sábado, 27 de febrero de 2010

Qué revueltas.

Yo ni hacía nada, me dediqué a mirarle los lunares de la cara, que no eran muchos, pero sí atrayentes y me agarraba el cinturón cada rato y lo apretaba o aflojaba dependiendo de si ella inhalaba o exhalaba y luego dijo que el rehusamiento y al principio no entendí, pero luego ya capté y me cagué de risa y ella también, aunque no estoy seguro de que se diera cuenta de por qué. Intenté por todos los medios posibles no pensar en que tenía correo que revisar y responder y lo más curioso de todo es que sostenía una conversación con ella y con su hija de cinco años, a quien me esforzaba por contarle un cuento. La niña me estaba platicando de que tenía un tortugo y le dije que las tortugas no tenían sexo y me dijo que no fuera tarado, que sí tenían, que todos los animales tenían sexo y esbocé una sonrisa (ya que andamos en eso de las imbecilidades) imbécil que pretendió ser complaciente pero que no pudo ocultar que era imbécil. Mi objetivo primario era, desde un principio, encamarme con la mamá, pero ésta se mostraba reacia a aceptar mis avances arguyendo la presencia de la niña y sólo me dejaba agarrarle la mano y fue entonces que me sugirió, la muy canalla, que le contara un cuento a su hija para que se durmiera ya que yo contaba unos tan buenos. Le juré que no sabía cuentos para niños y que me negaba a contarle uno de los hermanos Grimm o de Andersen. Pues invéntate uno, resugirió con vampiresca sonrisa, lo que interpreté como una invitación a mi objetivo primordial y por eso me esforzaba tanto en contarle un cuento a la susodicha párvula, pero ella insistía en enumerarme el zoológico y en contarme los azares y devenires de su tortugo, de nombre Margarita. De entrada creo que le caí mal a la niña, que de cuando en cuando dirigía miradas llenas de reproche a la mamá, misma que no se inmutaba en absoluto y seguía diciéndome de Proust. En mi vida he leído al señor Marcel, pero pretendí estar muy enterado asintiendo o preguntando alguna bagatela y ella parecía muy complacida y le dije que yo estaba leyendo a Spinoza y que lo hallaba dificilísimo de leer. Me dijo que Spinoza era un estúpido, que no perdiera mi tiempo y su ignorancia era exquisita, tanto como sus piernas. No deberías, bajo ninguna circunstancia, escribir en mi presencia. Mi presencia, ja. Esa noche estuve muy consecuente, seguí al pie de la letra las correspondientes hipocresías necesarias para llegar al coito, me mostré atento en todo momento y la halagué hasta donde se me ocurrió. Aún así, para mi eterna desgracia, terminé de confidente. Es indeciblemente molesto que todas mi posibles conquistas terminan por encontrarme comprensivo y bueno para escuchar, lo que tiene como natural resultado que nunca puedo encamarme con nadie, termino pasando klinexes y consolando a desoladas mozuelas o señoras entradas en años, hablando en un tono casi paternal que me causa una irreprimible repulsa y dando castos abrazos que son invariablemente recibidos con sollozos en cascadas y que terminan en agradecimientos llenos de mocos y frases apenadas y risitas entrecortadas seguidas de sonadas discretas o escandalosas. Por lo menos sirve de pretexto para incursionar en feos devaneos literarios. Basta ya.

You forgot that words can do more than harm.

And then shut up, turn yourself into the beholder who ignores his surroundings. He sat on a blue bench and felt he was in a Gesell chamber: thousand invisible eyes staring at him ferociously, like a thousandth-eyed beast luring him to death. Then she came moving swiftly and said: "Hello, dear". He felt immediately relieved, pulled up his head and grimaced a smile. "Hi, Helen", he responded. She gazed at the trees behind them: they were being shacked. "Is anyone there?", she asked, but he didn't grasp the meaning of her question and answered: "I'm here".
-Sunny days fill my heart with gloom- continued he.
-Is that so...?
-Yes.
-But now is cloudy.
-It ain't gonna rain.
They stayed there for a while, then stood up and went for an ice cream.
-Can we speak in French?- asked she.
-No, dear, I hardly speak English.
She was licking her chocolate ice cream, enjoying enormously his company, and talking and talking and laughing and laughing.


