron la resaca y el malestar. Y ahora nada más reciclamos todo eso, lo hacemos un pastiche sin ton ni son, una barroquismo idiota, la sobre información que derrota al simple conocimiento. Y nos sentimos orgullosos de nosotros mismo y nos complacemos en ser unos robotcitos imbéciles. Estamos cada vez más muertos y no hallamos la salida. Pienso que los movimientos sociales actuales son interesantes pero que de ningún modo son la solución. El mundo está enojado y se estanca en su enojo porque no quiere admitir que está enojado, que no hay nada que nos llene, que nos rodea el vacío y que nunca fuimos tan conscientes de ese vacío y por eso mismo no lo nombramos, nos acomodamos en utopías y en la falsedad de que vamos para adelante. Ya lo dice Fadanelli, no todo cambio es bueno, esa es una idea boba. La verdad es que vivimos en una nueva especie de barbarie (otra vez Fadanelli), somos primitivos pero hay una máquina para limpiarnos el culo (y si aún no la hay ya la habrá). La verdad es que yo creo que no hay solución, y si la hay yo no la conozco. No soy pesimista, todo lo contrario, pienso que lo único que nos queda es dejar pasar el tiempo, subirnos a la ola, cada quien desde su trinchera tratar de salir a la luz y vivir en paz con la humanidad, dejar que la humanidad se auto destruya para empezar de nuevo. Porque la maquinita de destruir no la vamos a parar, y no porque nos falten ganas sino porque somos nosotros mismos, fatuos seres en estado de descomposición. Como sea, no creo que deje yo de escribir ni de hablar, después de todo no hacer nada tiene su encanto.



“Hoy tengo miedo de salir otra vez, tengo miedo de encontrarte como aquella vez. Los nervios me traicionan, me derrota el estrés, se que puedo arrepentirme después. Hoy tengo miedo de salirte a buscar, tengo miedo de poderte encontrar...” La historia es como de esas historias que se repiten hasta quedar en nada, hasta ser un recurso manido (como ese de ponerle a todo una luz crepuscular para dar una sensación de velada melancolía, cuando en realidad el ocaso invita más a la euforia que a la calma y a la reflexión) so pretexto de no querer contar algo en particular, sino tratar de abarcar algo que va más allá. La introducción se antoja necesaria porque quizá sea la historia por sí sola bastante absurda y poco creible; sin embargo a mí me consta que sucedió y nada puede hacerse al respecto. La conocí en una librería y ya para entonces usaba su casco de aluminio, lo que le daba una extraña apariencia de ser una astronauta a medias, pero más que cualquier otra cosa, daba la sobrecogedora sensación de estar perdida. Así, como si caminara sin ir a ningún lado o como si fuera a algún sitio secreto, ignoto para el resto de la humanidad. Pienso que es más bien lo segundo, sólo que le costaba trabajo encontrar el sitio al que quería ir, tan nítido y claro en su cabeza, tan borroso y confuso en la gran ciudad. Esa primera vez no le hablé aunque a mí me dieron muchas ganas de hacerlo. Compré un libro de Cioran, el primero, mismo que luego de su lectura me dio dolor de cabeza porque entendía bien poco y me esforzaba en entenderle, y me fui a casa con la imagen de esa jovencita con cara de perdida. No sé por qué, pero insistí mucho en hacerla que se pareciera (al menos en el concepto) a alguno de los niños perdidos de Barrie. Luego todo se fue dando como agua corriente, hablarle fue como abrir una llave. Le encantaba platicar y a mí me encantaba escuchar sus historias, las más de las veces fantásticas, historias sobre aparecidos y princesas que se reflejaban en la luna y que se casaban con hortelanos guapos e inteligentes y unas muy muy extrañas sobre asesinatos. Era increible el nivel de detalle con que describía los cuchillos brillando a la luz de una farola, los gritos y la sangre escurriendo por sobre los cuerpos aún tibios. Lo más raro era que decía que esos no eran inventos, que los había presenciado. No le creí. La primera vez que la invité a un helado se negó, dijo que no podía porque tendría que quitarse el casco y yo le dije que se lo quitara sólo un ratito. Al final accedió y pidió uno de pistache. Platicábamos sobre cuentos más que nada y yo le di a leer a Hinojosa y a Villoro. Me dijo que no iba a la escuela y yo le pregunté que cómo podía ser posible, que qué edad tenía. Me respondió que 16 ya, lo que me sorprendió. A mí por ese entonces aún me gustaba mucho ir a la escuela y trataba de hacerle entender esta o aquella corriente filosófica (después descubrí que era una estupidez), pero su simpleza rebatía todos mis argumentos. Empecé a llevarla a casa y comíamos de lo que quedaba. Era sorprendente que podía pasarse el día entero sin comer y cuando comía comía muy poco, algo de sopa y un poco de guiso. Lo que comía más eran tortillas. Luego vino la mudanza, nos cambiamos de 16 de Septiembre a Ezequiel Montes, y aunque no están muy lejos la una de la otra, no pude volver a verla. Pasaron un par de años y la volví a ver. La adiviné más bien, ya sin casco, caminando por Madero una mañana soleadísima, cegadora. Estaba jodidamente hermosa y no me atreví a hablarle, así que me cambié de acera, hice como que iba leyendo y alguien me tocó el hombro. Era ella.


