lunes, 31 de agosto de 2009

Quid pro quo.

Me viene el deseo de venganza. