-Vístete que hoy quiero dormirme antes de las 10.
-Pero si falta mucho.
-Y qué, hay que empezar desde temprano.
-Ayer te dormiste bien pronto, creí que te sentías mal.
-Sí, tenía mucho sueño acumulado de hace mil años.
-Ash, no seas exagerado.
-En la exageración radica el principal encanto de los días que se mueren solitos y de puro hastío que...
-Ya vas a empezar, ¿no te puedes quedar quieto?
-No veo por qué y no me haces caso, no te vistes.
-Pero te callas, ¿eh?
-Para qué si el silencio tú lo asesinas de todos modos con todas esas braguetas y tú sí que nunca dejas de moverte y a veces desespero.
-Entendí lo de las braguetas, pero es que nada de eso es importante.
-Todo es importante. ¿No te vas a vestir?
-Ash, quiero no.
-Ash, pues hazlo aunque quieras no.
-Ni que fueras mi papá.
-No tienes papá.
-Y eso qué, como si tuviera.
-Ya, ándale, tengo mucho sueño.
-A mí qué.
-A ti nada, sólo vístete.
Ponte en pie, descansa en el rellano y luego sigue subiendo hasta que veas el letrero que dice No pasar Solo personal Autorizado. Es rojo. Rojo Orozco. Rojo sol. Ha pensado que el devaneo estéril podría por lo menos tener un valo estético si tuviera un mínimo del talento que tienen los señores que escribieron los libros que lee, pero enseguida se ha sacudido la modorra de la mañana más brillante de los últimos años y camina despacio hacia el umbral en penumbra donde imagina que encontrará el cuerpo tibio ya perdido horas atrás. Al correr la cortina la luz lo hiere cruelmente, es como un ataque súbito y salvaje. Se retira asustado y corre la cortina nerviosamente. ¿Tiembla? Esta solo. Decide no inventar más historias y dejarse llevar por la dulzura de la acción no pensada aunque en su interior algo se remueve como fierecilla enjaulada y los ojos le brillan con maléfica luz, reflejo imposible de ocultar de que por dentro la maldad respira. Vuelve a sacudirse y llama en voz alta: René René René y va disminuyendo de a poco el volumen de su voz hasta que esta se adelgaza y no es más que un resoplido.
-No grites.
-Ah, aquí estás.
-Sí, responde con un dejo de fastidio.
-Es que soñé muy feo.
-Ajam, pues acuéstate otra vez.
-Bueno, pero quiero no.
Anda de nuevo en círculos (viciosos) y se asoma con timidez por la ventana. Está oscuro y se sorprende, ¿adónde ha ido la luz?, se pregunta en silencio. Al carajo, se responde en silencio. Piensa en salir de ahí y no sabe qué hora es. Se tira en el suelo y se estremece por la frialdad del mosaico, abre los brazos y mariposea, encuentra todo demasiado absurdo e idiota y le parece exquisito porque no puede predecir nada, ni el repentino deseo de verla o las ganas de correr. Alguien abre la puerta pero ya había visto la sombra de la silueta por la minúscula rendija que hay entre la puerta y el suelo. Entra una chica con bolsas del Oxxo y las deja caer pesadamente en la mesa.
-Qué haces ahí tirado.
-¿Quién eres tú?
-Cómo que quien soy.
-Sí, quién eres.
-Yo soy yo.
-¿Cómo?
-Es que no entiendo tu pregunta.
-Que quién eres.
-Lis.
-Lis qué.
-Chingado, qué necio eres, dice mientras abre un cartón de leche Alpura y toma directo, provocando que él la mire con fruición y babee.
-Dame.
-Quiero no.
-De tus babas yo decía.
-Ascooo.
-Por qué. Ya nunca más te lo pediré.
-¿Es una invitación?
-No, es una sentencia.
-¿De sentence?
-No, de sentenciar.
-Uyyy, suena muy feo, como de juez.
-Uyyy, suena muy feo, como de juez.
-Cállate.
-¿Me vas a dar o no?
-No te voy a dar nada, nene- levanta el cartón arriba de su cabeza y lo inclina. El líquido corre como una línea de seda blanca y se estrella contra el suelo haciendo como cuando orinas contra las paredes de la taza, pero más fuerte, y le salpica los pies desnudos. No se levanta y mira la serpiente blanca que corre hacia él.
-Ya la tiraste- dice con un aire estupidísimo y Lis se ríe sardónica y despreciativamente.
Otra vez se queda solo y mira por la puerta el tanque de gas pintado de plata con aerosol y dáse cuenta por primera vez de que todo lo que dice y lo que escribe tiene el mismo tono, un tono que pretende ser parsimonioso pero que en realidad es de flojera, de desencanto y se descubre opaco, falto de luz y no puede evitar sonreir y piensa en los finales inevitables y en los principios ridículos, en las casualidades disfrazadas de causalidades (Spinoza ya puede irse de paseo) y en un dolor que ya se agranda en su pecho, un dolor que él mismo aceptó incrédulo y ya abre una brecha entre sus pulmones, lo perfora impidiéndole respirar y se incorpora sólo para caer desfallecido en la silla de madera y cojín desgastado. Qué suitación (ui) más extraña y yo que te dije que nunca confiaras en mí. Como sea ahora ya no me creerás nada porque has decidido no hacerlo y entonces es mejor callar y parece este lugar un lugar sin sentido y solemnemente juro no mandar más cartas circulares.
-Pero si falta mucho.
