Todo es una estadística, niña, somos un montón de números bailando y formando cifras caprichosas. ¿Podrás soportar el rastro de maldad? A dónde habrá ido mi corazón, lo tenía esta mañana en su caja, muy cerrado, muy tranquilo. Supongo que fue durante el desayuno que se salió a pasear a pesar de mi recomendación de que no lo haga porque es brutísimo y se pierde con facilidad y a veces incluso no quiere regresar porque se aburre. La caja se abre con cierto mecanismo secreto, a veces se le olvida y se queda encerrado porque a mí ni me gusta ponerle correa y si lo saco no sabe comportarse y saluda sin decoro y embarra. Hay días que está negro negro, de seguro por la contaminación, y no sé qué hacer de él, se enfurruña y golpea violentamente. Se rehusa a mirar, trastoca todo, gruñe, se espanta, grita, se pone de maleducado, mentiroso y hace desmanes. ¿No lo has visto tú?
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