Estos días tuvo alguna resonancia el caso de una marca de cosméticos que planeaba lanzar una línea de, ¡adivinaste!, cosméticos inspirados en las muertas de Juárez. Algunas de las fotos eran hasta bonitas. Me dio muchísima risa y yo de buen gusto les aplaudía. Inmediatamente se creó una ola de rabia y repudio ante tal campaña por parte de las ONG y la población en general, que entendieron la idea como un insulto y una banalización de un fenómeno deleznable que provoca dolor e impotencia. Estoy de acuerdo con ellos, pero no por eso deja de ser graciosa la idea. A mí me parece una burla directa a la sociedad y las autoridades, no a las muertas. Digo esto por lo siguiente: el caso de las muertas de Juárez, y no quiero entrar en controversias, el tema es secundario en este testo, es odioso, sí, pero la cobertura mediática que arrastra me parece una exageración. Han convertido este suceso en una excusa, en una noticia que vende, que atrapa, que indigna. Hasta ahí. Sustento esto para que las feministas no me apedreen en la calle: ¿alguien hace algo por las miles de muertas que deja como saldo cada año el DF? ¿Hay castigo para los culpables de los asesinatos de mujeres en Chiapas? Y lo mismo sucede en Oaxaca, Guerrero y en muchas ciudades donde las mujeres son un sector vulnerado y despreciado (pensemos en las putas). Pasemos ahora al tema central de este testo, que es la inocuidad de la opinión pública. La marca de cosméticos, asediada por ONG y medios se ve obligada a retirar la campaña y a pedir públicamente disculpas. Muy bien, lo celebro. Ahora pensemos: ¿en qué otros casos la opinión pública ha solucionado un problema político o social o hecho una reclamación que de hecho sea escuchada? Escucho los grillitos. A veces me parece que soy un defensor de las ratotas anquilosadas de los priístas, pero veamos, hagamos memoria (ejercicio que casi nadie practica ya): en los años de "la dictadura perfecta" (como la llamó Vargas Llosa) de nuestro país, es decir, durante el reinado del PRI en México, la voz popular importaba un pito y era reprimida toda acción o protesta contra el gobierno. Nada nuevo, sigue pasando. La libertad de prensa no existía, los medios eran pagados y silenciados. Sigue pasando lo mismo. PERO, con la creación de una oposición importante y aún más, con la victoria de esta oposición en los comicios nacionales, se destapó la cloaca. Antes los medio dedicados al desprestigio del gobierno eran mínimos y era peligroso escribir sobre eso. La opinión razonada y crítica era un lujo que sólo algunos se podían dar y los espacios para ello eran casi nulos. Ahora, gracias a la "alternancia de poder" (otra cosa de risa loca) y al interné, hay un mundo de información sobre los abusos del poder y todas las pendejadas que hacen los señores de las sillotas. Ahora se exhorta a la población a denunciar la corrupción, los abusos y ese tipo de linduras, se le dice que está protegida, se crean dependencias especializadas en la lucha contra el crimen, tenemos ya un número de emergencia en casi todas partes, hay chingos de policias, se supone que los medios ya no son acallados, ya no matan a los editores de periódicos clandestinos. Siguen agarrando y matando reporteros, pero bueno, eso pasa hasta en los países de "Primer Mundo" (no me han dicho donde está el segundo mundo ni los subsecuentes). Lo que me parece paradójico es que ahora, cuando hay ventanas de libre expresión, cuando la voz de denuncia puede ser escuchada por millones, ¡no pasa nada! ¿De qué nos sirvió conquistar el "derecho inalienable de la libertad de expresión"? ¿De qué sirve poder denunciar los abusos del poder si no ha habido, no hay y nunca habrá justicia? Ya no digamos castigo. La opinión pública es inútil, una verdadera falacia. Nos hemos convertido en una sociedad inocua con severo retreaso mental. Por más que gritemos, por más que leamos historias de terror todos los días, por más que en los medios masivos se hagan públicos los desórdenes del poder, nunca va a pasar nada. ¿Y por qué? Porque estamos esperando que el gobierno haga lo que debe hacer. Me mata de risa. El gobierno, cuando no defiende los intereses de lo que es su razón de ser, es decir, la mayoría, se nulifica a sí mismo. Nuestro gobierno no existe, no como tal. Cuando se tiene absoluto poder sobre las leyes se está fuera de las mismas. La novela gráfica The Watcham puede tener miles de analogías, pero me parece que el punto central es obvio, incluso es la leyenda del cómic: ¿Quién vigila a los vigilantes?
La opinión pública sirve para defender causas que afectan el cotilleo, las apariencias. ¿Alguien en su sano juicio mantendría en su puesto a, por ejemplo, Ulises Ruiz, luego de saber todas las atrocidades de su gobierno? ¡Sucedió, señoras y señores! Para los verdaderos cambios, la mayoría no sirve de nada. El ciudadano común, espina dorsal del sistema, es el único que puede cambiar en algo la situación de enorme desigualdad social y no tiene ninguna gana de hacerlo. Somos, y esto se han cansado de repetirlo los postmodernos, humanos apáticos, vencidos, manipulados. La libertad social que tanto alaban no se logra a través de la masa, sino de la individualidad. Se habla mucho del cambio, de que ahora se puede insultar al presidente sin ser reprimido (en algunos casos es cierto), pero ¿y qué? ¿De qué nos sirve denostar al gobierno si no estamos dispuestos a hacer nada para cambiarlo? Si la opinión de la mayoría, informada o no, no sirve para dictar el rumbo de los acontecimientos, es un ejercicio idiota y fútil. Los gobernantes, cuando dimiten, no lo hacen presionados por el escarnio y el repudio de la sociedad, lo hacen para proteger una apariencia. Pero sólo los mueven de lugar. Los verdaderos dirigentes del gobierno no cambian. La renuncia a un puesto político es un reacomodo. Quitar monos no sirve de nada si el nuevo mono va a ser igual o peor. ¡Bienvenido, nuevo secretario de Gobierno Federal!
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