"And take a little walk when the worst is to come
When I saw you looking like I never thought
And say you're at a loss or forgot that words can do more than harm.

So take it as a song or a lesson to learn
And sometime soon be better than you were
If you say you're gonna go, then be careful
And watch how you treat every living soul

My eyes can't look at you any other way,
Any other way, any other way
When eyes can't look at you any other way,
Any other way, any other way."

Don't you love Band of Horses?

martes, 23 de febrero de 2010

Ya te fuiste.

-Vístete que hoy quiero dormirme antes de las 10.
-Pero si falta mucho.
-Y qué, hay que empezar desde temprano.
-Ayer te dormiste bien pronto, creí que te sentías mal.
-Sí, tenía mucho sueño acumulado de hace mil años.
-Ash, no seas exagerado.
-En la exageración radica el principal encanto de los días que se mueren solitos y de puro hastío que...
-Ya vas a empezar, ¿no te puedes quedar quieto?
-No veo por qué y no me haces caso, no te vistes.
-Pero te callas, ¿eh?
-Para qué si el silencio tú lo asesinas de todos modos con todas esas braguetas y tú sí que nunca dejas de moverte y a veces desespero.
-Entendí lo de las braguetas, pero es que nada de eso es importante.
-Todo es importante. ¿No te vas a vestir?
-Ash, quiero no.
-Ash, pues hazlo aunque quieras no.
-Ni que fueras mi papá.
-No tienes papá.
-Y eso qué, como si tuviera.
-Ya, ándale, tengo mucho sueño.
-A mí qué.
-A ti nada, sólo vístete.

Ponte en pie, descansa en el rellano y luego sigue subiendo hasta que veas el letrero que dice No pasar Solo personal Autorizado. Es rojo. Rojo Orozco. Rojo sol. Ha pensado que el devaneo estéril podría por lo menos tener un valo estético si tuviera un mínimo del talento que tienen los señores que escribieron los libros que lee, pero enseguida se ha sacudido la modorra de la mañana más brillante de los últimos años y camina despacio hacia el umbral en penumbra donde imagina que encontrará el cuerpo tibio ya perdido horas atrás. Al correr la cortina la luz lo hiere cruelmente, es como un ataque súbito y salvaje. Se retira asustado y corre la cortina nerviosamente. ¿Tiembla? Esta solo. Decide no inventar más historias y dejarse llevar por la dulzura de la acción no pensada aunque en su interior algo se remueve como fierecilla enjaulada y los ojos le brillan con maléfica luz, reflejo imposible de ocultar de que por dentro la maldad respira. Vuelve a sacudirse y llama en voz alta: René René René y va disminuyendo de a poco el volumen de su voz hasta que esta se adelgaza y no es más que un resoplido.
-No grites.
-Ah, aquí estás.
-Sí, responde con un dejo de fastidio.
-Es que soñé muy feo.
-Ajam, pues acuéstate otra vez.
-Bueno, pero quiero no.

