jueves, 29 de julio de 2010

Cuento pseudosimbolista

Se quedó dormida en su flotante nube y dijo: me callo, para volar me basta el cielo. Él le había dicho, presa de muda consternación: soy un círculo sin fin, un círculo atemporal (el sueño retumba en su bóveda craneal). Ella miró hacia abajo y dijo: me voy a bajar. Él la detuvo: estás en una nube (una nube de oscuridad). Qué tiene, provocó ella llena de voz aérea. Bueno, nada, pero... ¿y los pájaros? Qué les pasa a los pájaros. Puede que sientan envidia. Lo merecen, en todo caso. ¿Cómo es que puedes dormir tanto?, cambió de tema, incómoda. Qué raro que nada duermas, respondió él, la mano de ella colgando de la nube. Lo malo de aquí es la ausencia de sombras. La falta de agendas es una compensación justa. Se me había olvidado, ¿me seguirías a otra nube? Para qué quieres cambiar, apenas llegamos a ésta. Me aburro. ¿Terriblemente? Enormemente. Pues entonces es preferible bajar. Pero extrañaría el cielo del amanecer, ¿será posible llevárnoslo? Pienso que estará muy pesado, la gente puede confundirlo con centella y asustarse. Me niegas todo placer. Está bien, pídele permiso. Sííí, dijo emocionada, lo llevaré en mi bolsillo y cuando extrañe el cielo lo contemplaré y así quedará estática la nostalgia. Nada peor que el estado estático. Por eso lo digo. ¿Sí cabrá en tu bolsillo? Espero que sí, de lo contrario tendrás que cargarlo y dejarme verlo cuando quiera, serás el Atlas del sol. El problema, como lo veo yo, sería la incursión de algún Hércules, imposible será resistirme y me pondría celoso si vas a verlo. Claro que podrás resistir, yo te alentaré. Mejor pensar en ir a verlo, ya empieza a bostezar. ¿Y qué viento nos arrastrará hasta él? Mi cabeza está en blanco, habrá qué esperar. Eeeeh, adoro las excursiones. Pero dije “esperar”. Por eso, esperar es lo único que nos queda. Me niego. ¿Podemos ir en un rayo de luz? Es cosa de intentar. Eeeeh, adoro las excursiones.

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