Se quedó dormida en su flotante nube y dijo: me callo, para volar me basta el cielo. Él le había dicho, presa de muda consternación: soy un círculo sin fin, un círculo atemporal (el sueño retumba en su bóveda craneal). Ella miró hacia abajo y dijo: me voy a bajar. Él la detuvo: estás en una nube (una nube de oscuridad). Qué tiene, provocó ella llena de voz aérea. Bueno, nada, pero... ¿y los pájaros? Qué les pasa a los pájaros. Puede que sientan envidia. Lo merecen, en todo caso. ¿Cómo es que puedes dormir tanto?, cambió de tema, incómoda. Qué raro que nada duermas, respondió él, la mano de ella colgando de la nube. Lo malo de aquí es la ausencia de sombras. La falta de agendas es una compensación justa. Se me había olvidado, ¿me seguirías a otra nube? Para qué quieres cambiar, apenas llegamos a ésta. Me aburro. ¿Terriblemente? Enormemente. Pues entonces es preferible bajar. Pero extrañaría el cielo del amanecer, ¿será posible llevárnoslo? Pienso que estará muy pesado, la gente puede confundirlo con centella y asustarse. Me niegas todo placer. Está bien, pídele permiso. Sííí, dijo emocionada, lo llevaré en mi bolsillo y cuando extrañe el cielo lo contemplaré y así quedará estática la nostalgia. Nada peor que el estado estático. Por eso lo digo. ¿Sí cabrá en tu bolsillo? Espero que sí, de lo contrario tendrás que cargarlo y dejarme verlo cuando quiera, serás el Atlas del sol. El problema, como lo veo yo, sería la incursión de algún Hércules, imposible será resistirme y me pondría celoso si vas a verlo. Claro que podrás resistir, yo te alentaré. Mejor pensar en ir a verlo, ya empieza a bostezar. ¿Y qué viento nos arrastrará hasta él? Mi cabeza está en blanco, habrá qué esperar. Eeeeh, adoro las excursiones. Pero dije “esperar”. Por eso, esperar es lo único que nos queda. Me niego. ¿Podemos ir en un rayo de luz? Es cosa de intentar. Eeeeh, adoro las excursiones.
El blog tiene como propósito nomás poder sacar mi obsesión por todo, no tiene mayores pretensiones. Entiendo que lo que pongo puede desagradar y que peca de simplista. Son cuentitos medio raros de gente medio simple. Por cierto, yo no hago literatura, yo hago cuentitos. Salut!
jueves, 29 de julio de 2010
Una minúscula ficción
Yo a esta mujer le di todo mi dinero, ¿verdá señor que tenía derecho a esperar algo?- dijo don Eustaquio Ramírez al ser fotografiado frente a un charco de sangre.
¿Serán los dioses ocultos o serás tuu uu uu uuuuu?
Para Adriana.
Recientemente se publicó un estudio de un grupo de investigadores de la Universidad Autónoma Metropolitana, liderado por el Dr. Juan José Ojeda, reconocido sociólogo. Los resultados de la investigación se dieron a conocer en sendas conferencias de pobrísima asistencia y en revistas especializadas en que la crítica se mostró severa y el público desinteresado. Sin embargo, quiero hablar sobre ella y hacerle el debido reconocimiento puesto que la investigación es muy interesante y sorprendente. Al principio, el objetivo primordial de los investigadores era hacer una lista sobre demonología México-prehispánica. Algunos intentos ya se habían hecho, el estudioso católico Fray Francisco de Pierre, en el siglo XVII fue el primero, pero muy titubeantes y habían tenido conclusiones dudosas y no bien documentadas. Sobra decir que la gran mayoría de demonios que formaban parte del pandemonio mexicano eran dioses prehispánicos reducidos a esa condición cortesía de la graciosa intervención católica como parte del proceso evangelizador.
Lo que era un simple estudio demonológico pronto se convirtió, por inercia, dicen los autores, en una nueva investigación referente a un interesante cambio registrado en el país en cuanto a la concepción teística. Al parecer, como parte de los cambios sociales y culturales, emerge en México una nueva cosmovisión. Se discutió mucho al principio sobre si la muerte mexicana debía ser o no ingresada en el estudio y fue a partir de las pesquisas realizadas entre la población que se decantaron por el enfoque recién descubierto. Al final la muerte que gravara Posadas se incluyó como "Deidad Menor". En lo que respecta a la "Santísima Muerte", los investigadores no se molestaron en incluirla. Sobre la investigación per se no quiero explayarme, apenas mencionarla, porque considero importante que el lector la siga por sí mismo. La pueden encontrar en la página de la Universidad www.investigacionesuam/ojedademono/deptoinv.mx
Enumerar los diversos y vastos resultados de esta investigación sería muy tedioso y no quiero abusar de la paciencia del lector, por lo que enlisto algunos de los descubrimientos más significativos e intrigantes en mi opinión. La investigación se titula “Los Nuevos Dioses” y se refiere a una nueva generación de Dioses que salen del imaginario popular. Se nombra una miríada de deidades desconocidas en el espacio académico y religioso, que sin embargo tiene un impacto social en las clases populares, y aún en las altas, muy particular. Se habla de una nueva teogonía, sobre la que no hablaré aquí, y de una desconcertante visión de un mundo plagado de seres extraños que habitan en todos los rincones del país. “Los Nuevos Dioses” son clasificados en varias categorías, de las que mencionaré algunas. “Nuevos Antiguos Dioses”, “Deidades Novísimas”, “Dioses extraídos de la cotidianidad”, “Deidades derivadas del cristianismo”, “Dioses imperceptibles”, “Nuevos Dioses Urbanos”, “Dioses imaginarios”, “Dioses rescatados del desuso”, “Deidades en evolución”, etc. A continuación enlisto a los 15 dioses que son para mí más interesantes y sorprendentes:
1.- El Dios Dinero. Este dios pertenece a dos categorías “Nuevos Antiguos Dioses” y “Dioses imperceptibles”. Algunas cosas curiosas sobre éste son que tiene una iconografía propia (representada por una enorme moneda de oro con una efigie de un efebo de dorados cabellos) y que su culto está tan extendido que existe en todas las civilizaciones; tan es así que los investigadores descubrieron que a los pueblos que carecieron de él no se les considera civilizados. Se supone entonces que es un signo de civilidad. Presidiría el panteón completo de las categorías en que está incluido.
2.- El Dios de la prisa. De éste hay imágenes en veladoras que muestran a un Hermes subiendo a un camión. Pertenece a los “Nuevos Dioses Urbanos”.
3.- El Dios de los Semáforos. Éste es de mis favoritos. Si se está en su gracia, se encuentra con puros verdes. Muy socorrido por los por los choferes de las rutas y oficinistas después del trabajo. De “Los Nuevos Dioses Urbanos”.
4.- Dios de los asesinatos. A éste se le hacen ruegos para no ser víctima de la nueva guerra contra la población que han iniciado los señores de las sillotas. De los “Dioses del Terror”.
