domingo, 22 de agosto de 2010

Me duele la cabeza, no he dormido nada hoy. Maté un chupil con la palma de la mano. Se espachurró en mi piel dejando un rastro amarillo. No me he lavado las manos. Buenas ideas, malas palabras. Estoy vergueadísimo, no puedo por más que intento. Mi cabeza palpita. La división entre las imágenes que mi conciencia percibe se diluye. Un chingo de otros colores (un jodido espectro psicodélico medavueltaslacabeza) se mezclan de manera vulgar, como si cogieran con calcetines o sin ganas, apretando los dientes, con lo demás. Los giros se ralentizan como si le hubieran dado pause y la reverberación produjera la ilusión de movimiento. Tampoco he tomado nada. No estoy seguro de si he visto esto antes. Puta madre, mis ojos se cierran pero una fiesta de fosfenos me reviente la negrura y tengo que abrirlos, asustado. Las voces de Tito, Raúl y Carlos zumban en mi cabeza. Se ríen mucho. Pusimos Free Bird. Un frasquito de mayonesa McMierda, un sazonador de fajitas, unos raidolitos (visiones fugaces de mi niñez, ventilador incluido), una lata de Pringles y un u ache u (Carla me dijo que uhu significa búho en alemán. Pegamento del búho, el pegatodo). ¡Riffea, como una chingada! Me duele la espalda. La cama me atrae mucho, pero no dejo de pensar, no quiero ir. ¿Dónde está Carla? Dormida en su casa que huele a muchas cosas. The Scarlett Letter. Pobrecita de Hester, pobrecito de mí que la leo por obligación. The Man Who Sold the World. Pasamos ya por The Velvet, los Artic Monkeys, Janis, Hendrix, Led Zep, Kashmir (sugerencia de Raúl), Jarabe de Palo, Neil Young (yo solito). Foo Fighters. Bowie me gusta. Hablan de una Gran Peda frustrada. El humo me fastidia mucho siempre, el sabor en mi boca es detestable. El hielo me quema la lengua. Mi cabeza ya no gira, mi nuca pesa un chingo. Ya no hay colores. Espero una Gran Explosión, como Buba. O un cristo gimiente. 2 de octubre no se olvida (es el cumpleaños de Tito). Ya le están pegando a la mesa. Tengo ganas de vomitar. Asesinos seriales. Violentos. Hello darkness, my old friend... Sinatra, Cash, sin perdonar a God Dylan.

miércoles, 18 de agosto de 2010

A ti que te lo haces de baile de disfraces...

Podríamos dejar de pretender que existimos para el mundo y aunque a veces se me olvida la consabida metáfora de la flor de tus labios, me lo perdonarás cuando sepas que olvido también los mares que se supone encargo a mi memoria. Es borroso, sí, pero en cambio la nitidez de tu cuerpo deshojado me duele, me solivianta la voluntad. Puedo molestarme porque no puedo molestarme contigo y pensar en todas las cosas que dije, el carácter falsario de la realidad tomando posesión de mi cuerpo, pero en verdad no puedo estar triste como Huidobro sugiere. Podríamos hablar con gemidos y ser horrorosamente desolados como el Sin Cara de Miyazaki Hayao, ofrecer oro que pronto se convertirá en polvo por un poco de indulgencia, para aliviarnos el peso de ser leves. Tal vez prefieras la lectura de poesía asintomática, de un nuevo arte sin palabras que dejan de ser sonidos para ser colores flotantes, signos que todavía no se inventan para designar cosas que siempre han existido, como esta angustia por verte o la ternura con que te pienso, inseparable de lo que siento cuando veo un conejito. Podríamos vernos reducidos a cenizas, a arena blanca del viento, minúsculas partículas de sentimientos entrando y saliendo de los cuerpos que se apretujan en un nudo resbaloso. ¿No seremos, en suma, más que nuestro aliento? Puede parecerte una injusticia, pero, ¿y si esperamos primero a que se termine todo este caos? Que se reordenen el arriba y el abajo, que se nulifiquen las separaciones absurdas que nos mentimos a diario. Cada palabra será para nosotros juicio final. Los lugares comunes en nuestros recuerdos se devanecerán, serán arrastrados por años y años de nostalgias propias y remordimientos ajenos, ideas revoltosas y la inevitable destrucción de una línea temporal que se retuerce sobre sí misma (como la banda de Moebius). Podremos hablar de ello como si ayer aún no hubiera pasado, como si fuéramos profetas de un destino griegamente inexorable que se cierne sobre nosotros como la lluvia después de una larga farsa, arrancados los vestidos de una ridícula pretensión tan efímera como la muerte. Reducidos al mínimo de nuestro espacio, átomos circundantes de una carne que se pudre y que supura vida en olorosos borbotones, heridas incurables de historias heredadas, odios recalcitrantes de antepasados ya difuminados en ayeres infotografiables...