“No todos son tan malos, no todo está mal, no todos son villanos queriéndote matar. No todo está perdido ni se va a acabar, la vida es un picnic”. Puse un poco a Fobia porque el nombre me encanta, me parece un nombre genial para una banda y aunque no pienso formar una, si hubiera tenido una hubiera tocada el bajo y así se habría llamado. Durante tres años alguien me persiguió, lo miraba en las esquinas o saliendo de la escuela, cuando sacaba mis llaves y a veces desde mi ventana. Me seguía a todos lados y las primeras veces me dio mucho miedo porque mi mamá decía que había muchos locos sueltos por ahí, pero al cabo de unos meses intenté hablarle y preguntarle qué quería. No quiso hablarme, cuando me acerqué se echó a correr. Los primeros días era muy molesto, ya sabes, sentir la mirada pesada en tu nuca, como si fueras cargando algo pesado y después sentirte invadida en tu intimidad, tener miedo de desvestirte y de hacer del baño o de estar en lugares cerrados. Luego ya se hizo normal y pues como que me acostumbré. Creo que fue al año que empecé a usar mi casco. Era un casco muy bonito que le robé a un primo, uno de esos de realidad virtual. El niño berreó como si lo estuvieran matando, pero yo soy la consentida de mi tía y además creo que estaba harta de que su “muchacho” estuviera todo el día enchufado al aparatejo, así que pienso que fue un alivio para ella. Lo de que era perseguida nunca nadie me lo creyó, se lo dije primero a mi mamá y después a mi papá y después a todo mundo, a señores que me hallaba en la calle. Pensaron que estaba loca y me vino bien eso, los locos no tienen que hacer nada y de repente era libre de hacer lo que quisiera, escuchar música a todo volumen, no ir a la escuela y caminar por las calles sin que nadie me molestara. Mi mamá quería llevarme con un loquero y sí fui dos veces, pero a la segundo le mordí la mano tan fuerte que sangró y ya no quisieron llevarme. Mi mamá dijo que se me pasaría, que quizá era la edad o un “desajuste hormonal”, pero bien sé que no es cierto. Mi papá me miraba con sus ojos café oscuro y me decía: “ya, por favor, regresa”. El que me seguía no opinaba igual. Luego fue cuando conocí a Chuy. Lo conocí en una librería. Las librerías me gustan porque están siempre frescas y huelen rico. Platicábamos un buen rato y me invitaba helados, que era un poco enfadoso porque había que quitarse el casco y no me gustaba, el casco me protegía. Iba a su casa a veces y hablaba mucho. Yo sabía cuando él quería hablar, se sentaba, echaba la cabeza hacia atrás y suspiraba. Era mi señal para callarme y le preguntaba qué tenía y él decía que nada, pero luego se soltaba, como si le dieran cuerda. Usaba muchas palabras raras y hablaba de un montón de gente que ya se había muerto y de las cosas que habían dicho o escrito. Yo le decía: pero si ya están muertos, déjalos descansar en paz. Me gustaba mucho platicar con él, a veces hasta pienso que sí me creía eso de que era perseguida. También me prestaba libros y eran muy divertidos. Recuerdo mucho los de El pequeño Nicolás, que escribió un francés de nombre impronunciable. Como dos semanas no fui a su casa porque me puse mal y cuando volví a ir ya no estaba. No quise salir en un buen rato y me quedaba en mi cuarto y tenía pesadillas donde mi perseguidor crecía millones de metros hasta convertirse en un monstruo como los de los Power Rangers. Despertaba muy asustada y miraba por la ventana, pero no había nadie. Después nosotros nos mudamos a Tepic. Estaba muy feliz porque pensé que mi perseguidor no me seguiría hasta Nayarit y pasé la primera semana feliz, pero un miércoles volví a sentir su mirada clavada en mi espalda, como un cuchillo o una lanza o no sé y me dio muchísimo miedo. Esa noche lloré hasta que amaneció, enojadísima porque no podía hacer nada. Empecé entonces a dejarle notitas. Las dejaba en los huequitos de las ventanas, las dejaba caer cuando iba caminando o encima de los botes de basura. Le pedía que por favor me dejara en paz, que yo no le había hecho nada y en otros muy enojada que se fuera a la chingada, que qué quería. Usar el casco en Tepic se hacía cada vez más insoportable porque hace un calor del demonio allá y sudaba a mares. Un día me fastidié tanto que lo agarré y lo azoté contra el suelo de la plaza. Todos voltearon a verme asustados y yo me fui corriendo y llorando. Desde ese día mi perseguidor se esfumó, se fue como había llegado y yo quería regresar a Querétaro, más que nada para ver a Chuy y mi papá se negó y me metieron otra vez a la escuela. La escuela era muy aburrida y presenté exámenes de revalidación y me pusieron en quinto semestre aunque había hecho nada más hasta segundo. Cuando terminé la prepa le hice tal berrinche a mi papá que tuvo que dejarme regresar a Querétaro. Entré a Nutrición y los primeros meses me dediqué a buscar a Chuy sin éxito. Hasta que un día iba por Madero y lo vi, venía caminando en sentido contrario a mí. Me dio mucha alegría volverlo a ver. Estaba igualito, con su aire de preocupado y distraido al mismo tiempo, arrastrando un poco los pies. Estoy segura de que me miró, hasta parecía asustado, pero se cambió de acera y tuve que seguirlo media cuadra. Qué bobo eres, le dije y él respondió: Hola y sonrió como tonto, como siempre lo hacía.