Anda de nuevo en círculos (viciosos) y se asoma con timidez por la ventana. Está oscuro y se sorprende, ¿adónde ha ido la luz?, se pregunta en silencio. Al carajo, se responde en silencio. Piensa en salir de ahí y no sabe qué hora es. Se tira en el suelo y se estremece por la frialdad del mosaico, abre los brazos y mariposea, encuentra todo demasiado absurdo e idiota y le parece exquisito porque no puede predecir nada, ni el repentino deseo de verla o las ganas de correr. Alguien abre la puerta pero ya había visto la sombra de la silueta por la minúscula rendija que hay entre la puerta y el suelo. Entra una chica con bolsas del Oxxo y las deja caer pesadamente en la mesa.
-Qué haces ahí tirado.
-¿Quién eres tú?
-Cómo que quien soy.
-Sí, quién eres.
-Yo soy yo.
-¿Cómo?
-Es que no entiendo tu pregunta.
-Que quién eres.
-Lis.
-Lis qué.
-Chingado, qué necio eres, dice mientras abre un cartón de leche Alpura y toma directo, provocando que él la mire con fruición y babee.
-Dame.
-Quiero no.
-De tus babas yo decía.
-Ascooo.
-Por qué. Ya nunca más te lo pediré.
-¿Es una invitación?
-No, es una sentencia.
-¿De sentence?
-No, de sentenciar.
-Uyyy, suena muy feo, como de juez.
-Uyyy, suena muy feo, como de juez.
-Cállate.
-¿Me vas a dar o no?
-No te voy a dar nada, nene- levanta el cartón arriba de su cabeza y lo inclina. El líquido corre como una línea de seda blanca y se estrella contra el suelo haciendo como cuando orinas contra las paredes de la taza, pero más fuerte, y le salpica los pies desnudos. No se levanta y mira la serpiente blanca que corre hacia él.
-Ya la tiraste- dice con un aire estupidísimo y Lis se ríe sardónica y despreciativamente.

Otra vez se queda solo y mira por la puerta el tanque de gas pintado de plata con aerosol y dáse cuenta por primera vez de que todo lo que dice y lo que escribe tiene el mismo tono, un tono que pretende ser parsimonioso pero que en realidad es de flojera, de desencanto y se descubre opaco, falto de luz y no puede evitar sonreir y piensa en los finales inevitables y en los principios ridículos, en las casualidades disfrazadas de causalidades (Spinoza ya puede irse de paseo) y en un dolor que ya se agranda en su pecho, un dolor que él mismo aceptó incrédulo y ya abre una brecha entre sus pulmones, lo perfora impidiéndole respirar y se incorpora sólo para caer desfallecido en la silla de madera y cojín desgastado. Qué suitación (ui) más extraña y yo que te dije que nunca confiaras en mí. Como sea ahora ya no me creerás nada porque has decidido no hacerlo y entonces es mejor callar y parece este lugar un lugar sin sentido y solemnemente juro no mandar más cartas circulares.

Y tú que decías que no.