5.- Deidades de flora y fauna. Están muy en boga entre los ecologistas. Son muchísimos y rigen la vida de todas las plantas y animales. Se pueden comprar altares en las tiendas de mascotas. En la categoría de “Nuevos Antiguos Dioses”.
6.- Dios de los políticos. Éste es tan divertido que se incluyó en una categoría llamada precisamente así, “Dioses divertidos”.
7.- Dios de los imbéciles. De los “Dioses imperceptibles”. A éste se le considera más ídolo que Dios, aunque no está muy claro el papel que desarrolla. Se le asocia a la Deidad de la Felicidad.
8.- Deidades de los sentimientos. Son muy variados. Se pretendía incluir a algunos escritores, pero no se hizo para evitar envidias y herir susceptibilidades. Pertenecen a los “Nuevos Antiguos Dioses”. Son deidades voluptuosas en forma de volutas.
9.- Dioses de la ciencia. Entre los más controversiales. Suponen la existencia de una ciencia metafísica que acude al auxilio de fuerzas sobre humanas para esclarecer los enredos más oscuros del mundo científico. Los investigadores de la UAM no tuvieron empacho en negar su adhesión a este culto. De los “Dioses imaginarios”.
10.- Dioses de la mañana. Se refiere a un conjunto de dioses que confabulan contra el tiempo en las mañanas, especialmente las nubladas. Se ignora su origen. Están en la categoría de “Deidades Novísimas”.
11.- Dios de las Artes. Es muy antiguo, aunque en la actualidad es el resultado de la mezcla de muchas corrientes. Al parecer se le considera un dios mediocre y agonizante con características de Ave Fénix. De los “Nuevos Antiguos Dioses” y los “Dioses imaginarios”.
12.- Deidad de la Naturaleza. Ésta es una deidad con atributos puramente abstractos. Se le relaciona mucho con la antigua Gaia, aunque en la investigación salió información muy dispersa. Se habla de un “Nuevo Dios de la Naturaleza” con humores volubles y destructivos. Es un Dios “envolvente” en los resultados. Pertenece a las mismas categorías que el Dios de las Artes.
13.- Deidades Esotéricas. Comprenden un vasto grupo que tiene su origen en las culturas antiguas. A pesar de su luz ocultista, son deidades cuyo culto es observado de manera creciente por gran parte de la población. Se pretendió incluir también aquí a los Dioses de las Supersticiones, pero se llegó a la conclusión de que no son iguales, apenas similares en aspectos muy vagos. De los “Dioses rescatados del desuso”.
14.- Dioses Dioses. En este grupo se incluyen a los dioses que se supone son auténticamente dioses. Para esclarecer el punto los investigadores discutieron larga e intensamente. No se halló mejor claridad que ponerlos en la categoría de “Dioses imaginarios”. Las notas explicativas en los resultados son muy extensas y no quiero privar al lector de las sorpresas.
15.- Dioses vengativos. En este apartado, al igual que en el anterior, salió a relucir un dios muy conocido del que se omite el nombre para evitar las demandas legales y para resguardar la seguridad de los investigadores.
Sé bien que la investigación parece tener fallas irremediables, como es el caso especial de la categoría “Dioses imaginarios”, que es una aparente contradicción, cuando no un pleonasmo, pero no estoy dispuesto a discutir este punto porque es agotador y fútil hacerlo. El imaginario popular es el que ha sostenido a la interminable caterva de dioses y deidades (un punto que no se ataca y que a mí me parece fallido es el que los investigadores no hacen una clara distinción entre dios y deidad) y por lo tanto no puede negarse su importancia como reguladores sociales. Sobre su existencia o no existencia, en su carácter ontológico, que es además una de los argumentos de peso del estudio, los investigadores tajaron el asunto diciendo: la vida es sólo un sueño y los sueños sueños son. El concepto de "dios" es tan viejo y tan similar a todas las culturas que los investigadores no creyeron necesario ahondar en el asunto y no mencionan qué se necesita para que un dios sea considerado tal. Es evidente que es muy subjetiva la conclusión, pero también es cierto que ninguna parte del estudio tiene una función prescriptiva, sino completamente descriptiva. Ni los más escépticos podrán negar su utilidad para futuras corrientes en el ámbito de la “Deística dialéctica”.
Lo que era un simple estudio demonológico pronto se convirtió, por inercia, dicen los autores, en una nueva investigación referente a un interesante cambio registrado en el país en cuanto a la concepción teística. Al parecer, como parte de los cambios sociales y culturales, emerge en México una nueva cosmovisión. Se discutió mucho al principio sobre si la muerte mexicana debía ser o no ingresada en el estudio y fue a partir de las pesquisas realizadas entre la población que se decantaron por el enfoque recién descubierto. Al final la muerte que gravara Posadas se incluyó como "Deidad Menor". En lo que respecta a la "Santísima Muerte", los investigadores no se molestaron en incluirla. Sobre la investigación per se no quiero explayarme, apenas mencionarla, porque considero importante que el lector la siga por sí mismo. La pueden encontrar en la página de la Universidad www.investigacionesuam/ojedademono/deptoinv.mx
Enumerar los diversos y vastos resultados de esta investigación sería muy tedioso y no quiero abusar de la paciencia del lector, por lo que enlisto algunos de los descubrimientos más significativos e intrigantes en mi opinión. La investigación se titula “Los Nuevos Dioses” y se refiere a una nueva generación de Dioses que salen del imaginario popular. Se nombra una miríada de deidades desconocidas en el espacio académico y religioso, que sin embargo tiene un impacto social en las clases populares, y aún en las altas, muy particular. Se habla de una nueva teogonía, sobre la que no hablaré aquí, y de una desconcertante visión de un mundo plagado de seres extraños que habitan en todos los rincones del país. “Los Nuevos Dioses” son clasificados en varias categorías, de las que mencionaré algunas. “Nuevos Antiguos Dioses”, “Deidades Novísimas”, “Dioses extraídos de la cotidianidad”, “Deidades derivadas del cristianismo”, “Dioses imperceptibles”, “Nuevos Dioses Urbanos”, “Dioses imaginarios”, “Dioses rescatados del desuso”, “Deidades en evolución”, etc. A continuación enlisto a los 15 dioses que son para mí más interesantes y sorprendentes:
1.- El Dios Dinero. Este dios pertenece a dos categorías “Nuevos Antiguos Dioses” y “Dioses imperceptibles”. Algunas cosas curiosas sobre éste son que tiene una iconografía propia (representada por una enorme moneda de oro con una efigie de un efebo de dorados cabellos) y que su culto está tan extendido que existe en todas las civilizaciones; tan es así que los investigadores descubrieron que a los pueblos que carecieron de él no se les considera civilizados. Se supone entonces que es un signo de civilidad. Presidiría el panteón completo de las categorías en que está incluido.
2.- El Dios de la prisa. De éste hay imágenes en veladoras que muestran a un Hermes subiendo a un camión. Pertenece a los “Nuevos Dioses Urbanos”.