Entonces empezó una relación que tiraba a lo raro. Nos veíamos dos o tres veces a la semana y tomábamos helados de pistache y carlota. En mayo la atropelló la 70 y duró tres días en el hospital, después... el vacío.

No sigas.

Sólo quiero agregar algo y no es mío, es de B. Traven: "Cuando las palabras no están escritas con sangre en el alma de los hombres son tinta muerta, palabras vacías". Creo que no va así textualmente, pero aparece en el libro de Rosa Blanca. ¿De que sirve, pues, hablar tanto? Como dijo Fadanelli: "las palabras sólo pesan en la literatura, en la vida diaria lo que importa son las acciones". Pero no sé qué hacer.

Tengo miedo de salir.

Pues mire usted joven, yo me llamo Franciso Romero y mi oficio es el de ladrón. No soy como esos chivatos pendejos que andan por ahí cargando sus pistolitas y navajas oxidadas, yo soy de etiqueta, le pongo empeño al oficio y la verdad es que me va bien. Dese cuenta de que ya es invierno y la gente anda muy enchamarrada, llenos de cositas y bobeando, todos cachetitos y chapitas. Pero la cosa en los barrios está cabrona, la gente pobre no tiene con qué taparse y se calan hasta los huesos los desdichados, nomás los ve uno tiritando y castañeando los dientes. Dan una pena que para qué le cuento. Ya sé que usted está leyendo a Pasternak y que el invierno le parece una cosa muy bonita y harto poética y esas idioteces que sólo a usted le importan, pero diría yo que es un acto de puro egoísmo. Pues no hay que andar pavoneándose de las lecturas, pues. No ande hablando de revoluciones y de la imposibilidad y la inutilidad de las mismas, la gente no quiere más que les hablen, están ya todos hasta el gorro de tanta porquería, tenemos ya bastante con el pendejazo de nuestro señor presidente de la puta mierda y todo su gabinete de ratas gigantescas. Y no lo digo por el gigantesco de Carstens, sino porque son unas ratototas, nomás roban los hijos de la chingada y la verdad la gente ya está bien emputada, pero qué quiere que hagamos, no sabemos qué hacer, cada quien quiere jalar para su propio lado, llevar agua para su molino. Usted dice que no, que debe de haber unidad, que la conciencia social, que no es utopía (a mí me está cayendo gordo que use esas palabritas, como que lo hace para dárselas de listillo) y blablabla, pero yo le digo que no es utopía, es una pendejada nomás. Cómo quiere que haya conciencia social si ya no hay ni sociedad, digo yo. Todos están buscando su propia salvación, a nadie le importa el vecino y eso de juntarse para proteger "la soberanía de este país" no es más que una pantalla para ocultar las ganas de salvarse. Nadie hace nada por nadie, se lo digo yo. Qué carambas, pero que ingenuo es usted y ahora permítame usar una palabrita que aprendí en la secundaria: qué cándido es. Hasta da ternura. Si yo no pienso que seamos hijos del diablo, más bien no somos hijos de nadie ya. No tenemos un padre o una madre en común, estamos preocupados por tragar, pues qué chingados, si ni que fueramos a vivir de buenas intenciones y de ayudar al prójimo. Cuando gruñen las tripas el prójimo importa para pura chingada. Usté dice que hay que unirse todos bajo una misma bandera y yo le digo: pero qué pinche bandera, si no la necesitamos, vivimos todos bajo el mismo cielo y eso alcanzaría para todos. Y sí está muy bien eso de unirse pero primero hay que llevarse algo a la boca. Uno no puede pensar si no tiene la barriga contenta, usté porque no se las ha visto negras, por eso puede andar hablando y diciendo, pero a los de abajo no nos importa la libertat ni ninguna de esas palabras, no sabríamos que hacer con ella, pues. A nosotros lo que nos importa en verdad es la papa. Es más, le propongo algo. Vamos aquí al mercado, al cabo nos queda a tiro de piedra. Agarramos a un cabrón, al que usté quiera, al más jodido y le decimos: mira, muchacho, te vamos a dar un pedazo de pan todos los días sin que tengas que hacer nada, pero no vas a poder trabajar en nada. Seguro que el cabrón acepta pero enseguidita, si no es pendejo. Ya