A lo mejor sigo enojado...

Estos dos últimos "cuentos" son en realidad introducciones a ensayos que presente como trabajos finales el semestre pasado para Literatura Inglesa y Filosofía del Lenguje respectivamente. Era un intento burdo de integrar dos categorías literarias (ensayo y narrativa) o de mezclarlas o de tratar de explicar una con la otra. El intento falló, parece ser, pero igual disfrute haberlo hecho. Éste último se llama "Aldoux Huxley and the issue of individuality". Está escrito en inglish, aunque luego lo traduje. No sé por qué lo explico, pero en fin, es como mi "nota del autor".


Introduction to an unusual essay.


-Parece que va a llover- el hombre enfrente apenas pudo contener su sorpresa.
-¿Llover? ¿Cómo sabe? ¿Alguna vez vio llover?- hay una especie de avariciosa envidia en su expresión.
-Yo ya soy viejo y vi muchas cosas antes de... bueno, antes.
Suprimió su mexicana característica y no hizo una pregunta innecesaria, se limitó a preguntar que cómo llovía.
-Pues no sé, el agua se junta en las nubes allá arriba en el cielo y luego las nubes se ponen muy negras y el agua se precipita sobre la tierra en forma de millones de gotitas, gotas o goterones que se estrellan contra el suelo y se escucha un rumor extraño, como el de las caídas de agua en las represas del oeste.
El hombrecillo repitió “el agua se precipita sobre la tierra en forma de millones de gotitas, gotas o goterones que se estrellan contra el suelo y se escucha un rumor extraño” como si todas las palabras de la oración fueran nuevas, recién descubiertas. Le era imposible imaginar tal espectáculo de la Naturaleza, lo que sólo acicateaba su curiosidad.
-¿Hace cuánto que no llueve?
-Por lo menos 35 años.
Ambos miraron hacia el horizonte oscuro pletórico de nubarrones amenazantes. Era común verlos, sí, pero no tan cerca. El accidente parecía inevitable y el hombre más viejo sonrió con amargura. “Como antes de que...”


A matter regarding the power of a bending-spoon mind and the traffic of narcotics.

Recargados ahí en la baranda podrían parecer padre e hijo, si no fuera porque había una especie de barrera emocional entre los dos, una barrera casi tangible, como una carga eléctrica flotante.
-¿Y hay que esperar mucho?
-No sé, a lo mejor ni llueve- una mueca de fastidio se dibujó en su boca.
-Pero ya estamos aquí, por qué no llovería.
-Porque ellos no quieren, sería un fenómeno demasiado perturbador para las nuevas generaciones.
-He escuchado que en las planicies del sur es donde tienen los campos de lluvia.
-Debe ser, muy pocos viven ahí y las extensiones son muy vastas, debe ser más fácil manejar los procesos.
-Conozco a alguien que fue.
-Eso es imposible, a menos que tu conocido sea uno de los Inspectores.
-Puede ser...- insinuó dándose una importancia de la que carecía.
Las nubes en el cielo comenzaban a alejarse con su preñez de agua.


The dissolution of the personality in the mass or “every one belongs to every one else”.