3.- El Dios de los Semáforos. Éste es de mis favoritos. Si se está en su gracia, se encuentra con puros verdes. Muy socorrido por los por los choferes de las rutas y oficinistas después del trabajo. De “Los Nuevos Dioses Urbanos”.
4.- Dios de los asesinatos. A éste se le hacen ruegos para no ser víctima de la nueva guerra contra la población que han iniciado los señores de las sillotas. De los “Dioses del Terror”.
5.- Deidades de flora y fauna. Están muy en boga entre los ecologistas. Son muchísimos y rigen la vida de todas las plantas y animales. Se pueden comprar altares en las tiendas de mascotas. En la categoría de “Nuevos Antiguos Dioses”.
6.- Dios de los políticos. Éste es tan divertido que se incluyó en una categoría llamada precisamente así, “Dioses divertidos”.
7.- Dios de los imbéciles. De los “Dioses imperceptibles”. A éste se le considera más ídolo que Dios, aunque no está muy claro el papel que desarrolla. Se le asocia a la Deidad de la Felicidad.
8.- Deidades de los sentimientos. Son muy variados. Se pretendía incluir a algunos escritores, pero no se hizo para evitar envidias y herir susceptibilidades. Pertenecen a los “Nuevos Antiguos Dioses”. Son deidades voluptuosas en forma de volutas.
9.- Dioses de la ciencia. Entre los más controversiales. Suponen la existencia de una ciencia metafísica que acude al auxilio de fuerzas sobre humanas para esclarecer los enredos más oscuros del mundo científico. Los investigadores de la UAM no tuvieron empacho en negar su adhesión a este culto. De los “Dioses imaginarios”.
10.- Dioses de la mañana. Se refiere a un conjunto de dioses que confabulan contra el tiempo en las mañanas, especialmente las nubladas. Se ignora su origen. Están en la categoría de “Deidades Novísimas”.
11.- Dios de las Artes. Es muy antiguo, aunque en la actualidad es el resultado de la mezcla de muchas corrientes. Al parecer se le considera un dios mediocre y agonizante con características de Ave Fénix. De los “Nuevos Antiguos Dioses” y los “Dioses imaginarios”.
12.- Deidad de la Naturaleza. Ésta es una deidad con atributos puramente abstractos. Se le relaciona mucho con la antigua Gaia, aunque en la investigación salió información muy dispersa. Se habla de un “Nuevo Dios de la Naturaleza” con humores volubles y destructivos. Es un Dios “envolvente” en los resultados. Pertenece a las mismas categorías que el Dios de las Artes.
13.- Deidades Esotéricas. Comprenden un vasto grupo que tiene su origen en las culturas antiguas. A pesar de su luz ocultista, son deidades cuyo culto es observado de manera creciente por gran parte de la población. Se pretendió incluir también aquí a los Dioses de las Supersticiones, pero se llegó a la conclusión de que no son iguales, apenas similares en aspectos muy vagos. De los “Dioses rescatados del desuso”.
14.- Dioses Dioses. En este grupo se incluyen a los dioses que se supone son auténticamente dioses. Para esclarecer el punto los investigadores discutieron larga e intensamente. No se halló mejor claridad que ponerlos en la categoría de “Dioses imaginarios”. Las notas explicativas en los resultados son muy extensas y no quiero privar al lector de las sorpresas.
15.- Dioses vengativos. En este apartado, al igual que en el anterior, salió a relucir un dios muy conocido del que se omite el nombre para evitar las demandas legales y para resguardar la seguridad de los investigadores.
Sé bien que la investigación parece tener fallas irremediables, como es el caso especial de la categoría “Dioses imaginarios”, que es una aparente contradicción, cuando no un pleonasmo, pero no estoy dispuesto a discutir este punto porque es agotador y fútil hacerlo. El imaginario popular es el que ha sostenido a la interminable caterva de dioses y deidades (un punto que no se ataca y que a mí me parece fallido es el que los investigadores no hacen una clara distinción entre dios y deidad) y por lo tanto no puede negarse su importancia como reguladores sociales. Sobre su existencia o no existencia, en su carácter ontológico, que es además una de los argumentos de peso del estudio, los investigadores tajaron el asunto diciendo: la vida es sólo un sueño y los sueños sueños son. El concepto de "dios" es tan viejo y tan similar a todas las culturas que los investigadores no creyeron necesario ahondar en el asunto y no mencionan qué se necesita para que un dios sea considerado tal. Es evidente que es muy subjetiva la conclusión, pero también es cierto que ninguna parte del estudio tiene una función prescriptiva, sino completamente descriptiva. Ni los más escépticos podrán negar su utilidad para futuras corrientes en el ámbito de la “Deística dialéctica”.
domingo, 18 de julio de 2010
"Juventudes del PRI" (me da mucha risa).
Hoy es día de mercado en Jalpan, es decir que bien podría ir a comprar galletitas de avena y arroz; no obstante, mi estúpida vanidad intelectual es más fuerte. Encuentro recién un placer malsano en discurrir o tratar de explicar algunos de mis testos. Quiero hacerlo sobre el último. Si bien comparto la opinión de Josemi sobre los señores que escriben los discursos de nuestros bienamados e imbéciles políticos, el personaje de este testo quiso ser de algún modo diferente. Digo que quiso porque me he dado cuenta de que hay personajes que existen más que el propio autor que el autor inventa para escribir. Cuestiones Italocalvinistas que darían para mucho más. He notado que en los discursos políticos hay siempre una imbecilidad que me insulta. No es sólo que sean una cubierta hipócrita, sino que están pésimamente redactados. Muy aparte de que todos sabemos que están dirigidos a personas de un reducidísimo IQ (sin ofender a estas personas) y que son puras patrañas, el sesquipedalismo es una insolencia difícil de tolerar por más de 10 minutos y las expresiones serias y concentradas de nuestros dirigentes me causan asco, más cuando intentan darle un toque de sincera confidencia a su tono. Y los textos por sí solos son malísimos. Hace poco le decía a un compañero, respecto a ciertos incidentes en la facultad, que yo prefería ser manipulado por alguien con sesera o por lo menos con estilo. Es lo mínimo que uno puede pedir. Por eso pensé, y sigo pensando, que prefiero a Gortari que a, digamos por ejemplo, Fox. Gortari tenía una retórica por momentos irresistible y era un verdadero cabrón, era un genio. No que por ello chingara menos al país. Ha sido quizá uno de los presidentes más leoninos que hemos sufrido (a los presidentes no se les tiene, se les sufre) y sin embargo el señor nunca se despeinó (esta alusión me tuerce de risa). Fox también chingó al país, robó lo mismo o más o tal vez, esperanzas inútiles, menos, pero era un imbécil impasable, un payaso lastimero. No estoy diciendo que uno haya sido mejor o peor que otro, sino que preferiría a un señor que me engaña con su inteligencia a otro que me insulta con su imbecilidad. Es una cuestión de risa. A mi modo de ver hay algo que no siempre vemos o no queremos ver: acusamos a los políticos de manera injusta. Me explico antes de que me peguen: los políticos son títeres, pero como no conocemos al titiritero, le echamos la culpa a las monitos que otros mueven con sus hilos. Atacar al sistema por eso resulta tan difícil, tan abrumador. Nadie conoce a los titiriteros o nadie tiene acceso a ellos. Lo que sale en las noticias, lo que podemos "saber" o "conocer" es decidido por ellos. Los procesos mentales necesitan de un cuerpo ejecutor. Pero por supuesto el cuerpo es lo