A final de cuentas lo que realmente importa es sentir. No puedes sujetarte a mi egoísmo porque es ese el fondo de todo mi discurso y no te va a llevar a ningún lado. No puedo pretender que entiendas la profunda desazón (de navío "voy a naufragar") que me embarga. No te burles de mi solemnidad, que ya sabes es siempre broma. Te conté chistes y me rehúso a definir el matiz porque es encerrarlo en algo, meterlo en una caja de nombre y pronunciarlo para que se vuelva concreto, pero no creo que eso aumente su valor (o la ausencia del mismo). Quisiera tener tu claridad para poder decirte esto sin que haya posibilidad de malinterpretación, para poder exponerte esto sin que sea un devaneo estéril, sin que parezca un caso irresoluble de imbecilidad. No puedo, porque no quiero, abandonarme al absoluto, dejarme seducir por esta teoría tan deliciosa. Y no es porque me ponga muy dialéctico, es para mentener mi cinismo, imprescindible desde que lo tengo. En mi cinismo también te quiero y no tengo ningún pretexto, a lo más la innegable razón de que soy un patán y de que me fascina como escribes. La cosa peor es que perderte (porque no habría otra forma) me parece que sería tasajear mi cuerpo y sacarme las tripas y en parte por eso me mantengo junto a ti. La definición o conclusión que de eso pueda salir la dejo para la después, para cuando no me parezca un vano artificio. No puedo tolerar la idea de perderte como mejor amiga y no puedo sustraerme del egoísmo (brutal y esencial) que me impide decirte sí o no. No es ninguna de las dos. Inmoral ya dejo de ser mi palabra predilecta, hay cosas que sólo valen cuando son pronunciadas frente a ti y ahora no estamos. La verdad es que trato de no pensar demasiado y me burlo de mí mismo, me sobajo a la humillación que representa negar lo que es a todas luces evidente. Así voy y me evito las recriminaciones y la culpabilidad, prefiero pensar en lo que escribes y lo hallo delectante, atrozmente hermoso y me lleno de envidia por tu talento. Por lo demás me parece que más que un ejercicio de honestidad esto ya peca de la doble moral de que me acusas y que hasta que tú lo propusiste no me pareció una posibilidad y ahora se muestra como ejemplar recién descubierto en un libro de esos entomológicos que nadie lee. Un bichito de dientes y garras que me carcome las entrañas y lo dejo que lo haga a gusto, total, lo que importa es acumular experiencias, ¿no? Me encanta, porque no hallo otra palabra aunque debes considerarla desde la acepción de encantamiento, eso del naturalismo maravilloso y hasta excepcional, aunque difiero contigo en lo de la desvirtuación. En todo caso creo que ambos lo estamos y si así es, lo celebro, es algo más que compartimos. Sorpresa: no se puede ser un sexo y nada más, estaría bien poder serlo, pero conmigo no funciona así, soy lo bastante imbécil como para no permitírmelo. Si así fuera sería una cosa muy muy complicada y me parece a mí que es simple hasta donde tus labios me alcanzan. O hasta donde no me alcancen. No más devaneo, tespero tespero y camino y camino hacia el otro lado.

sábado, 20 de febrero de 2010

¿No te gusta el helado de limón?

Como decir que me gustan las paletas de grosella pero que prefiero por mucho las de tamarindo o las de arroz. Enseguida (porque hay que seguir una secuencia lógica y bien establecida) ocultar que miro porno acostado en tu cama porque me parece my ad hoc a las circunstancias y que hallo cierto resabio de poesía en decirte que esta mañana quería lanzarme por la borda y abandonarme en el camión. De ello resultaría que trajeras a colación las aves y que yo dijera que los seres humanos no somos más que bípedos implumes, como dijo Platón, pero no hacer la cita y que te pienses que soy todo un filósofo dialéctico. Podrías mencionar todo ese asunto del reciclaje que a mí me parece enojoso y después mencionar las ambulancias y que me duelen las cuencas de los ojos (el cómo obtuviste esa información deberá permanecer como Gran Misterio, lo mismo que la técnica para sembrar piñas). Muero de hambre y a ti se te ocurre que es buena idea mentir y llegar tardísimo (tardísimo con hambre pueden ser dos minutos) y me dan ganas de increparte por tu falta de cortesía y dirás que me dijiste que bajara y que había cosas para hacer y yo responderé: olvidas, comme d'habitude, que me da penísima estar en una casa que no es mía y que me cohibe pedir prestada cualquier estufa. Pero pagarás, comme d'habitude y te haré más bromas pesadas que no puedas aguantar, sólo para probar que no he perdido práctica y que seguirás de necia negándote a considerarme lo que realmente soy, que es lo mismo que detestarme. Ya sé, te obligaré a que leas monografías de arte, de esas que se emperran en descifrar los símbolos de los cuadros sin saber que eso es una estupidez o sabiéndolo pero haciéndolo por puro esnobismo, como esa deliciosa sobre el Gran Masturbador de Dalí que decía que las largas pestañas multicolores del cuadro representaban las esperanzas que Dalí tenía en el futuro y yo cagado de risa porque jamás se me habría ocurrido que eran pestañas, se me figuraba que eran plumitas. Qué fastidio, en verdad tengo hambre.

