El blog tiene como propósito nomás poder sacar mi obsesión por todo, no tiene mayores pretensiones. Entiendo que lo que pongo puede desagradar y que peca de simplista. Son cuentitos medio raros de gente medio simple. Por cierto, yo no hago literatura, yo hago cuentitos. Salut!
martes, 16 de marzo de 2010
¿Quién está enojado?
"Me dices: ahora ya estás advertido, no te fies de un animal herido..." A pesar de que no puedo ser consecuente y de que las veces que lo he sido me ha salido todo mal, intento de algún modo no dormirme en la clase y coordinar un poco mis ideas. Trato, ante todo, de no leer, de imaginar lo que dirán esas hojas (porque las hojas hablan) que se muestran ante mí llenas de palabras que no son mías, dichas por un señor aburrido u ocioso. O un señor inteligente, un genio de la talla de Virginia Woolf. Pero en general me aburro, escribo como acto represor, me ciño neciamente a las letras, a las cosas concretas, nombrables, a las que puedo indicar mediante sonidos. Es molesto en ocasiones, tan poco que decir y tanto gasto de nubes, de música y de saliva. Sólo algunas palabras tienen una razón de ser, un propósito no particular, pero sí directo, como decirle a Itzel ripiosas expresiones en un vano intento de que no se caiga del columpio nomás por inconciente. O tengo que pensar en La Cosa, en el segundo número, en que no quiero dejarme inundar de la medianía tan molesta en que descansa la ciudad y que tal vez todo intento es inútil, que soy tan ordinario que ni siquiera me doy cuenta. La clase no empieza y me entra mi abulia porque sé más o menos como va a desarrollarse: más que un análisis del libro de Kipling harán un resumen con alguna referencia hacia lo que piensan, pero nada más.se quedarán con lo que entendieron por las palabras, no por el concepto general del libro, no por lo que puede leerse entre líneas. Y supongo que está bien, después de todo uno sólo habla de lo que le interesa y leer ese libro es un compromiso, el precio de ser universitario y sentirse así. Deberíamos hablar de fiestas, de no ocuparse de mucho, de zapatos y las novedades. ¿Pero de libros? Pffff. Me siento entre policias, encerrado en su cuadradez y creo que ellos piensan que el cuadrado soy yo y quizá sea cierto, quizá todos seamos unos cuadrados idiotas que van por ahí con aires liberales y corazones dogmáticos, temerosos de tener ideas propias. No quiero citar a Torri. Debe ser que las ideas representan un cambio constante, la sensación de que somos más bien insignificantes. Qué fastidio para el queretano común sentirse insignificante, tan alzado como es, tan inculto y sintiéndose brillante. Porque para esta gente leer un libro los convierte de inmediato en claridosos pensadores. Y no cualquier libro, las más de las veces malos libros. Sentirse letrado por haber leído a Suskind o en el mejor de los casos a Carlos Fuentes. Qué aplastante su negación a reconocerse como someros buscadores, tontos oradores que leen para citar más tarde, conformistas acérrimos, brutales opresores. Alabada sea su doble moral. Y Señor Santiago, por qué no.
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