único que podemos golpear. Es una falacia infantil que los políticos ostentan el poder. Lo ostentan quienes los pusieron en la sillita. El poder de los políticos se reduce a una imagen, si bien hay excepciones, como Berlusconi, que de ser más listo jamás se hubiera postulado para presidente de Italia. O no más listo, menos egocentrista, que es por lo que todos caen al final. El poder es una oscuridad. Además, culpar a los gobernantes es también eximirnos de una culpa que nos pertenece en gran parte. No olvidemos que somos, supuestamente (aquí río otra vez), una democracia representativa, no directa. Hay que agarrarse bien lo calzoncitos para aceptar que cada pueblo tiene el gobierno que merece. Nuestro esfuerzo y nuestra apatía son lo que mantienen a todos los parásitos mundiales. Eso da para disertaciones muy muy largas y tengo calor. Termino esta digresión para regresar al asunto que me atañe: el testo. El personaje no es común y, a como se concibió, tiene cierta sabiduría. No pretende cambiar nada sustancial, le importan un pito los problemas sociales y está cómodo con su posición. En esto es parecido a la mayoría de los señores de su estilo. En lo que se diferencia es en que es absolutamente sincero al respecto. No le importa y no pretende otra cosa. Lo único que quiere es escribir bonitos discursos. Punto. Este tipo de personajes, cuando son escritos por verdaderos escritores, me encantan. Son personajes que existen por sí solos y son además interesantes, una especie de epicúreos modernos. La poesía política es tan absurda que de suyo es divertida.El problema de éste viene después cuando pretende que un público idiota sepa apreciar los discursos en su totalidad, tan plagados, como los pretende, de poesía parnasiana. Ahí es cuando da al traste con su vida, cuando espera algo de un lugar de donde nada puede esperarse. Es una alegoría al mundo bastante ramplona, pero para mí es efectiva. Pero todos tenemos nuestras propias y mudables interpretaciones. Como dijo Ian Curtis: mis letras están ahí para ser interpretadas.
viernes, 16 de julio de 2010
Los muertos estudian tautología
Yo, aquí como me mira usted, reducido al deplorable estado de la miseria, fui alguna vez el más fino hipócrita, el eufemista más elegante. Mi dedicación a la poesía costumbrista durante los primeros años de mi instrucción primaria me dotaron de una oratoria fluida y conmovedora. Durante mis estudios de secundaria fui el orador oficial de mi generación y una vez egresado del nivel medio-superior me dediqué enseguida a adornar los discursos de los políticos locales. Pronto me vi precisado a escribir diatribas en contra del partido opositor y en época de elecciones supe convertirme en el elemento indispensable de una buena campaña. El candidato ganaba prestigio de buen orador, que por lo demás era lo único que podía ganar, dado que el cargo público lo tenía asegurado de antemano. Así redacté exhortaciones y bellos discursos para presidentes municipales, diputados locales, directores de instituciones, regidores y toda esa caterva de politiquillos provinciales. Trabajaba sin descanso y pronto mi diligencia y buen estilo me lograron la oportunidad de hacer el discurso de toma de posesión de un legislador nacional que había tenido en suerte ser electo porque el otro candidato, el favorito, había sido asesinado. Esto hizo que mi fama se disparara, aunque siempre a la sombra de los grandes nombres en cuya boca ponía yo inflamadas endechas y patrióticas exclamaciones. El éxito alcanzado por este discurso mío pronunciado por el legislador N me puso pronto a la cabeza del largo número de aspirantes a políticos que redactaban afanosamente en periódicos y demás publicaciones alabanzas a los hombres que tienen las riendas del poder. No tuve que molestarme nunca en alabar a nadie, mi papel era claro y me di siempre a respetar en tal. No pasó mucho tiempo antes de que me viera requisado por los más altos dignatarios, quienes intentaban darle un nuevo lustre a su nombre. Así se inscribieron gloriosas páginas de mi historia, si bien vivía en la penumbra de los recintos. Es a mí a quien se debe la famosa frase: "Amo el aroma de las flores y el canto del tzentzontle, pájaro de las 400 voces, amo el color del jade y el brillante ardor del sol de media tarde, pero amo más a mi pueblo, que es mi sustento" y ésta otra, joya de la oratoria mexicana: "Yo soy mi pueblo". Mis discursos fueron siempre hermosos, ornamentados con lo más selecto de nuestro léxico. Los furibundos contrarios a mi estilo, todos inconscientes practicantes de un sesquipedalismo ramplón, acusábanme de mal poeta dedicado a la política o bien lo contrario, mal político dedicado a la poesía (que por lo demás estos señores no tenían mucha idea de qué es la poesía. Baste decir que el nombre Ramón López Velarde no significaba para ellos nada). Sus falsas acusaciones y envidias no mermaron mi buen nombre y mi natural talento siguió engalanando la toma de protesta de presidentes nacionales y la inauguración de las obras de carácter social más distinguidas, que yo convertí en "magnas obras". Producto de ésta mi natural inclinación a elevar al nivel de la hermosura todo discurso político, viéronse encumbrados personajes pronunciando párrafos completos de poesías de López Velarde, lo que causó cierta conmoción en los círculos intelectuales, que bien pronto se dieron a la tarea de desacreditarme imponiéndome el epíteto de falsario. Me di a la tarea de desmentirles y de esa época emanaron de mi pluma las más bellas proclamas que personaje público alguno haya proferido. Mi nombre como tal era por completo desconocido entre la masa de gente que escuchaba embelesada mis palabras, pero me conformaba con ver mis frases publicadas en primeras planas y en boca del populacho y aún en la de los próceres que llevaban sin mucho cuidado a este país hacia su total ruina. Poca importancia tenía para mí todo esto, si con la boca honraban al pueblo y con las manos lo destruían. El pueblo era feliz escuchando hablar a sus representantes un idioma que ellos no podían a veces ni entender, pero que los dejaba igual de satisfechos que una lectura bíblica masiva. Empecé por ese entonces a aburrirme y metí entre líneas verdaderos poemas, elaborados en un estilo parnasiano puro. Nadie pudo ver esta nueva poesía y me vi muy triste por esto. Pensé que era echar margaritas a los cerdos. Y mi estilo decayó y por tanto la estima de esos mudables señores que se sientan en grandes sillas y que en verdad hacen bien poco ellos mismos. Decidí recluirme en una casita en Acapulco y vivir de mis ahorros, que no eran pocos. Era aún solicitado por políticos en ascenso y algunos atrevidos de baja ralea, que vieron en mi desgracia la oportunidad de hacerse conocer mediante el remanente de mi retórica preciosista. Quise retirarme como lo que era, un grande, con un último discurso, el más inflamado y patriótico de cuantos había escrito. Lo presenté con no pocas dificultades y fue el discurso final que pronunció el entonces todavía presidente de la república, el señor Carlos Salinas de Gortari. Luego vino una borrasca y mi casita en Acapulco quedó reducida a escombros y la devaluación del peso y unas desastrosas inversiones en bonos del gobierno representaron el acabose de mi carrera, mi fortuna y mi vida. Y heme ahora aquí, relatando a un joven imberbe una historia que no debía ser conocida. No crean jamás lo que dicen esos señores, que es la voz de alguien que no se atreve a hablar.