Silvia corta el aire y no se da cuenta.

No necesitamos más apologías ni ninguna de esas cosas inútiles.

La central, ¿por dónde irse? Por metro dijiste por teléfono. ¡Por teléfono! Caminar y mirar la inmensa cantidad de gente que habita el mundo al mismo tiempo que yo (casi ternura). Un señor cuarentón. Manos largas. Disculpe, ¿cómo llego a Observatorio? Me mira feísimo. Tengo el cabello amarrado en una coleta de lado. Muy coqueto, me río. Qué no sabes llegar o qué. La verdad es que lo ignoro. Chamarra verde sucia. Hace un calor de mierda en el andén. Me mira de arriba a abajo. ¿Por favor? Y para qué andas en metro si no sabes. Mueca de desprecio. No lo uso casi nunca. ¿Nueres de aquí o qué? Sí. ¿'Tonces? Ya me divierte. Invento (por favor). Familia venida a menos, los emolumentos se fueron como abrir la canilla. ¿Ah? (¿eh?). Pues eso, que nos quedamos con los recursos muy reducidos. ¿Ah? Hay algo en su expresión que me mata de risa (qué hilarante) y no consigo descubrir qué. ¿Me indica entonces cómo llegar a la estación Observatorio (si es tan amable)? Ya te dije que no. Me enfada ahora un poco porque quitó la cara de asno repateado. Tiene el control. Yo quiero algo. No debería ser tan descortés con los transeúntes, habla mal de su instrucción. Otra vez Asno Redomado asoma entre sus labios entreabiertos. Me divierto a sus costillas y encuentro mi ampulosidad la mar de deliciosa. Lo hago para vengarme de ti, para descargar mi enojo por tu descortesía imperdonable. Me haces viajar sólo en el metro. Me siento cruel y ligero. Gran Placer emana de arquetipar a Inculto Irredimible como mexicano promedio. Puto ignorante (ja). Estoy hasta arriba. Hace rato me enamoré de una niña de pantalón morado que tocaba la guitarra sentada esperando el vagón. ¿Qué otra cosa podía hacer? Pagarás por este bamboleo. Caro. Bueno, señor, le agradezco sinceramente aunque háyase usted negado a prestarme una insignificante asistencia. Pagarás carísimo, con sangre. Pagarás por el pequeño horror del apagón a medio camino entre Tacubaya y Observatorio. Pagarás por el minúsculo pánico de quedarme encerrado y a oscuras con Pelón Psicópata. Con heridas y sudor. Ah, sí. Soy Un Bruto dijo al final "de nada, copycat". Imbecilidad en mi rostro. La ciudad está llena de sorpresas.

Tout c'est une blague.