empieza otra vez con los gobiernos. ¡Que no, chingado! No necesitamos cambiar el sistema ni ninguna de esas mamadas, pero qué cabeza más hueca tiene usté, ¡lo que se necesitan son huevos! Y bien puestos, que cada uno se ocupe de sus asuntos, que esos hijos de su puta madre de los catrines se pongan a trabajar en lo que su chingada gana se les de, pero que dejen en paz a la gente. Qué puto coraje cada que hablan y dicen que vamos 'pa mejor, que estamos saliendo. Y sus putos comercialitos en la tele, ¿pero qué de veras piensan que somos tan pendejos? Hasta ganas dan de romperles el hocico a todos, como al ese pendejo de Berlusconi. Que dejen de chingar y nos dejen trabajar, eso es todo, que saquen sus narices de nuestras casas y nuestras carteras. No se burle, cabroncito, soy ladrón, pero honrado. Cómo será pendejo, si yo no robo al barrio, robo al rico, así como el Robin Jud, y luego me lo gasto en los mercados, en los puteros o así y el dinero va a dar a la gente que sí trabaja. Es que lo que usté no entiende, ¡pero qué cabeza más pinche dura!, es que siempre va a haber un hijo de su puta madre que le quiera pasar a uno por encima. En todos lados hay un cabrón, o una cabrona, así y esos son los que nos tienen jodidos. Con una chingada, de veras que no entiende. No necesitamos nuevas ideologías, no necesitamos que vengan a iluminarnos, que nos digan cuáles son nuestros derechos, esos los conocemos ya y no porque lo diga su pendeja constitución que no sirve 'pa nada, los conocemos porque así funcionan las cosas, nomás por sentido común. No, todos los gobiernos son la misma mierda y si triunfa la revolución que usted dice nos van a poner a unos nuevos cabrones igualitos que a los otros, nomás llegan arriba y se acaba todo lo bueno en el hombre, se muere uno por dentro. Pus como no, imagínese que tiene que cuidar de millones, pues cómo chingados, ni que fuéramos dioses. Y entonces se hacen de la vista gorda, cómo cree que van a soportarlo si ahí está lo bueno. Entienda que nadie jamás va a renunciar a la comodidad, ni por sus hermanos. Los hombres no son hermanos, chingados, si tienen que competir por la comida y entre más juntes pues más chingón, menos de qué preocuparse, hermanos mis huevos. Si cada hombre viviera como hombre y no como bestia no necesitaríamos putos gobiernos. Que cada quien trabaje, que se gane el pan con el sudor de la frente, que deje de preocuparse por el prójimo que es lo mismo que estarlo chingando. Llévese sus libros, ande a predicar al desierto como Jesús, pues si nada más eso le falta.

El carbón me voló la cartera. Ya no puede uno confiar en nadie, qué carajos.

miércoles, 13 de enero de 2010

Pralaram y más pralaram.

Viene a hablar conmigo como si fuera a quitar un lugar que tú solías ocupar para poner en vez tuyo una imagen de cera o un muñequito vudú. Quisiera por una vez tener algo en claro y no pensar en tanta idiotez. Mi pensamiento se desliza suavecito por sobre tu imagen (me pregunto por qué demonios siempre hablaré de imágenes) y me permito la tontera de recrearte. Tendrás que disculpar ese defecto mío de la nostalgia por las cosas que nunca pasaron, por las cosas que prometimos cuando sabíamos que no podríamos cumplirlas, pero que montados en el éter de ese momento se sentían tan bien. Pero lo más seguro es que no tengas que disculparme nada, ahora que no me hablas y que estás tan lejos como Machu Pichu o la nebulosa de Orión, que para el caso da lo mismo. Hay días que me da por querer creer ese anuncio de los discos viejitos, que recordar es vivir, pero yo no puedo, recuerdo y... nada, apenas consigo evocar ciertas cosas y luego pienso que sería tonto vivir en el pasado (aunque jale como una ola). Me suelto a reir y a tratar de descubrir el hilo negro de lo que pasó y caigo en la cuenta de que no hay tal cosa porque no pasó nada. Un perchero donde colgaste tu sombrero de verano, aunque no uses sombreros y haya durado más que un verano. Qué triste y qué risible es.

viernes, 8 de enero de 2010

No mires por la ventana.

