domingo, 18 de julio de 2010

"Juventudes del PRI" (me da mucha risa).

Hoy es día de mercado en Jalpan, es decir que bien podría ir a comprar galletitas de avena y arroz; no obstante, mi estúpida vanidad intelectual es más fuerte. Encuentro recién un placer malsano en discurrir o tratar de explicar algunos de mis testos. Quiero hacerlo sobre el último. Si bien comparto la opinión de Josemi sobre los señores que escriben los discursos de nuestros bienamados e imbéciles políticos, el personaje de este testo quiso ser de algún modo diferente. Digo que quiso porque me he dado cuenta de que hay personajes que existen más que el propio autor que el autor inventa para escribir. Cuestiones Italocalvinistas que darían para mucho más. He notado que en los discursos políticos hay siempre una imbecilidad que me insulta. No es sólo que sean una cubierta hipócrita, sino que están pésimamente redactados. Muy aparte de que todos sabemos que están dirigidos a personas de un reducidísimo IQ (sin ofender a estas personas) y que son puras patrañas, el sesquipedalismo es una insolencia difícil de tolerar por más de 10 minutos y las expresiones serias y concentradas de nuestros dirigentes me causan asco, más cuando intentan darle un toque de sincera confidencia a su tono. Y los textos por sí solos son malísimos. Hace poco le decía a un compañero, respecto a ciertos incidentes en la facultad, que yo prefería ser manipulado por alguien con sesera o por lo menos con estilo. Es lo mínimo que uno puede pedir. Por eso pensé, y sigo pensando, que prefiero a Gortari que a, digamos por ejemplo, Fox. Gortari tenía una retórica por momentos irresistible y era un verdadero cabrón, era un genio. No que por ello chingara menos al país. Ha sido quizá uno de los presidentes más leoninos que hemos sufrido (a los presidentes no se les tiene, se les sufre) y sin embargo el señor nunca se despeinó (esta alusión me tuerce de risa). Fox también chingó al país, robó lo mismo o más o tal vez, esperanzas inútiles, menos, pero era un imbécil impasable, un payaso lastimero. No estoy diciendo que uno haya sido mejor o peor que otro, sino que preferiría a un señor que me engaña con su inteligencia a otro que me insulta con su imbecilidad. Es una cuestión de risa. A mi modo de ver hay algo que no siempre vemos o no queremos ver: acusamos a los políticos de manera injusta. Me explico antes de que me peguen: los políticos son títeres, pero como no conocemos al titiritero, le echamos la culpa a las monitos que otros mueven con sus hilos. Atacar al sistema por eso resulta tan difícil, tan abrumador. Nadie conoce a los titiriteros o nadie tiene acceso a ellos. Lo que sale en las noticias, lo que podemos "saber" o "conocer" es decidido por ellos. Los procesos mentales necesitan de un cuerpo ejecutor. Pero por supuesto el cuerpo es lo único que podemos golpear. Es una falacia infantil que los políticos ostentan el poder. Lo ostentan quienes los pusieron en la sillita. El poder de los políticos se reduce a una imagen, si bien hay excepciones, como Berlusconi, que de ser más listo jamás se hubiera postulado para presidente de Italia. O no más listo, menos egocentrista, que es por lo que todos caen al final. El poder es una oscuridad. Además, culpar a los gobernantes es también eximirnos de una culpa que nos pertenece en gran parte. No olvidemos que somos, supuestamente (aquí río otra vez), una democracia representativa, no directa. Hay que agarrarse bien lo calzoncitos para aceptar que cada pueblo tiene el gobierno que merece. Nuestro esfuerzo y nuestra apatía son lo que mantienen a todos los parásitos mundiales. Eso da para disertaciones muy muy largas y tengo calor. Termino esta digresión para regresar al asunto que me atañe: el testo. El personaje no es común y, a como se concibió, tiene cierta sabiduría. No pretende cambiar nada sustancial, le importan un pito los problemas sociales y está cómodo con su posición. En esto es parecido a la mayoría de los señores de su estilo. En lo que se diferencia es en que es absolutamente sincero al respecto. No le importa y no pretende otra cosa. Lo único que quiere es escribir bonitos discursos. Punto. Este tipo de personajes, cuando son escritos por verdaderos escritores, me encantan. Son personajes que existen por sí solos y son además interesantes, una especie de epicúreos modernos. La poesía política es tan absurda que de suyo es divertida.El problema de éste viene después cuando pretende que un público idiota sepa apreciar los discursos en su totalidad, tan plagados, como los pretende, de poesía parnasiana. Ahí es cuando da al traste con su vida, cuando espera algo de un lugar de donde nada puede esperarse. Es una alegoría al mundo bastante ramplona, pero para mí es efectiva. Pero todos tenemos nuestras propias y mudables interpretaciones. Como dijo Ian Curtis: mis letras están ahí para ser interpretadas.

1 comentario:

  1. Epicúreos Modernos, sólo atraxia. Creo que no puede existir mejor definición. Excelso tu texto.

    ResponderEliminar