Por favor, evitemos las comparaciones y dejemos que todo se manche de esta vulgaridad tan ramplona. Bien sabes que me parece inmoral porque es una situación ridícula al extremo del asco. ¿Sabes por qué? A que no adivinas: porque es una situación reiterativa, an old story I already know. No tolero eso, no tolero incluirte en círculos enfermos y mucho menos que me incluyas en noches que no puedes pasar conmigo. Detesto perder importancia, tanto como que me despierten con un haz inclemente de luz o que no vayas a recogerme a la central. Así funciona, el egoísmo más puro y la felicidad más hipócrita (aunque sabes que pienso que la hipocresía es más esclarecedora que cualquier cosa que vista el disfraz de verdad). Prefiero una broma íntima que intimar en broma y es para mí importantísimo eso de levantarse y tener a alguien al lado y no entiendo qué quieres probar o si te piensas que open mind significa soportar cosas imperdonables. No no no, no hay más magia en eso ni tampoco discusión porque conmigo vas a ir de pequeña decepción en pequeña decepción hasta que entiendas que no estoy vacío y eso sea peor porque no puedo vaciarme. No puedo perdonar la imoralidad de tener que pensar en compartir, en que dices "amor" con una facilidad morbosa y que resulta doloroso porque pienso que lo mismo podría ser en mi caso. Ya sé que vas a decir que soy un imbécil y que yo sé la vérité pero eso en verdad es una cuestión ingenua. No lo sé, no tengo manera de saberlo, para mi besar es una cosa que raya en lo sagrado y no concibo la dulzura con que lo pronuncias para él y sí, puedes argüir celos, que bien merecido me lo tengo, pero no puedes decir que te riges por absolutos y luego hacer eso. Si fuera una contradicción sería comprensible y yo lo aplaudiría, pero no es una contradicción, es una superposición y eso sí que no te lo perdono. No soporto verme mezclado con esas cosas y más que nada por mi concepto estético de ideal que se mancha de medianía en este caso. Me da asco y detesto que se vuelva recurrente y detesto que me enfade porque no me gusta enfadarme, es un desgaste inútil y estéril. No soporto la idea y el recuerdo del ruido, de los chuik chuik (como en Mafalda), no me entra en la cabeza que seas capaz de decir que me amas y encima besarte acostada con un cabrón al lado mío. ¿No ves que es un estúpido sinsentido? Y no es que esté en contra del sinsentido, pero quieres reducirlo a que es mi culpa, que yo te orillé a eso y me cae que, aunque no te guste, eso se llama ingenuidad o hacerse pendejo. Quizá sí sea mi culpa, no debí permitirme a mí mismo que sucediera esto como sucede. No aguanto más la inmoralidad, inmoralidad en la peor acepción posible. En fin, haremos lo podamos más que lo que queramos y me parece bien y me enfurruño y no hago nada y te espero a que llegues uniformada y no sé cómo puedes tú misma aguantar eso de tener sustitutos, pero tú eres tú y así será siempre.

miércoles, 10 de febrero de 2010

Songs from below...

Montarse en la cantarina cadencia de decir no. Pero un no así muy duro, muy broma, muy "hoy no, por favor", muy rotundo en la imposibilidad de que esto dure más que sólo un parpadeo. Y luego "Soledad, aquí están mis credenciales" y mi corazón. Porque ahora le digo así, mi corazón, tan simple y tan idiota, tan necio y tan bonito. Me causa algo de ternura, dejo la náusea para los periódicos. Me dejo llevar por mis corazonadas, por mi corazón que da de tumbos en tu busca en mi desazón más total, más chiquita y pralalam. No tengo más porque decir mentiras ni tampoco razones para esconder que soy tan vulnerable (del latín vulnus, herida) que puede que valga la pena no escribir más, no hablar mas que para decir si es tan amable y gracias. No te fijes mucho en lo que digo, estoy cansado y no puedo dormir bien, mi cabeza necesita un urgente descanso y yo me entierro en más y más (pre)ocupaciones aunque me parece que los días pasan inútiles e improductivos, que es nomás darle vueltas a lo mismo sin poder llegar a ningún lado. No es que no me guste, pero tampoco es que sea divertido vivir trepado en una rueda de la fortuna. ¿Quieres reirte conmigo? Podemos reirnos de las heridas porque son vanos pretextos, las muestras irrefutables de nuestra humanidad y de nuestro amor. Las heridas son una idiotez. Quiero que el mundo pare por un rato, sentarme en el rellano de la casa de Correos y mirar la inmovilidad de esta ciudad que se mueve a una velocidad exagerada, que se repite a sí misma y que se traga y erupta maldad y felicidad a cuenta gotas. "Aquí estoy, te traigo mis cicatrices, palabras sobre papel pentagramado". Volverá a venir la sensación de que estará bien, que no hay que hacer nada más que seguir el flujo que se insinúa despacio, que la ley de vida es una cosa que transpiramos sin querer y sin correr, el tejido invisible que somos. Somos nosotros solitos la ley esa, en el supuesto de que sí somos, sea que lo quieras ver dogmáticamente o Descartesianamente. Yo no quiero ver nada, cuando mucho tu cara, pero aún si cierro los ojos no consigo imaginarte, es siempre un manchón gris verduzco.

sábado, 6 de febrero de 2010

A song for a sunny day.

