El blog tiene como propósito nomás poder sacar mi obsesión por todo, no tiene mayores pretensiones. Entiendo que lo que pongo puede desagradar y que peca de simplista. Son cuentitos medio raros de gente medio simple. Por cierto, yo no hago literatura, yo hago cuentitos. Salut!
miércoles, 10 de febrero de 2010
Songs from below...
Montarse en la cantarina cadencia de decir no. Pero un no así muy duro, muy broma, muy "hoy no, por favor", muy rotundo en la imposibilidad de que esto dure más que sólo un parpadeo. Y luego "Soledad, aquí están mis credenciales" y mi corazón. Porque ahora le digo así, mi corazón, tan simple y tan idiota, tan necio y tan bonito. Me causa algo de ternura, dejo la náusea para los periódicos. Me dejo llevar por mis corazonadas, por mi corazón que da de tumbos en tu busca en mi desazón más total, más chiquita y pralalam. No tengo más porque decir mentiras ni tampoco razones para esconder que soy tan vulnerable (del latín vulnus, herida) que puede que valga la pena no escribir más, no hablar mas que para decir si es tan amable y gracias. No te fijes mucho en lo que digo, estoy cansado y no puedo dormir bien, mi cabeza necesita un urgente descanso y yo me entierro en más y más (pre)ocupaciones aunque me parece que los días pasan inútiles e improductivos, que es nomás darle vueltas a lo mismo sin poder llegar a ningún lado. No es que no me guste, pero tampoco es que sea divertido vivir trepado en una rueda de la fortuna. ¿Quieres reirte conmigo? Podemos reirnos de las heridas porque son vanos pretextos, las muestras irrefutables de nuestra humanidad y de nuestro amor. Las heridas son una idiotez. Quiero que el mundo pare por un rato, sentarme en el rellano de la casa de Correos y mirar la inmovilidad de esta ciudad que se mueve a una velocidad exagerada, que se repite a sí misma y que se traga y erupta maldad y felicidad a cuenta gotas. "Aquí estoy, te traigo mis cicatrices, palabras sobre papel pentagramado". Volverá a venir la sensación de que estará bien, que no hay que hacer nada más que seguir el flujo que se insinúa despacio, que la ley de vida es una cosa que transpiramos sin querer y sin correr, el tejido invisible que somos. Somos nosotros solitos la ley esa, en el supuesto de que sí somos, sea que lo quieras ver dogmáticamente o Descartesianamente. Yo no quiero ver nada, cuando mucho tu cara, pero aún si cierro los ojos no consigo imaginarte, es siempre un manchón gris verduzco.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Hide and seek
ResponderEliminar