Una música suave comenzó a salir de los altoparlantes dispuestos en lo alto del edificio. El sonido era de una increíble nitidez aún al aire libre. Las ondas sonoras parecían penetrar los oídos de los dos hombres sin necesidad de viajar por el espacio, como si llegaran directas del origen a su destino. La dulce voz los invitaba a entrar al edificio porque pronto sería hora de que todos se recogieran a sus hogares. La voz era aterciopelada y sin embargo, el viejo no pudo evitar sentir un apremio exasperante, como si bajo la voz hubiera una orden estridente.
-Bueno, parece que no podremos ver llover, si es que sucede.
-¿Y por qué no?- preguntó el hombre encorvado contra la baranda.
-Ya escuchó la invitación. No deberíamos quedarnos aquí.
-Es una invitación, joven amigo, no lo olvide. Una invitación no tiene por qué ser aceptada- dijo ante el asombro que intentaba disimular el susto de su acompañante- ¿Se ha preguntado por qué accedemos siempre a sus invitaciones? No está prohibido quedarse...
-Pero horribles cosas le pasan a la gente que no... “acepta” las sugerencias de nuestro bien amado Orden Superior- interrumpió más asustado. Después de todo, tenía una clarísima disposición a asustarse ante la sola idea de no seguir al pie de la letra lo dicho por el altoparlante. Las cámaras de sonido estaban dispuestas en cada uno de los resquicios de la ciudad, y a los de personalidad mexicana les bastaba escuchar la meliflua voz para obedecer. En cambio, las personalidades de ambientes más hostiles, digamos el norte de Canadá, necesitaban de enérgicas órdenes para acceder. Separar a los seres humanos por personalidades fue un proceso lento y difícil, pero el Orden Superior se las había arreglado para lograrlo con escaso costo humano. “La vida es lo más valioso que tienes”, decían sin cesar miles de bocinas colocadas en todas las ciudades del mundo. Al principio era casi imposible distinguir lo homogéneo de las maneras de ser, pero luego de algunos años eran perfectamente iguales todos los individuos pertenecientes a una personalidad. Se incrustaban en las sociedades diversas personalidades, de otro modo sería un poco tedioso, pero un alemán en Alemania era exactamente igual a otro alemán en, digamos, el cono sur. El globo terráqueo estaba perfectamente dividido y al mismo tiempo unificado bajo un sólo mando mundial y todos se sentían contentos de que así fuera.


Pseudo-apocalyptic conclusions about uniformity or liberty as a burden.

Quizá una de las decisiones más acertadas del Orden Superior fue tergiversar la idea de libertad en cada individuo. “La libertad es un fardo pesado y ahora el mundo puede liberarse de él”, rezaban los altoparlantes a cada hora, decían todos los programas de todas las televisoras, las emisiones radiales de todas las radios, todas las páginas web. El argumento de más peso fue que la búsqueda de la libertad por parte del hombre de la antigüedad (algo de cien años era ya antiguo) había traído consigo las más funestas consecuencias: guerra, muerte, individualismo exacerbado, destrucción, imposibilidad de un orden social único en beneficio de todos y la soledad, mal terrible. Lo que nunca dijeron fue que la libertad no es un derecho conquistable, sino, como dice Ermilo Abreu, un estado de la conciencia del hombre.
-Baja tú, yo me quedaré un rato más.
Dudó unos momentos, pero pensó que esa era una oportunidad única y decidió quedarse a esperar. Las preguntas estaban reservadas a una difícil intimidad, eran escasas y sobre temas poco relevantes. Cuestionar al Orden Superior provocaba un terror indescriptible en todos los habitantes del mundo porque temían que colapsara dejándolos sumidos en la más terrible miseria y el más horroroso caos, como pregonaban siempre la tele, la radio y los altoparlantes. Se armó de valor y aún en contra de su acondicionamiento, preguntó:
-¿Cómo era antes?
-Era hermosamente distinto.
-Distinto...- pronunció como si no conociera la palabra- ¿Pero por qué? ¿No se ponían de acuerdo los hombres y mujeres en qué era lo mejor?
-No había por qué ponerse de acuerdo, cada quién respetaba el modo de vivir del otro.
-Eso es mentira. Los libros dicen que había guerras y disputas interminables entre todos los pueblos.
-Sí, las había precisamente porque unos no respetaban el derecho natural de los otros.
-El derecho natural... “es derecho natural del hombre ser feliz”.
El hombre viejo soltó una risita.
-Los hombres que provocaron las guerras y disputas son los mismos hombres que ahora dominan el mundo.
-Eso es una blasfemia. El mundo no está dominado por hombres, sino por el Orden Superior.
-¿Y qué es el orden superior sino un puñado de hombres disfrazados?
-Amigo mío, eso ya es demasiado. No puedo consentir que diga usted esas cosas.
-Pronto me acabaré, no me importa, pero quisiera ver llover.
Voltearon a mirar las nubes y advirtieron unas columnas de humo subiendo desde la plataforma de un enorme edificio gris. La Central de Control Ambiental estaba tratando de evitar que lloviera.
-Tus amigos no quieren ver uno de los espectáculos más maravillosos de la naturaleza.
-No deberíamos estar aquí- insistió nervioso el hombre joven sin dejar de mirar el cielo y las columnas de humo morado. En verdad quería irse, estaba asustado, pero no podía moverse, una fuerza extraña lo mantenía pegado al suelo.
-Ahora sólo nos queda esperar.
Unas gotitas tímidas empezaron a caer desde el cielo. El hombre viejo rió con ganas y el joven miraba el cielo con una sorpresa que jamás había sentido.