martes, 13 de julio de 2010
Cuento negro
La negrura es una danza que los dioses inventaron cuando la luz los cansó. El haz de luz de una linterna sorda le abrió una rasgadura a la oscuridad en un tajo vertical para desaparecer enseguida. Se movió a tientas buscando, adivinando los objetos, sus ojos ya habituados, el silencio instaurado como cubierta. Su respiración contenida, los pasos de las ratas que interrumpen y desconciertan. Sintió un intenso deseo de correr, de buscar un resquicio donde la claridad le permitiera perder el miedo que le atenazaba. Sus pies se movieron con sigilo, atento a cualquier otro sonido. Escuchó el roce de un pantalón en una esquina donde la densidad de las sombras le impedía distinguir cualquier cosa. Siguió avanzando las manos contra la pared. Un objeto metálico sobresalió de la pared. Un picaporte. Quiso abrir y salir despavorido, pero es curioso cómo su pavor lo mantuvo aquí, a resguardo de mirarse, de descubrirse aterrado. Teme que los latidos de su corazón retumben en la enorme bodega. Sería mejor que cada uno desapareciera, que se los tragara la noche, que jamás volvieran a verse. Huir corriendo o huir por indiferencia del otro, por cansancio. Atento, un gancho chirría por allá. ¿Dónde? Él lo ha movido. ¿Un descuido? No no, lo hizo adrede, quiere perderte, quizá lo empujo desde lejos para no delatar su posición, para rodearte, para encerrarte en una trampa. Su corazón se aceleró, su respiración agitada era una franca amenaza. Se tapó la boca. No dejó de avanzar por el borde. Un resuello en su espalda. ¿Quién es? ¿Cuántos son? ¡Carajo!, alguien le ha rozado el brazo, está seguro. Quiso no moverse ni estarse quieto, desvanecerse en el aire, que acabara ya, que la venganza tomara forma por fin y no estar más viviendo en una prisión de espera. Esperar el golpe definitivo cuando éste se demora indefinidamente. Cuando parecía que llegaba, crrrrriiiii, otra vez vueltas. Muévete, muévete, le ordenó un impulso interior desconocido, muévete más rápido. Corre, corre, ¡corre más rápido! Y se lanzó en una loca carrera tropezando con cajas y haciendo un ruido como para atraer a todos los vengadores de la ciudad. Cayó, su cara chocó contra una superficie de madera y le sangró la nariz. No dejes de moverte. Sus piernas se estiran pero chocan contra duros objetos ya perdidos en la oscuridad de sus ojos casi cerrados. Apretó los párpados y sintió ganas de llorar, de decir: no por favor, esperen, no fue mi culpa, estaba ya casi muerto. ¿Cómo volver en el tiempo para corregir nuestros errores más insignificantes? Mienten los que dicen que todo tiene remedio. Quedó tendido en el suelo con la espinilla destrozada, moviendo frenéticamente las piernas, pataleando, como si aún corriera. Se retorció peleando contra un millar de manos que lo sujetaban, un millar de sombras que lo rodeaban tragándoselo, engulliéndolo con sus risas burlonas. Un millar de sombras hechas de sombras, imposibles aquí adentro. Sombras densas y veloces que van y vienen en un trasiego de información. Sombras sin pasos, sin rostros. Hasta que unos pies se acercaron raudos.
-¿Qué chingados estás haciendo, pendejo?- dijo una voz colérica reprimiendo un grito. Una cólera concentrada en el menor de los movimientos.
-Vienen por nosotros, ya están aquí, ya están aquí, nos van a llevar.
-Cómo chinnnnngados nos van a llevar, no saben que estamos aquí- unos ojos inyectados de sangre por el esfuerzo de la contencón. Las venas del cuello eran mangueras.
-Sí sí, aquí están, ¿qué no los ves? Quieren cobrarse, ¡vinieron a cobrar!
-¡Chist! Cállate, imbécil. Tenemos que salir de aquí.
El ejército de sombras se diluye poco a poco, buscando la luz para existir y mi propia invención llega a un límite apenas tolerable. Se abrió una puerta y hacia allá, hacia el chorro de polvosa luz, huyeron en tropel las sinuosas oscuridades...
-¿Qué chingados estás haciendo, pendejo?- dijo una voz colérica reprimiendo un grito. Una cólera concentrada en el menor de los movimientos.
-Vienen por nosotros, ya están aquí, ya están aquí, nos van a llevar.
-Cómo chinnnnngados nos van a llevar, no saben que estamos aquí- unos ojos inyectados de sangre por el esfuerzo de la contencón. Las venas del cuello eran mangueras.
-Sí sí, aquí están, ¿qué no los ves? Quieren cobrarse, ¡vinieron a cobrar!
-¡Chist! Cállate, imbécil. Tenemos que salir de aquí.
El ejército de sombras se diluye poco a poco, buscando la luz para existir y mi propia invención llega a un límite apenas tolerable. Se abrió una puerta y hacia allá, hacia el chorro de polvosa luz, huyeron en tropel las sinuosas oscuridades...