-Y qué, hay que empezar desde temprano.
-Ayer te dormiste bien pronto, creí que te sentías mal.
-Sí, tenía mucho sueño acumulado de hace mil años.
-Ash, no seas exagerado.
-En la exageración radica el principal encanto de los días que se mueren solitos y de puro hastío que...
-Ya vas a empezar, ¿no te puedes quedar quieto?
-No veo por qué y no me haces caso, no te vistes.
-Pero te callas, ¿eh?
-Para qué si el silencio tú lo asesinas de todos modos con todas esas braguetas y tú sí que nunca dejas de moverte y a veces desespero.
-Entendí lo de las braguetas, pero es que nada de eso es importante.
-Todo es importante. ¿No te vas a vestir?
-Ash, quiero no.
-Ash, pues hazlo aunque quieras no.
-Ni que fueras mi papá.
-No tienes papá.
-Y eso qué, como si tuviera.
-Ya, ándale, tengo mucho sueño.
-A mí qué.
-A ti nada, sólo vístete.
Ponte en pie, descansa en el rellano y luego sigue subiendo hasta que veas el letrero que dice No pasar Solo personal Autorizado. Es rojo. Rojo Orozco. Rojo sol. Ha pensado que el devaneo estéril podría por lo menos tener un valo estético si tuviera un mínimo del talento que tienen los señores que escribieron los libros que lee, pero enseguida se ha sacudido la modorra de la mañana más brillante de los últimos años y camina despacio hacia el umbral en penumbra donde imagina que encontrará el cuerpo tibio ya perdido horas atrás. Al correr la cortina la luz lo hiere cruelmente, es como un ataque súbito y salvaje. Se retira asustado y corre la cortina nerviosamente. ¿Tiembla? Esta solo. Decide no inventar más historias y dejarse llevar por la dulzura de la acción no pensada aunque en su interior algo se remueve como fierecilla enjaulada y los ojos le brillan con maléfica luz, reflejo imposible de ocultar de que por dentro la maldad respira. Vuelve a sacudirse y llama en voz alta: René René René y va disminuyendo de a poco el volumen de su voz hasta que esta se adelgaza y no es más que un resoplido.
-No grites.
-Ah, aquí estás.
-Sí, responde con un dejo de fastidio.
-Es que soñé muy feo.
-Ajam, pues acuéstate otra vez.
-Bueno, pero quiero no.
Anda de nuevo en círculos (viciosos) y se asoma con timidez por la ventana. Está oscuro y se sorprende, ¿adónde ha ido la luz?, se pregunta en silencio. Al carajo, se responde en silencio. Piensa en salir de ahí y no sabe qué hora es. Se tira en el suelo y se estremece por la frialdad del mosaico, abre los brazos y mariposea, encuentra todo demasiado absurdo e idiota y le parece exquisito porque no puede predecir nada, ni el repentino deseo de verla o las ganas de correr. Alguien abre la puerta pero ya había visto la sombra de la silueta por la minúscula rendija que hay entre la puerta y el suelo. Entra una chica con bolsas del Oxxo y las deja caer pesadamente en la mesa.
-Qué haces ahí tirado.
-¿Quién eres tú?
-Cómo que quien soy.
-Sí, quién eres.
-Yo soy yo.
-¿Cómo?
-Es que no entiendo tu pregunta.
-Que quién eres.
-Lis.
-Lis qué.
-Chingado, qué necio eres, dice mientras abre un cartón de leche Alpura y toma directo, provocando que él la mire con fruición y babee.
-Dame.
-Quiero no.
-De tus babas yo decía.
-Ascooo.
-Por qué. Ya nunca más te lo pediré.
-¿Es una invitación?
-No, es una sentencia.
-¿De sentence?
-No, de sentenciar.
-Uyyy, suena muy feo, como de juez.
-Uyyy, suena muy feo, como de juez.
-Cállate.
-¿Me vas a dar o no?
-No te voy a dar nada, nene- levanta el cartón arriba de su cabeza y lo inclina. El líquido corre como una línea de seda blanca y se estrella contra el suelo haciendo como cuando orinas contra las paredes de la taza, pero más fuerte, y le salpica los pies desnudos. No se levanta y mira la serpiente blanca que corre hacia él.
-Ya la tiraste- dice con un aire estupidísimo y Lis se ríe sardónica y despreciativamente.
Otra vez se queda solo y mira por la puerta el tanque de gas pintado de plata con aerosol y dáse cuenta por primera vez de que todo lo que dice y lo que escribe tiene el mismo tono, un tono que pretende ser parsimonioso pero que en realidad es de flojera, de desencanto y se descubre opaco, falto de luz y no puede evitar sonreir y piensa en los finales inevitables y en los principios ridículos, en las casualidades disfrazadas de causalidades (Spinoza ya puede irse de paseo) y en un dolor que ya se agranda en su pecho, un dolor que él mismo aceptó incrédulo y ya abre una brecha entre sus pulmones, lo perfora impidiéndole respirar y se incorpora sólo para caer desfallecido en la silla de madera y cojín desgastado. Qué suitación (ui) más extraña y yo que te dije que nunca confiaras en mí. Como sea ahora ya no me creerás nada porque has decidido no hacerlo y entonces es mejor callar y parece este lugar un lugar sin sentido y solemnemente juro no mandar más cartas circulares.
no lo oiras de nuevo....bueno leeras...me cuesta trabajo...lo siento...lo siento mucho en verdad...ven te invito un agua de lima
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