Creo que estoy enojado...

PRELUDIO A UN CUENTO FANTASMAGÓRICO DIVIDIDO EN TRES MAQUIAVÉLICAS SECCIONES

La muerte y sus adorables amigos.
“Yo soy mi boca. A veces desearía ser mi boca cerrada. No sé qué voya hacer si aún falta un día para verte. No tenías derecho a pedirme esto, a mí estas cosas casi casi me molestan. ¿Que qué es la palabra? Anda tú a saber, mis honduras filosóficas siempre llegan a cuchara. Pero bueno, hagamos un intento de discurrir sobrel asunto: las palabras son unas perras, ¿no? Porque ni modo de definirlas, entonces pues les ponemos el epíteto más feo, el más agresivo, el más ofensivo y no queda de otra. Yo por ejemplo: la verdat no sé si existo y por más que le doy vueltas no llego a ninguna conclusión y sigo llegandoal mismo lado: yo soy esa palabrita que me repito insistentemente, mi mantra personal. Caray, es más difícil de lo que creía, pensé que era cosa de sentarme frente a la computadora y que lo demás iba a salir solo. Pero volvamos al tema: yo soy una palabra y todo es una palabra. Piensa en algo y trata de no pensar en la palabra que encierra ese algo. Te reto. Te equivocas cuando dices que uno es lo que ve, no no no, uno es lo que se piensa. Uno es la palabra que lo define. Por ejemplo: si yo me llamara diferente sería una persona diferente, ¿me explico? No sería Francisco, sería Ramón o Adrián o algo así, es decir, otra persona. Las palabras son entonces formas que apresan un contenido, son casa y cárcel y plataforma y escudos y armas de todo tipo. Como eso que yo te dije el domingo en el jardín Guerrero: me describo con rabiosa crueldad porque así me defiendo. Mis definiciones me protegen contra tu crueldad, entre más duro soy conmigo, más difícil es para ti serlo. Si yo me destruyo no te queda nada a ti para destruir o en el mejor de los casos puedo decirte: ya lo sabía, eso feo que tú piensas de mí yo ya lo pensé y más ojete, ¿me explico? Y entonces como que tus críticas, por duras y severas que sean, comparadas con las mías son dulce y suave miel. Las palabras también son cárcel porque imagínate a esa gente que se la vive pensando que no vale la pena. Te aseguro que se sienten así porque alguien les dijo: no sirves para nada. Porque hay gente así de mala leche y tú te quedas con esa idea bien prendida en tu cerebrito y arrancarla cuesta mucho. O piensa en cómo funcionan las cosas en la tele, te dicen que todo va bien, te embaucan y tú que te la crees completita, te venden una realidad (con palabras, claro) y es la única que hay, ahí tencierran, ahí te cortan las alitas de pollo. Te pongo un ejemplo más aterrador: “te lo dije”, a ver, trata de huirle a una telodije. Es como una caja para bestias. Cuando alguien te previene te sugestiona, te marca una directriz aunque no quieras. Y luego muy ufana esa persona te espeta “telodije, ¿ves cómo tenía razón?” Tener razón también es una jodida prisión. Me acordé que dijiste que querías limpiar tu cerebro con hilo dental, qué risa me da. El chiste, Carla, es que cuando yo pienso en mí no pienso en imágenes, jamás, pienso en palabras, en las letras brillantes o mate que fulminan mi mente como rayos eléctricos. El lenguaje me constituye entero.