Es fácil: no me acuerdo. En serio, no sé cómo es que pasó. Debió ser que estábamos solos y que había pasado el chavo del periódico gritando: ¡no se murió! ¡no se murió!, aunque en ese momento no entendimos que se refería al tío y nosotros en la boba, pensando en cómo limpiar la sangre. Pensamos en el trapeador y me dijo: no, ése no se desmancha con nada. Pues lo quemamos, le dije yo, y él dijo que bueno. Limpiamos con el trapeador y una cubeta azul. Echamos montones de agua y no sé a santo de qué dijo que no había nada de qué preocuparse, que estaba ya solucionado. En ese momento pensé que era cierto y pude respirar y sentí cómo un peso se me quitaba de encima. Me sorprendió mucho poder respirar, hasta entonces apenas si lo hacía tratando de hacer el menor ruido posible y una roca gigantesca me oprimía el pecho o quizá era la mano de algún gigante, como ese que leímos en la primaria, Gargantúa. Después es cuando no recuerdo. No sé si lo sugirió él o si fui yo o si se prendió por accidente cuando quemamos el trapeador (que sí recuerdo que fue él quien lo hizo). Pienso que era inevitable, que eso era necesario en ese momento particular, que era necesaria la llama para iluminar la habitación, el refulgir en las paredes como sombras danzantes, que eso tendría un efecto sedante y puedo imaginar (o reconstruir) la imagen de su cara iluminada por ese fuego dulce y gentil. Porque así debió ser el fuego, cálido, amable. Entonces es cuando vuelvo a recordar, cuando me toma de la mano y me dice: ya ni modo. Y yo asentí porque me pareció tan normal, tan una imagen recurrente. Las sombras se deslizaban y por un momento se me ocurrió que podía ser que la luz viniera de afuera y que pasara a través de la cortina ondulante, que la fogata al interior fuera una antorcha, casi como si fuera la antorcha olímpica, ese fuego que nunca se apaga pero que luce de algún modo artificial. Supongo que nos quedamos ahí un buen rato porque la llama estaba casi extinta cuando salimos al aire frío de la noche, al cielo limpio y estrellado. No estaba tan oscuro, la luna estaba en cuarto menguante y el cielo no era negro, más bien azul marino. El olor que quedó impregnado en mi nariz me llegó de golpe hasta que estábamos afuera, me asaltó como un mazaso, como la cuchillada de un violador (que en lo personal ignoro cómo sea, nunca me ha acuchillado un violador, pero un día lo leí y me pareció muy dramático) y me dio muchísimo asco. Es como si hubiera estado en una carnicería entre montones de animales abiertos en canal y de repente un montón de humo llenara la carnicería, porque no olía a carne asada, olía a carne ahumada. Creo que vomité pedacitos de pizza aunque también puede que sólo haya vomitado puro jugo gástrico porque había comido muy en la mañana, antes de salir a la casa del tío. Me quedó un sabor muy amargo con un dejo casi metálico que me dio más asco y me limpié con la manga de la sudadera y restregué mi lengua sobre la superficie rasposa de la tela. Ya ya, se acabó y no hay nada qué temer, me dijo como si se lo dijera a un insecto que estuviera atrás de mí o sobre mi hombro. A lo mejor a una sombra. Sacó una cajetilla y me ofreció, pero dijo enseguida: ah no, verdat, que tú no fumas y yo negué con la cabeza. Encendió uno y entonces pensé que estar ahí era como ver las cosas a través de las volutas de humo de un cigarro, como si un fino velo cubriera todo. Volteé a la casa y las ventanas estaban empañadas y me dieron muchas ganas de subir y escribir algo sobre el vidrio frío, quizá un poema o una dedicatoria ("Héctor, te dedico este artero crimen para que sepas lo mucho que te quiero" o "Héctor, aquí dejo constancia de que en mis fueros internos muero por ti", aunque Héctor es tan imbécil que jamás lo entendería). Me jaló y tuve que dejar por la paz lo del poema y lo seguí por las callecitas estrechas, sintiendo que escapábamos muy a lo El Padrino o en alguna película de gánsters o como el video de la canción de "la noche que Chicagoooo se murióóóó" aunque esa canción la detesto. Sentía que iba como flotando atrás de él, como si me atrajera con un enorme imán. En realidad iba de su mano y me tironeaba, sobre todo en las esquinas, pero yo sentía que fluía en vez de caminar, como si me fuera cargando. Apúrate. Pero por qué. Tienes que llegar a tu casa. Bueno. Y llegamos a mi casa y mi mamá salió asustada y me preguntó: dónde estabas, métete, ándale y yo me quería despedir, decirle que esa había sido la tarde más emocionante de mi vida, pero mi mamá no me dejó y lo miró como si mirara a un perro con sarna. Intenté decirle muchas cosas con la mirada, pero no creo que haya podido porque él volteó la cara y echó a caminar bajo las farolas, perdiéndose en la negrura de la contraesquina, por donde está la casa con balcón y macetas.