We were all mistaken, girl, we thought it was a game, and well, it turns out it is not. You shouldn't have taken my hand and I shouldn't have kissed you. But whatever is done is done, says the song, and now we must tear apart the awkward sensation that nothing is right, that everything leads to a secure destruction. We shall fly apart and remember our rainy days as the most rare, as the most extraordinary hours before death catches us with her funny claws. It was a great thing to share even though it got us empty and days just pass by bringing nothing, nor obscure desires, nor glare. I shall deny I love you and you shall ignore the rush, and then we both will be happy in the perfect ignorance of happiness. A little bit paradoxical, isn't it? I want to see your curly hair again and stare at you for no reason, just for fun, just so you get shy and say: stop it. I will stop, I will stop for this is not going anywhere, and you are running out of time. Pray you write a letter for me once you are in that strange place called you, once you have put yourself together and give a second thought to the idea of getting rid of your sacred feelings to make them mutate into a storm. Before I could shrug you frowned and then you went away thinking I didn't want to keep you safe because "You are like a hurricane, I can see you loosing ground. I wanted to make you happy, but I couldn't make you even warm. You are like a hurricane, I can see you loosing..."

viernes, 5 de febrero de 2010

No quisiera...

Ahora que queda lejos como Machu Pichu no quiero pensar más en arcoiris ni preguntarme qué hubiera pasado si... Quiero olvidar aunque sea un engaño estúpido, aunque no quiera, aunque mis tripas se retuerzan en un ardid para hacerme creer que aún estás, aunque tu recuerdo sea la cosa más dolorosa y triste, una mota de color que de arrancárseme me obligaría a ver todo en blanco y negro o en gris, como las películas viejas. Quiero pensar que te has ido para siempre, que esto es ineludible, que todo camino conduce a la maldad y que tu ausencia es un líquido pegajoso que se me escurre por la piel, que es una mentira a mis ojos. Quiero que las canciones que te di se me regresen, que pueda escucharlas sin que me ataques con ferocidad, quiero que sufras mi deseo por ti, como dice Billy Corgan y quiero dejar de pensarte en las mañanas y de odiarte por las noches. Quiero que dejes ser una mariposa desas negras que anuncian la muerte o las visitas

miércoles, 3 de febrero de 2010

Je suis perdu...

Todo es una estadística, niña, somos un montón de números bailando y formando cifras caprichosas. ¿Podrás soportar el rastro de maldad? A dónde habrá ido mi corazón, lo tenía esta mañana en su caja, muy cerrado, muy tranquilo. Supongo que fue durante el desayuno que se salió a pasear a pesar de mi recomendación de que no lo haga porque es brutísimo y se pierde con facilidad y a veces incluso no quiere regresar porque se aburre. La caja se abre con cierto mecanismo secreto, a veces se le olvida y se queda encerrado porque a mí ni me gusta ponerle correa y si lo saco no sabe comportarse y saluda sin decoro y embarra. Hay días que está negro negro, de seguro por la contaminación, y no sé qué hacer de él, se enfurruña y golpea violentamente. Se rehusa a mirar, trastoca todo, gruñe, se espanta, grita, se pone de maleducado, mentiroso y hace desmanes. ¿No lo has visto tú?

¡Sal de mi sistema!

En verdad que no entiendo por qué hago esto. Por idiota, por qué más. En fin... esto ya es viejo y hoy me parece que fue ayer. Deber ser porque estuvo lloviendo casi todo el día.