Digresión inacabada.
Hace rato vino Águeda a preguntar por ti y le dije que no sabía, luego hizo como que volaba y se fue por la ventana, ¿puedes creerlo? Así pasa cuando se enoja, se envuelve en aire y dejas de verla. Sucede también que hay días que salgo a la calle y me invaden torbellinos de animalitos desconocidos y las líneas de los edificios toman una cualidad acuática, como si fueran materia maleable al calor y se tambalean, se sumerge la materia en un espacio devastador que todo lo cuadra y al mismo tiempo dejan de ser los lineamientos para convertirse en contornos y no entiendo nada*. También vino tu mamá preguntando por la mía. Traía un jorongo a pesar del calor tan sofocante que hace. A veces las ideas están ahí, intangibles, ocultas y escurridizas y las descubres hasta que las pronuncias. Así de fácil. Lo lees o te lo platican y de repente ¡zas!, eres poseedor de una idea, de un algo claro y tangible que de no haber sido pronunciado seguiría siendo una masa amorfa y negra, indefinible y pastosa. Las palabras nos dan mundo, lo encierran y lo hacen al mismo tiempo. Nuestro lenguaje es también nuestra manera de pararnos frente a “la realidad” (una palabra más bien salvaje) y decir: heme aquí, este soy yo.


Miseria mental y un descubrimiento aterrador.
La memoria es un verdadero delito, un error gravísimo en el que los recuerdos se revuelven, se esconden en vericuetos inaccesibles y luego hay que andarlos siguiendo rogándoles que aparezcan. Y se burlan de uno, hacen muecas, se mezclan sin pudor unos con otros. Por ejemplo: no me acuerdo si me dijiste que querías ir conmigo o si dijiste que “me acuerdo que no querías ir conmigo”. ¿Has pensado en la dicotomía todo y nada? Es que es casi estúpido, no significan nada porque no existen. Y son esenciales para nuestra cosmogonía. O el tiempo. ¿Qué es el tiempo? Un invento, una broma pesada a la que no conformes con el desconcierto adornamos con medidores de todo tipo, desde clepsidras hasta relojes suizos tan exactos que uno se pregunta para qué servirán. Las palabras también pueden ser huecas como tronco de árbol podrido, resonancias tenues de algo más, de una voz que se niega a salir descubierta de ropajes sonoros, ¿no? Sonidos etéreos e intocables, pretextos para no pensar que estamos muertos o somos producto de una perversa imaginación, razones de más que enmascaramos o máscaras las palabras mismas, llenadero de una inexistencia que no conseguimos soportar. Antes, o a lo mejor sucederá en el futuro, o a lo mejor ahoritita mismo, me daba por caminar preguntándome un montón de cosas irrespondibles y jugaba y ahora verte es como barrer con mi tristeza, me la pones en un bote de basura y:
-Te digo que...
-Pero si está...
-No te sabes...
-¿Quieres que lo haga con...
-Si no soy tan...
-Venía montado en caballo un...
-Es muy poco probable que un animal...
-Tienes razón...
-¿Quieres ir a tomar...
¿Me explico? Te digo que no entiendo nada y lo peor es que no puedo poner la mente en lo que se dice blanco porque blanco ya es un pensamiento como de manicomio. Te contaba que antes, o ahora o después, yo imaginaba cosas obscuras, seres de inhumana figura que se contorsionaban en giros y evoluciones bien raras, como si estuvieran hechos de gasa. Y había todo un mundo de ellos acechándome en las calles y debajo de mi cama y yo andaba así, asustado y con ganas de llorar a cada rato, pidiendo con muda expresión colores brillantes y farolas para calmarme y había noches en las que gritaba porque las sombras parecían más, cómo decirlo... delgadas o transparentes o traslúcidas, no sé bien, pero me aterraba pensar que había sombras nítidas y definidas y otras que no, que eran como sombras de aire, aunque el aire no pueda tener sombra. Pienso que era la ilusión de caer en un vacío o mucho peor: flotar en un vacío, sin caer, sin salir, sin luz, nomás así, nadando en una alberca de negrura. ¿Sabes qué hice para deshacerme de las cosas esas? Un día les dije: váyanse. Y se fueron. ¿Por qué crees que los conjuros son mágicos? Pues porque son palabras inexpresables, no los decimos para alterar el exterior, no no, son para cambiar nuestro mundo interior. Ahora abrir los ojos es un fiestón, puedo conjurar cualquier cantidad de criaturas, incluso puedo llamarte a ti y ¡plam! ¡plap!, te materializas en mi habitación. Descubrí el lenguaje, pues”.

miércoles, 11 de agosto de 2010

Mira en tu buzón...