Esto no requisa de ninguna introducción y sé que lo entenderás pero que no te gustará. O quien sabe, a lo mejor ninguna de las dos opciones.

Lo evité tanto como pude, pero a la luz de las circunstancias no podía pretender más. Lo evité para tener menos tiempo para pensar, porque tengo la manía de postergar todo hasta lo imposible y aunque es cansado, a veces vale la pena por la recriminación, por los telodije, para eludir a toda costa concentrarme en algo particular, como que te conviertas en algo concreto, tibio y doliente. En parte para evitarme el sufrimiento del deseo de matar, de aniquilar lo que no pido y das, no porque no lo quiera, sino porque no sé qué hacer con ello. Y esperar es como una línea infinita, un desarreglo o una pila de libros sin leer. En parte para no darme en la frente con la desazón de mi poder aparente sobre ti porque no quiero tenerlo porque me enfermo de él y me vuelvo el más tirano, el más egoísta, el más grande HijodelaChingada (venga, Paz, retuércete) y no quiero eso. No tanto porque sea bueno o considerado, sino porque al dañarte me daño a mí mismo, te protejo de mí para protegerme, para no acabar vulnerable y expuesto con las tripas de fuera. Para que no llores y no estés caliente en la noche y evito abrazarte porque me prendo y vale madres todo, todo con nada, chocolatito con pan. Tienes mi parte más dulce, más desprotegida, más onda y circulante (como los billetes) y no pienso decírtelo porque sería aprovecharme, estira y afloja etece y la furia de la inconsecuencia: te quiero pero no ahora y tú no te plantas y me dices: vete a la chingada, culero, que es lo que merezco, te reblandeces como caramelo, te vuelves un poco moldeable unoveloquequiereverynoloquehay y puedo crear un monstruo medusesco o disneisesco. Todo esto en perfecto orden, sin recurrir al caos ni a la malicia. Pralarampampam.

Cartita llena de sentimiento de un ex-novio ardido a una ex-novia que se tira a la humanidad.

No me vengas con esa mamada de que no te importa la imagen, que la estética te importa un pito, que tu cuerpo es sólo un envase. No te creo para nada, la mentira en tu boca siempre es un adorno ostentoso. Y si lo dices en serio, reponde entonces: ¿por qué usas esa ropa? Si no te importa la estética, ¿por qué aprietas tanto tus carnes fofas en un intento malogrado de que no se te vea la lonja? Tampoco es comodidad, no imagino lo que duele la presión ni el pedo de circulación que vas a tener con el tiempo y no creo que esa ropa te guste ni que la uses porque quieres hacer lo que te de la gana o que no quieras hacer "gastos superfluos" (que el dinero no te falta). Te importa cómo te ves, claro que te importa, te gusta que los hombres te verdeen, enseñas tus piernas con celulitis y caminas como puta, regodeándote, sintiéndote híper deseada aunque a mí me causas náusea. Arguyes (¡arguyes!, qué sarta de imbecilidades dices) que no te importa lo que pienso, que te vale madres lo que digo. Pues guácala. Aunque aún queda algo: el resentimiento tibio, burdo, estúpido...

Ya nos volveremos a ver las caras...

