Historia de un ciego y su lazarillo que no sabe calcular distancias.
-¡Chingado, otra vez me dijiste mal Ahora esta dama me creerá un tonto- la susodicha dama se apartó sin decir pío.
-¡Que no te dije mal! Son como tres metros.
-A ver, ven. Cuéntalos, ándale. ¿Ya ves? Cuántos son.
-Tres y cachito, ¿no?
-Pero cómo vanaser tres y cachito'mbre. Ya te dije que imagines los pasos o que abras los dedos así y que hagas como compás, así. Si no es tan difícil.
-Pues así le hice, pero es que tus pasos son más cortos.
-Cómo va'ser, hombre, que no sepas cuánto mide, si tienes los dos ojos buenos.
-Pues te digo que tú das los pasos como brinquitos, así nunca le voy a atinar.
-No, Trebe, no se trata de atinarle, sino de cal-cu-lar, ¿entiendes? Caramba, mira, ya la dama se va, discúlpenos, madam- pero la madam de nuevo no dijo pío y se escuchó su clac clac clac- ¿Para qué te pago, pues?
-Emmm... pues no me pagas.
-Cómo no si te dan dinero en el centro para que me lleves y me traigas.
-No me dan un quinto, soy voluntario, nos dan hasta que hayamos pasado el mes de prueba.
-'Aistá. Pero bueno. A ver, vamos a calarle otra vez, ¿cuánto mide esta esquina de la plaza? Mídele bien.
-Tres por cuatro, tres a la derecha, cuatro 'padelante.
-¡Chingado! Si eso es lo mismo que me dijiste hace rato y me tropecé con el bote de basura.
-Pues eso es lo que es, ya te dije.
-¡Chingado, otra vez me dijiste mal Ahora esta dama me creerá un tonto- la susodicha dama se apartó sin decir pío.
-¡Que no te dije mal! Son como tres metros.
-A ver, ven. Cuéntalos, ándale. ¿Ya ves? Cuántos son.
-Tres y cachito, ¿no?
-Pero cómo vanaser tres y cachito'mbre. Ya te dije que imagines los pasos o que abras los dedos así y que hagas como compás, así. Si no es tan difícil.
-Pues así le hice, pero es que tus pasos son más cortos.
-Cómo va'ser, hombre, que no sepas cuánto mide, si tienes los dos ojos buenos.
-Pues te digo que tú das los pasos como brinquitos, así nunca le voy a atinar.
-No, Trebe, no se trata de atinarle, sino de cal-cu-lar, ¿entiendes? Caramba, mira, ya la dama se va, discúlpenos, madam- pero la madam de nuevo no dijo pío y se escuchó su clac clac clac- ¿Para qué te pago, pues?
-Emmm... pues no me pagas.
-Cómo no si te dan dinero en el centro para que me lleves y me traigas.
-No me dan un quinto, soy voluntario, nos dan hasta que hayamos pasado el mes de prueba.
-'Aistá. Pero bueno. A ver, vamos a calarle otra vez, ¿cuánto mide esta esquina de la plaza? Mídele bien.
-Tres por cuatro, tres a la derecha, cuatro 'padelante.
-¡Chingado! Si eso es lo mismo que me dijiste hace rato y me tropecé con el bote de basura.
-Pues eso es lo que es, ya te dije.