Murmuró algo acerca de la guerra desatándose o Es La Guerra. Al parecer porque el viento se había violentado o porque el viento atacó fiero los portales de las casas. Hay cosas, es de suponerse, que no pueden ser dichas o que pueden decirse de maneras infinitas, que al caso da lo mismo. Es decir que hay ciertas cosas para las que no existe denominación porque habría que elegir una y sólo una. ¿Llamarías tú "silencio" al vaso roto que desangró al suicida? ¿"Maraca" a ese objeto que se sostiene sobre tus hombros? Lo peor vendrá después, cuando empieces a nominalizar los borbotones de ira que salen de tu pecho o la ternura que escapa de tu boca. Aunque tal vez exagero. ¿Cómo llamarás a los niños del "Amor de tu Vida"? ¿Hijos? ¿Sobrinos? ¿Amantes? Pongamos entonces que tu cuerpo se abre como un loto. ¿Medirás el tiempo? ¿Nombrarás a los segundos, cada uno, transcurriendo? Apuesto a que te entristecería eso y que terminarás por llamarte Margarita o Amaranta. O cualquier nombre que se te ocurra.

Al principio no podía articular los horrores que eran común mercancia en su ________ porque pensó que verbalizarlos provocaría su "convocación", que se aparecerían con sus enormes figuras sedosas, negras, como enormes aves surcando un cielo rojo. Un rojo ________. O que volvería a la tierra, al continuo fastidio de respirar el mismo aire, a inhalar el mismo oxígeno. Se puso a pensar en que nadie elige con que veneno se mata. Una larga hilera de botecitos en un largo estante de madera. La tienda está cerrada. Venga y agarre, que son baratos. ¿Has pensado que no podemos decidir si pensar o no? Me voy a clases.