A veces siento que me estoy volviendo loco. Los síntomas, o los indicios, son vagos y como no soy ni siquiatra ni sicólogo, dudo que pueda determinarlo a ciencia cierta, pero ahora pienso que nada puede ser determinado a ciencia cierta. Me pasan cosas raras. Antes pensaba o imaginaba cosas malas (o que en ese entonces consieraba malas) o "enfermas", como mucha sangre y cuerpos destazados y gente llorando y la imagen ésta de un ser oscuro, como un demonio enorme que dominaba todo el cuadro y sonreía malignamente o imágenes de caos y destrucción, de imaginar miles de guerras o muertes sencillas y eso me causaba cierto placer morboso y creía yo que era un indicio claro de que estaba loco. Pero ahora pienso en eso cada vez menos y me siento más fuera de mi propia órbita. Por ejemplo, ayer me acosté en la cama de mis papás y me quedé como pasmado. No podía moverme y era como si estuviera dormido pero no estaba dormido, estaba conciente de que eso sucedía e intentaba moverme y no podía, quería despertar y no podía y al principio sentí mucha angustia, mucha pesadez, pero luego ya no me importó y llegué a pensar que podía estar muerto. Creo que es eso lo que me tiene frito, que antes solía imaginar las muertes de los demás, de mi familia y amigos y entraba en un estado de angustia superlativa y me sentía perdido y me daban ganas de llorar. Ahora imagino que soy yo el que se muere, lo imagino con frecuencia y pienso: pues es inevitable, ya ni modos y consigo algo de, digamos, solaz, en imaginar que los demás lloran porque me morí y esas estupideces aunque al cabo de unos momentos algo dentro de mí se rebela ante mi pasividad frente a la muerte y todo hace crac, siento como si por dentro fuera yo un andamio o algo así, una estructura alta y delgada y que colapsa para quedar en ruinas y pienso entonces: "I cannot wait to see the day when we are all dead" y me pregunto por qué chingados pensaré en inglés, pero a veces pasa. Difícilmente puedo pensar con claridad en algo concreto, pienso en miles de cosas al mismo tiempo, que viene a ser como no pensar en nada y siento que lo que me rodea, el mundo o la realidad o lo que sea, es algo lejano, que no me sucede a mí, que estoy dentro de un cuerpo que no es mío, que soy un vil y malsano observador, que miro, pero no vivo. Es como si le sucediera a alguien más y yo tuviera que darle cuenta de lo uqe pasa, contarle en las noches "hoy pasó esto y lo otro" o cosas así. Y entonces vuelve la eterna pregunta de quién soy, y me da por pensar que todo se está yendo al carajo sin que nos demos cuenta o que sí nos damos cuenta pero que no nos importa o de repente me asalta la sensación de que no puedo aprehender nada, absolutamente nada, que soy como un perchero en el que colgaste tu sombrero de verano y otras siento que el mundo me entra por ósmosis, como el día que mi mamá me vio sacar la semilla de un aguacate con el cuchillo y dijo que a ella eso le daba mucha pena, que sentía que era como ultrajar o romper algo, casi como faltarle al respeto a la naturaleza y yo sentí que sí, que era ser cruel en exceso aunque el aguacate ya no sienta y pensé entonces en los señores que hacen tortas, que demuestran una habilidad envidiable en el arte de sacar las semillas del aguacate de un solo tajo rápido y preciso aunque hay que admitir que esos señores demuestran una habilidad enviadiable en todo lo que hacen. El chiste es que eso que dijo mi mamá me pareció muy importante, sumamente importante, no sé por qué y el pensamiento me persiguió por días y miraba la cara apenada de mi mama, com si sientiera mucho pesar cuando la semilla salía de cuajo. Es tan simple la cuestión, el quid, como decía la maestra Rosy Guevara y yo lo complico, lo enreveso, le pongo palabras aquí y allá, adorno mi boca pero no digo nada, parloteo incesantemente para caer en la cuenta de que no es importante, que sólo son estupideces y entonces ¡plam!, el verdadero terror: nada es realmente importante. Qué carajos, lo que pasa es que soy demasiado susceptible.

jueves, 7 de enero de 2010

Camionero del mal

A veces tengo mis delirios de persecusión. Antes los tenía mucho más, ahora sólo de cuando en cuando. Siento una opresión culera en la nuca, como si alguien me mirara y su mirada pesara como concreto. Algo así como si Cíclope lanzara cemento de sus ojos rojos y ¡plam!, me cayera a mí en la parte de abajito de la nuca. Y como es obvio, volteo a todos lados como idiota hasta que me da una tortícolis fastidiosa o un calambre o lo que yo creo que es un calambre. Al otro día por lo general me duele un poco el cuello, como si hubiera mateado en un toquín, aunque no tanto (¡como a Tito! ¿Eres tú, Modphy?). Hoy venía de regreso en el guajolotero de las 4 pi em y el chofer platicaba con todos los que se subían. Agarraba las curvas con una temeridad atterradora, yo sentía que nos despeñábamos en cualquier momento. Mejor me dormí. Cuando desperté estábamos en Cadereyta. ¿Si ven que los autobuses tienen un foquito que indica cuando se sobrepasa el límite de velocidat, que creo yo es de 95 km/h? Pues el puto foquito parecía de árbol de Navidat. Pitaba bien culero y al chofer le valía madres y yo, paranoico y fatalista como soy, ya imaginaba los obituarios y las notas amarillistas en los periódicos. Entré en pánico, pues, y miraba a mi hermana que también estaba escamada y luego miraba la carretera (a mí me tocó la ventanilla) y la línea blanca parecía una víbora blanca gorda, me pareció sinuosa a mí, quién sabe por qué. Y luego me di cuenta de que no era la línea blanca divisoria sino la barda. Lo más cagado es que me da cada vez más miedo viajar, en camión o en lo que sea. Jeeeeeelp miiiii.

miércoles, 6 de enero de 2010

Chango mango narango que mierda es todo estoooo.