miércoles, 7 de julio de 2010
Cuento para el pequeño Chris
Enfrentarse a un texto es siempre riesgoso, uno puede verse atrapado por él o corre el riesgo de aburrirse o fastidiarse. La parte de quedar atrapado es la que más disfruto. Más que un escape, la literatura es un modo de ir, una visión alternativa de un mundo a veces incomprensible, que tiene la inmejorable ventaja de pertenecernos por completo. No hay una prisión de por medio, acaso un límite, que es la imaginación, pero no puedo concebir al proceso imaginativo sino como liberador; no hay quien pueda indicar qué es lo que uno está leyendo o instruir sobre el verdadero sentido de un libro y quien así lo hace es un estúpido. Los libros, una vez publicados, dejan de ser del autor para convertirse en las múltiples interpretaciones propias de cada lector. Lo fastidioso de todo este asunto es hasta qué punto el libro, o el texto, es el autor. En el mejor de los casos pienso que escribir es un acto que conlleva por lo menos un poco de vanidad, en el peor es un ejercicio de insoportable egotismo. Por eso quiero, amable lector, obsequiarte con una pequeña escena secuencial en la que yo, el "autor ingenuo", no participo. Lo hacen personajes por entero ficticios y que son ajenos a mí. Aquí entenderás, por supuesto, por qué soy un escribiente tan ingenuo. El texto se llama simplemente "Cuento para el pequeño Chris". En un principio había pensado en un título más sugerente como "La ley de la manzana y la demanda", que luego sería continuado por un cuento similar u opuesto que llevaría por título "La ley de la oferta y la naranja". Deseché esta opción porque me pareció pretenciosa y porque soy muy perezoso como para secuenciar cuentos, más aun para hacer un proyecto literario que me requiera algo de paciencia y dedicación. Para el personaje principal de "Cuento para el..." pensé primero en una bruja. Debido a que a quien iba dirigido en primera instancia es un niño de unos dos años, hijo de una amiga de apenas unos 20 años, no me pareció mala idea, pero quise evitar a toda costa caer en el cliché de los cuentos para niños a que Disney nos tiene horrorizadamente acostumbrados. Decliné mejor por un personaje más "neutro", pero con más libertad de maniobra: una simple señora de edad que gusta de hacer tartas (o pays, si así lo prefiere usted) de manzana. Aquí usaba ya el ingrediente principal del título que luego desecharía. Hasta aquí todo bien. El problema viene con la invención de un antagonista digno de esta amable señora porque tengo la fea inclinación de siempre preferir a los malos, por lo que diseñar villanos melodramáticos me cuesta lo que vulgarmente se dice "un huevo". Así pues desfilaron en mi pobre imaginación toda clase de animales, desde hormigas hasta dinosaurios, y decidí quedarme por fin con un niño gordito que representa a "la demanda". Este niño gordito debería tener un lado perverso, que yo imaginé como un constante frotarse las manos ante la idea de saborear un rico pastel, cosa que vendría a suceder bastante a menudo en el susodicho cuento. Definidos los personajes principales había que decidir el escenario. También aquí me enfrenté a varias dificultades. Debía ser un lugar capaz de atrapar la atención de un niño, pero no muy fantasioso. Un lugar lleno de encanto, pero real. Comprenderá el lector mi aprieto. Le dediqué un par de concienzudas consideraciones y pensé: total, el mundo es lo más cercano al paraíso, ¿no? Y empecé a dibujar el lugar en mi cabeza: un pueblito nebuloso en alguna de las cordilleras del centro de México. Tejitas rojas, casas pintorescas, gente amable caminando por las calles enfundada en gruesas ropas de lana. Algún jorongo por aquí, algún transeúnte bebiendo té en una banca hecha de piedra de la placita rodeada de pinos y otras coníferas, humo saliendo de ciertas chimeneas, rastros de humedad en las paredes, calles limpias y empinadas, todo un bosque rodeando el pueblecito, en fin, todo aquello que puede traernos a la mente un rincón agradable. Prescindí con necedad de cualquier automóvil e incluso de los odiosos celulares. Tenía ya los personajes, ambos sin u ápice de mí, y el lugar. No quedaba más que ponerme a imaginar qué sucedería con tales personas en tales circunstancias. Me había olvidado de las circunstancias. Rápidamente traté de solucionar este contratiempo: un día nublado, la temperatura ambiente por los 10 grados Celsius, imágenes relampagueantes de correteos infantiles y risas complacientes por parte de los adultos, atareados en diversas compras y visitas. No entiendo este puto cuento y empieza a irritarme. Todo lo anterior lo acabo de inventar. El cuento ese nunca quise escribirlo. Me estoy burlando. Estaba intentando hacer "metaliteratura", pero creo que lo dejaré para la gente que en verdad pueda hacerlo. Se trataba de contar el cuento sin que el lector se diera cuenta. Pero hay que dar rodeos cansados y en eso de dar rodeos y cansarse yo soy especialista. El niño no tenía dinero para comprar el pay dominical y por más que le berreó a la mamá, ésta se negó a dárselo argumentando la falta, sin mencionar que la causa era que el papá se había puesto una peda épica el día anterior y que así se había acabado el dinero. Esto no sería cosa común y la madre estaría de muy mal humor. Le espetaría al hijo:
-Ya te dije que no, vete por ahí a jugar con tus amigos.
El niño regordete se emberrincharía y patalearía contra el suelo en un último intento, infructuoso a la larga, de conseguir el dinero. Lloroso iría hasta donde la señora entrada en edad a ver si le conmovía el corazón. Se toparía con pader puesto que la señora, por esas casualidades que da la vida, sería tan amargada como dulces sus tartas. Esta dicotomía forzada, dulzura-amargura, pretendería indicar que lo más dulce viene siempre de las cosas más amargas. La señora, alzando el ceño, como mi novia, en un gesto despreciativo le diría al niño que no con un tono seco y "arrugado". La intervención del gesto y la acotación "como mi novia" daría al traste con la intención especificada al inicio pero ayudaría sin duda a crear una sensación de confusión tan propia a la metaliteratura o simplemente daría a entender que había dejado la inútil empresa en pos de un fin mayor que resultaría evidente al final, consecuencia de pensar que el texto estaba basado en un complejo entramado de contradicciones. Algo así como "confundir para causar la ilusión de genialidad". Por supuesto que el texto al final carecería de tal conclusión, lo que aumentaría la sensación de que se está leyendo un "texto complicado". Náda más lejos de mis pretenciones. Es todo culpa de Kundera y de Calvino. El niño entraría en el paroxismo de la desesperación. En un principio trataría de hurtar algún pay usando ingenuas tretas como distraer a la señora diciéndole: "mire, allá, qué es eso". La señora no movería un solo músculo de la pétrea cara. Se desesperaría más y más con el fracaso de sus tentativas y finalmente hurtaría un pay de la mesita sin más y echaría a correr. Esto desataría el furor de la señora entrada en años, que echaría a correr trás él dando gritos de "¡ladrón! ¡ladrón! ¡me roban mis pays!" Y ayúdenme y socorro y otras expresiones comunes en similares circunstancias. La gente echaría a correr también buscando al ladrón y se armaría un despelote de lo más sabroso porque nadie sabría a quién está persiguiendo. Con esto pretendía ilustrar la imbecilidad de la masa alarmada que se deja llevar por la gritería y que se une al caos sin tener claro qué hace o hacia a dónde va o qué demonios persigue. El mercado, ya lo adivinan hasta lo más palurdos, sería una alusión metafórica al "Mercado". El niño se saldría con la suya, se comería el pay de manzana a escondidas y su madre le pondría una zurra por haber llegado tarde a comer. Con esto pretendía terminar el texto dejando una puerta abierta a la discución de si el texto tenía o no una moraleja o una conclusión. Por supuesto que no habría tal, pero no por cuestiones estilísticas, no por dar a entender que la vida no tiene moralejas y que todo es un pastiche sin ton ni son, como los mamonazos de los autores contemporáneos dicen, sino simplemente por la falta de talento de un servidor. Así de simple. Tan tán, pues.
-Ya te dije que no, vete por ahí a jugar con tus amigos.