domingo, 1 de agosto de 2010

Inocuidades

Estos días tuvo alguna resonancia el caso de una marca de cosméticos que planeaba lanzar una línea de, ¡adivinaste!, cosméticos inspirados en las muertas de Juárez. Algunas de las fotos eran hasta bonitas. Me dio muchísima risa y yo de buen gusto les aplaudía. Inmediatamente se creó una ola de rabia y repudio ante tal campaña por parte de las ONG y la población en general, que entendieron la idea como un insulto y una banalización de un fenómeno deleznable que provoca dolor e impotencia. Estoy de acuerdo con ellos, pero no por eso deja de ser graciosa la idea. A mí me parece una burla directa a la sociedad y las autoridades, no a las muertas. Digo esto por lo siguiente: el caso de las muertas de Juárez, y no quiero entrar en controversias, el tema es secundario en este testo, es odioso, sí, pero la cobertura mediática que arrastra me parece una exageración. Han convertido este suceso en una excusa, en una noticia que vende, que atrapa, que indigna. Hasta ahí. Sustento esto para que las feministas no me apedreen en la calle: ¿alguien hace algo por las miles de muertas que deja como saldo cada año el DF? ¿Hay castigo para los culpables de los asesinatos de mujeres en Chiapas? Y lo mismo sucede en Oaxaca, Guerrero y en muchas ciudades donde las mujeres son un sector vulnerado y despreciado (pensemos en las putas). Pasemos ahora al tema central de este testo, que es la inocuidad de la opinión pública. La marca de cosméticos, asediada por ONG y medios se ve obligada a retirar la campaña y a pedir públicamente disculpas. Muy bien, lo celebro. Ahora pensemos: ¿en qué otros casos la opinión pública ha solucionado un problema político o social o hecho una reclamación que de hecho sea escuchada? Escucho los grillitos. A veces me parece que soy un defensor de las ratotas anquilosadas de los priístas, pero veamos, hagamos memoria (ejercicio que casi nadie practica ya): en los años de "la dictadura perfecta" (como la llamó Vargas Llosa) de nuestro país, es decir, durante el reinado del PRI en México, la voz popular importaba un pito y era reprimida toda acción o protesta contra el gobierno. Nada nuevo, sigue pasando. La libertad de prensa no existía, los medios eran pagados y silenciados. Sigue pasando lo mismo. PERO, con la creación de una oposición importante y aún más, con la victoria de esta oposición en los comicios nacionales, se destapó la cloaca. Antes los medio dedicados al desprestigio del gobierno eran mínimos y era peligroso escribir sobre eso. La opinión razonada y crítica era un lujo que sólo algunos se podían dar y los espacios para ello eran casi nulos. Ahora, gracias a la "alternancia de poder" (otra cosa de risa loca) y al interné, hay un mundo de información sobre los abusos del poder y todas las pendejadas que hacen los señores de las sillotas. Ahora se exhorta a la población a denunciar la corrupción, los abusos y ese tipo de linduras, se le dice que está protegida, se crean dependencias especializadas en la lucha contra el crimen, tenemos ya un número de emergencia en casi todas partes, hay chingos de policias, se supone que los medios ya no son acallados, ya no matan a los editores de periódicos clandestinos. Siguen agarrando y matando reporteros, pero bueno, eso pasa hasta en los países de "Primer Mundo" (no me han dicho donde está el segundo mundo ni los subsecuentes). Lo que me parece paradójico es que ahora, cuando hay ventanas de libre expresión, cuando la voz de denuncia puede ser escuchada por millones, ¡no pasa nada! ¿De qué nos sirvió conquistar el "derecho inalienable de la libertad de expresión"? ¿De qué sirve poder denunciar los abusos del poder si no ha habido, no hay y nunca habrá justicia? Ya no digamos castigo. La opinión pública es inútil, una verdadera falacia. Nos hemos convertido en una sociedad inocua con severo retreaso mental. Por más que gritemos, por más que leamos historias de terror todos los días, por más que en los medios masivos se hagan públicos los desórdenes del poder, nunca va a pasar nada. ¿Y por qué? Porque estamos esperando que el gobierno haga lo que debe hacer. Me mata de risa. El gobierno, cuando no defiende los intereses de lo que es su razón de ser, es decir, la mayoría, se nulifica a sí mismo. Nuestro gobierno no existe, no como tal. Cuando se tiene absoluto poder sobre las leyes se está fuera de las mismas. La novela gráfica The Watcham puede tener miles de analogías, pero me parece que el punto central es obvio, incluso es la leyenda del cómic: ¿Quién vigila a los vigilantes?

La opinión pública sirve para defender causas que afectan el cotilleo, las apariencias. ¿Alguien en su sano juicio mantendría en su puesto a, por ejemplo, Ulises Ruiz, luego de saber todas las atrocidades de su gobierno? ¡Sucedió, señoras y señores! Para los verdaderos cambios, la mayoría no sirve de nada. El ciudadano común, espina dorsal del sistema, es el único que puede cambiar en algo la situación de enorme desigualdad social y no tiene ninguna gana de hacerlo. Somos, y esto se han cansado de repetirlo los postmodernos, humanos apáticos, vencidos, manipulados. La libertad social que tanto alaban no se logra a través de la masa, sino de la individualidad. Se habla mucho del cambio, de que ahora se puede insultar al presidente sin ser reprimido (en algunos casos es cierto), pero ¿y qué? ¿De qué nos sirve denostar al gobierno si no estamos dispuestos a hacer nada para cambiarlo? Si la opinión de la mayoría, informada o no, no sirve para dictar el rumbo de los acontecimientos, es un ejercicio idiota y fútil. Los gobernantes, cuando dimiten, no lo hacen presionados por el escarnio y el repudio de la sociedad, lo hacen para proteger una apariencia. Pero sólo los mueven de lugar. Los verdaderos dirigentes del gobierno no cambian. La renuncia a un puesto político es un reacomodo. Quitar monos no sirve de nada si el nuevo mono va a ser igual o peor. ¡Bienvenido, nuevo secretario de Gobierno Federal!