Todo es una gran broma. En el camión de regreso de la central a mi casa, la ruta 7, encontré dos hojas de libreta dobladas cuatro veces. Me pareció casi muy bien y lo reproduzco con la sintaxis y ortografía originales.

la verdad es que a mi me gusta ir tirando rostro en la calle, ir mirando a las nenas caminando meneando las caderonas y les chiflo a veces cuando estan muy buenas y unas son re mamonas y caminan como si nada las muy. pero a mi no me importa, tengo mi propia nena esperando cercas de mi calle y cuando me aburre ps salgo a buscar cualquier otra cosilla por hay me gusta entrar a las fiestas de los niñitos fresquitos me confunden luego con el que entrega las pizzas o el que lleva el pisto del matador. que pendejos la verdad me cuelo así nomas y veo a las nenas que bailan feo muy mal y hago por enseñarles les digo no no no preciosa que así no va y las agarro de las caderonas y saaamba pa ti les doi unos revuelos que pa que te cuento. luego si puedo les doy besitos en los cachetes y luego en la boca aunque casi siempre saben a cheve o a vodka o a tequila aunque eso importa poco el chiste es agarrar algo de carne. Quien sabe a mi me gusta colarme pues pero nunca nunca tomo de oquis siempre que dicen que pongan para las bebidas yo les doy aunque no sea mucho uno que otro billetón y a veces hasta me a tocado que el pisto es gratis palabra hay un chingo y nomas vas a las cajas y presta pa la orquesta mi hermano. hablando de mi nena pues un dia me dijo oye tu a donde vas siempre cuando no estas conmigo y yo le respondí pues a chinga ni que te tuviera que dar cuentas de mis pasos carajo quien te crees mi mamá? y nos peliamos pero luego ya le dije que no se creyera que me iba con los cuatachones a tomar una cervecita o a jugar por hay un partidito. como andes viendo otras viejas cabron me dijo y yo no no no como se te ocurre si tu eres la unica la que yo mas quiero y se quedo contenta y yo le di unos buenos bessos pues para no dejar. bueno el chiste es que ayer que iba apenas a una desas fiestas es quel Rodrigo me había dicho ese wey sabe donde hay fiestas en toda la ciudad palabra me subi a la siete no? ps para ir cerca del mercado escobedo. la agarré hay cerca del gigante y me sente hasta atras, iba una nena que si se las daba muy bonita blanca y asi flaquita, un poco chichona. y en un tope brinco la ruta bien feo y ella dijo los desquintadores y yo me rei por lo bajito aca nomas para mi y ella me vio y se rio tambien y entonces que empezamos a platicar. asi de la nada. me esplico que era cierto eso de que los camiones eran desquintadores que ella habia perdido la virginidad en un camion! ay caramba le dije pues que te violaron o que y ella se rio jajajaja y me dijo no, silverio no que en uno de esos topes una ves brinco mucho y yo iba hasta atras y cuando rebote me dolio muchisimo el area del coxis y de hay y empece a sangrar. juajuajua me rei y ella me dijo muy seria que era cierto y yo le dije no te creo, blanca eso no te lo va a creer el novio y ella dijo que se chingue el novio que es un pendejo. me cayo re bien, hablaba despacito y luego me dijo chiiiin ya se me paso la avenida cimatario y le dije hace buen rato y ademas la siete se va derecho no baja a cimatario y pues ya ibamos en paster casi en la alameda y dijo pues ya ni modo hasta donde vas tu y yo le respondi que cerca de la alameda hay por el mercado escobedo y ella y a que vas tu y yo le dije que a una fiestecita y no se porque pero le pregunte que si queria ir y ella dijo que bueno que si era de mis amigos o que y yo le dije pues es de unos conocidos. nos bajamos en la esquina de corregidora y nos fuimos riendonos por el camino y hacia un pinche frio de la chingada y ella me platico de un señor que se apeida Sabina que canta unas canciones que nombre, de lo mejor de lo mejor y yo le dije pues mañana busco en la alameda un disco del chango ese y ella esta bien silverio hay que escuchar de todo. ps si le dije y entramos en la fiestecita y nos besamos un rato y ya pues ella se regreso en un taxi y yo me regrese caminando como una hora hasta mi canton. que chinga con el frio y a blanca pues ni como localizarla no se su numero ni donde vive ni nada. que lastima con lo bien que no caimos.