El niño regordete se emberrincharía y patalearía contra el suelo en un último intento, infructuoso a la larga, de conseguir el dinero. Lloroso iría hasta donde la señora entrada en edad a ver si le conmovía el corazón. Se toparía con pader puesto que la señora, por esas casualidades que da la vida, sería tan amargada como dulces sus tartas. Esta dicotomía forzada, dulzura-amargura, pretendería indicar que lo más dulce viene siempre de las cosas más amargas. La señora, alzando el ceño, como mi novia, en un gesto despreciativo le diría al niño que no con un tono seco y "arrugado". La intervención del gesto y la acotación "como mi novia" daría al traste con la intención especificada al inicio pero ayudaría sin duda a crear una sensación de confusión tan propia a la metaliteratura o simplemente daría a entender que había dejado la inútil empresa en pos de un fin mayor que resultaría evidente al final, consecuencia de pensar que el texto estaba basado en un complejo entramado de contradicciones. Algo así como "confundir para causar la ilusión de genialidad". Por supuesto que el texto al final carecería de tal conclusión, lo que aumentaría la sensación de que se está leyendo un "texto complicado". Náda más lejos de mis pretenciones. Es todo culpa de Kundera y de Calvino. El niño entraría en el paroxismo de la desesperación. En un principio trataría de hurtar algún pay usando ingenuas tretas como distraer a la señora diciéndole: "mire, allá, qué es eso". La señora no movería un solo músculo de la pétrea cara. Se desesperaría más y más con el fracaso de sus tentativas y finalmente hurtaría un pay de la mesita sin más y echaría a correr. Esto desataría el furor de la señora entrada en años, que echaría a correr trás él dando gritos de "¡ladrón! ¡ladrón! ¡me roban mis pays!" Y ayúdenme y socorro y otras expresiones comunes en similares circunstancias. La gente echaría a correr también buscando al ladrón y se armaría un despelote de lo más sabroso porque nadie sabría a quién está persiguiendo. Con esto pretendía ilustrar la imbecilidad de la masa alarmada que se deja llevar por la gritería y que se une al caos sin tener claro qué hace o hacia a dónde va o qué demonios persigue. El mercado, ya lo adivinan hasta lo más palurdos, sería una alusión metafórica al "Mercado". El niño se saldría con la suya, se comería el pay de manzana a escondidas y su madre le pondría una zurra por haber llegado tarde a comer. Con esto pretendía terminar el texto dejando una puerta abierta a la discución de si el texto tenía o no una moraleja o una conclusión. Por supuesto que no habría tal, pero no por cuestiones estilísticas, no por dar a entender que la vida no tiene moralejas y que todo es un pastiche sin ton ni son, como los mamonazos de los autores contemporáneos dicen, sino simplemente por la falta de talento de un servidor. Así de simple. Tan tán, pues.
"The day is beautiful, as a postcard".
Me anunciaste el diluvio como anunciar un partido de fútbol. Diste los contrincantes, Dios vs La Humanidat, y la hora: por ahí de las cinco de la tarde, hora del centro de México. Cómo chingados iba yo a saber que bromeabas. Me entró mi cansada cólera que repartí con gusto en diversas actividades y denuestos públicos. Pero eso después. Me pertreché como la ocasión lo ameritaba. Fui a la maderería y compré tablas con la menor polilla posible. Compré cuerda y una sábana de florecitas (no había otra más barata), una caja de galletas de avena y una garrafa de agua. Construí mi balsa, resistente y bonita, subí mis provisiones, dispuesto a esperar la interminable caida de agua, y para no pecar de imprudente, me puse una bolsa negra a modo de impermeable. La puse en la azotea de mi casa y me quedé dormido. Desperté con los truenos. Ensordecedores. Los relámpagos iluminaban un cielo preñado de agua con siniestras luces inmediatas. Él espectáculo me espantó un poco, pero estaba decidido a no arredrarme gracias a las precauciones que tomé gracias a tu mentira. Empezó a llover. La lluvia arreciaba por momentos y con ansias esperaba la subida del nivel de agua en las calles. Corría violentos arroyos por las canaletas de Zaragoza y la Alameda, al cabo de una media hora, estaba inundada unos 20 centímetros. Mi emoción crecía, esperaba impaciente el momento de hallarme navegando por encima de la ciudad. La lluvia era tan fuerte que apenas podía ver nada aunque entrecerrara los ojos y mis manos fueran furiosos parabrisas. El agua turbia seguía atascando las coladeras y subiendo amenazante por las casas y negocios. Me regocigé al pensar en la enorme cantidad de "daños materiales" que causaría tu diluvio. Brrrroooommm bramaba el cielo y ahora era un verdadero río lo que recorría las calles arrastrando coches. Empezó a darme frió a pesar de la bolsa negra. En la azotea el nivel del agua llegaba apenas a mis tobillos. Una de las coladeras empezó a regurguitar unos sucios borbotones cadenciosos que formaban pequeñas olas. Y cuando todo parecía haber alcanzado el momento crítico y el agua llegaba casi al metro, amainó la tormenta. ¡Chingada madre! Pero pensemos con claridad, ¿cómo te habías enterado tú de que iba a haber un diluvio? No lo sé. Tampoco sé que voy a hacer con mi balsa.
domingo, 4 de julio de 2010
Los Dorados y una carrera contra el baño asesinoooo...