Ayyy, X, por poquito y me das en la madre. Por supuesto, niña, ahora que estás enfadada sólo recordarás eso, que te dije “qué hija de la chingada te viste”. Es curioso como los seres humanos tendemos más a recordar lo malo, lo que nos duele. Lo que me parece tonto es que ni siquiera prestaste atención a lo demás. No retiro nada y si te ofende, bueno, creo que en parte lo mereces. Tu enfado (que no podrás negar. El sarcasmo y las caritas felices son prueba inequívoca) me causa hasta cierta gracia. No, no me burlo, al contrario. Es sólo que pienso que es demasiado infantil y al mismo tiempo como de alguien adulto. A veces eras una adultita de 17 años y otras una niña de 18. Mi tristeza siempre tarda en llegar y me ataca sin ninguna misericordia. Ya sé que no debería escribirte más y de hecho en el cuaderno no lo hago (el azul, en el que nunca estarás), y si quieres deja de leer, dudo que esto te sirva de algo; no obstante, para mí es necesario, es parte de mi duelo. Quizá lo hayas escuchado, hay un dicho que reza: las separaciones son como muertes chiquitas. Yo creo que es verdad, algo se muere cuando la gente se va. Ahora ya no siento nada en el estómago, pero mi cabeza da vueltas desde hace tres días. Puede sonar hasta idiota (y lo es) pero te extraño, en serio, no sé porqué. He decidido que sí, que este tonto que soy yo te quiere, y aún así, vuelvo a mi postura (ya vieja) de que los sentimientos sólo valen cuando son recíprocos. Por lo tanto, te quiero sin quererte. Qué bobada. Me explico: siento algo y ese algo está aquí, adentro, pero ya no tiene nada que lo sostenga. Al final creo que los sentimientos son nuestros y le ponemos el nombre de una persona, que es quien le da forma, quien lo hace tangible y concreto. Lo que tengo entonces es como un líquido que estaba en un vaso. Se ha ido el vaso y el líquido se desparrama por el suelo. Es una analogía bastante tonta, lo admito, pero creo que es ilustrativa. Lo malo es que entonces lo que siento carece por completo de sentido, me es perfectamente inservible. Cosa curiosa.


Tengo miedo de no verte más, nunca poder tocarte ni saber la liviandad de tu cuerpo. Ayer en la noche rockbandeábamos muy contentos pero yo pensaba en ti con rabiosa insistencia. Imaginaba tu cuerpo sobre el mío, la calidez de tus senos redondos y casi podía sentir tu peso sobre mis piernas. Una cuestión extraña porque me bastaba cerrar los ojos para verte. Tenerte y no tenerte al mismo tiempo, una jodida dicotomía. La aureola de tus pezones, café café, rugosita, lo liso de tus piernas, tu vientre suave y tibio, tus brazos largos y delgados, tu cuello perfecto, tus hombros y tu clavícula marcada. El olor de tu piel que imagino azucarado, tu lengua mojada, tu boca un aro de luz, tus dedos y tu sexo. Diablos, un imposible que se me atora en la cabeza, que me asfixia. “Quiero tener tu mano y no soltarla jamás”.


lunes, 1 de febrero de 2010

Volver a quebrarse...

Ahora que me siento tan triste que la tristeza misma es una cosa bonita y suave, como aterciopelada. No sé si lo entiendes, te extraño de una manera que resulta casi abrumadora y es malo, es feo porque me siento solo, como perrito apaleado. Hablar en el salón sin que estés tú para escucharme es como hablar con las putas butacas así que guardo silencio o me limito a decir insensateces y miro a las ventanas con insistencia en busca de algo, queriendo que en la puerta se dibuje tu figura. Por otro lado no quiero nada, quiero dormirme y que no sueñes que te grito. Que no me sueñes en absoluto, como si la distancia no fuera ya bastante. El DF es una ciudad que me da miedo y no me apetece ir. Ven. Ambos sabemos que no te lo permitiré, que te lo tengo prohibido y que me lo tengo prohibido, como la canción de Nacho Vegas.