Quizá sea darle una importancia que no tiene. Corre corre que te alcanzan. ¿Y a dónde voy a correr si me cortas todas las salidas? No es que los letrerotes que penden del cielo no digan Exit (Dios habla inglés con los mortales), sino que penden precisamente en el aire. ¿Captas? Por supuesto que sí, sino no podrías entender que, a veces, la felicidad es un feo pastiche. De fluidos y orgasmos interrumpidos, partículas inlocalizables dentro de nosotros con pastel de chocolate, idas y venires diversos abriendo puertas y azotando ventanas y libros con voz (que por favor maten a Villaurrutia. Ah, ¿que ya se murió? Que me enseñen la caja para llorarle) más tacitas de té tumbados en una cama baja. O podría no ser ni madres, una vana y dolorosa ilusión. Pero me desvío. Le estaba hablando a este perro de una cosa que pasó hoy en la mañana: desperté dormido. Así como se oye. Me encaminé al baño, abrí la puerta y voilá, que descubro tus calzones. Los dejaste ayer antes de irte por la pinche coladera o por donde sea que hayas huido. Qué maña de hacerte humo cuando más te necesito. O cuando más me gusta pensar que te necesito porque disfruto la insensibilidad de sentirme maniatado, sin poder siquiera levantarme a apagar la luz. Me dio un poco de pena mirar ahí ese trozo de tela, parecía un trapo arrundado ahí con enojo, echo bolita en un estallido de fastidio, carente de vitalidad. Un trapo muerto, ¿sabes? Un trapo exánime. Lo levanté por pura lástima con el pie y, esto no me lo vas a creer, estaba mojado. No quise olerlo por miedo a una nueva excitación, a un nuevo arrebato chaquetero. Resulta que la taza estaba escurriendo agua amarillenta y por eso estaba mojado el pobre calzón de luchador, estratégicamente colocado para tapar el débil hilillo de suciedad . Esa taza a veces me es muy antipática, sobre todo cuando hace frío. Los que sí de plano y siempre me parecen molestos son los mingitorios de los baños públicos. ¿Por qué serán siempre Helvex? ¿Es un monopolio mudo que nos impone la ignorancia? ¿La falta de atención? Yo qué voy a saber, yo nomás pregunto. Bueno, salí de mi aventura en el baño algo desmejorado, tengo eso que médicamente se llama "gastroenteritis explosiva", que viene a ser un chorro violento que le sacude a uno las tripas cada hora (cuando hay suerte, sino cada media).Gastroenteritis, qué risa me da esa palabra. Ah, no, que la dichosa p es lo que causa la diarrea. Entonces tengo diarrea esplosiva, compadres (esto hay que pronunciarlo gringamente). Una chorrera insoportable, pues. Me dio por comer muchos chicharrones, mmmm grasita, radicales libres. Cuando iba saliendo del baño me tropecé con unas revistas. De Vanidades. ¡¿Qué carajos hacían en mi casa esas revistas de mala entraña?! Lo ignoro por completo. Se me hace que las trajiste tú. Como sea, no voy a echarte la culpa. Luego me encontré al perro. Es color calle, indefinible, amarillo grisáceo con mechones cafés. Se veía muy jodido y su cara de perro hambriento me enterneció. Ni me digas que porque somos parecidos. Pero antes de eso regresé a mi cuarto y, esnob como soy, me tiré en la cama a leer mi librito de Onetti. Es un poco confuso. No que leer a Onetti sea esnob. Yo, es a lo que me refiero. Me dio hambre y no sabía si mi triste condición me permitiría tragar algo, a pesar de lo cual decidí intentarlo. Salí a la calle por pan enfundado en la chamarra que usaste ayer. Le quedó tu olor. De regreso empezó a llover. Caminé muy dueño de mí mismo bajo la lluvia, mirando a la gente resguardarse apresurada en los portales y bajo los toldos de los negocios. Y yo con mis aires de descuido pues me mojé bien los pies. Antes de entrar a mi casa fue que me hallé a Furis I. El cabrón no quiso de mi pan, luego me di cuenta de que quería entrar en busca de abrigo seco. Pero ya sabes que yo a los perros jamás los dejo entrar en mi casa, es una ley sagrada impuesta por lo que pasó con Furis 0. Me quedé en la entrada con él contándole que, ya te dije, hoy me desperté dormido.
viernes, 2 de julio de 2010
Estos en principio no me corresponden (Cuento de Susuki Yamamoto)
"Dame los besos que le envidio a los espejos, la miríada de imágenes que sé que eres, las manos para recorrer tu cuerpo que bajo el mío se transforma en un interregno de algo parecido al descanso. Cóbrame el peaje de incluirte en mi libreta, de robarte libros (mas aquí hablaríamos de un estamos a mano), versos y palabras. Escribe en mi memoria poética con tinta roja el paso de un mes, el paso de un tiempo errático y suficiente. Perdona mis arranques y mi necedad en considerar todo desde mi punto de vista (y entonces ábreme tu cajitas de abajo y de enmedio y de arriba). Recorre estas ansias como si lo hicieras en una súper autopista, una línea larga que es un círculo disfrazado de recta y por favor, perdona la enumeración de detalles y especificaciones. Debiste, desde un principio, de haber reconocido el olor profundo y escondido que te doy en ráfagas envidiosas de uno tuyo que persigo caminando sin prisa, diríase que con ganas de no hallar y que hallo en tu cuello. Pídeme las cosas que me guardo bajo capas y más capas de vanidad, no me atrevo a dártelas sin invitación. Presentando: la colección completa de monstruos y fantasmas imaginarios: xxxxxxxxx xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx xxxxxxxxxxxxxxxxx xxxxxxxxx xxxxxxxxxxx xxxxxxxxxxxxxxxx xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx xxxxxxxxxxxxxxx xxxxxxxxxxx xxxxxxxxxxxxxxx xxxxxxxxxxxxxxxxx xxxxxxxxx xxxxxxxxxxx x x x x x x x x x x x x x x x x."
Susuki no tenía una moto y aunque se esforzaba en aparentar un desmesurado deseo de coleccionarlas, en el fondo sentía un desprecio sin nombre por todos los vehículos motorizados. Este sentimiento negado le ocasionó un vacío que no podía llenar con nada, ni con revistas de hentai ni con asiduas visitas al prostíbulo donde siempre pedía departir con una mujer vestida de colegiala. El vacío se le agrandaba en el pecho conforme pasaban los días en perpetua apariencia, con el uso de una finísima máscara se le agrietaba el interior. Llegó un día que no soportó más y, era Navidad, disfrazado de Power Ranger atacó a un Santa Clós en plena calle. El tipo no dejaba de hacer jo jo jo jo tirado en el suelo mientras el señor Yayamoto lo pateaba con saña inimaginable. Tenía unas ganas inmensas de sacarle las tripas a base de golpes y cuando le dolió el pie izquierdo se inclinó sobre él para pegarle con el puño, cosa que hizo hasta que los nudillos se le despellejaron. Se levantó ante el azoro general y se abrió paso a empellones a través de la multitud. La policía no pudo llegar por el amontonamiento y Susuki pudo escapar, sin proponérselo, sin ninguna dificultad. Miraba los escaparates y los millones de foquitos que pendían de puertas y edificios. Pensó que era caminar en un sueño, un sueño liviano y luminoso que lo invitaba a no terminar de observar.
Poco después sucedió algo que determinó su alivio y futuro buen humor: de camino a la oficina se topó con un compañero de trabajo mirando con fruición los gachapones de 100 mil yenes que tenían ropa interior usada de colegiala. Este compañero en particular se declaraba enemigo acérrimo de eso que llamaba "una infame inmoralidad" y fustigaba con furibundos sermones a todos los que no tenían empacho en presumir sus adquisiciones. Susuki se dio cuenta de que todo mundo usa una postura incómoda de la que no es dueño y que ha ganado por azar o por una estupidez. Por ejemplo él, que por el sólo hecho de llamarse Susuki los compañeros asumían que debía amar las motos (una suposición más bien pendeja, si se piensa bien, pero así es la gente) y por ende él sentía que debía ser así. Se dio cuenta de que somos orillados en una dirección inasible e incontrolable por el enorme empuje de la concepción social de un cosmos particular y que huir de él es imposible y una contradicción a la condición humana. Pudo reconocer las rajaduras en los rostros de sus semejantes y entrever sus similitudes en la mirada. Esto lo puso de buen humor y se sintió perteneciente, por primera vez, a la inmensa humanidad y a su ridículo papel en el desarrollo del universo. Aunque el vacío, lo que se dice llenarse, o por lo menos achicarse, no.
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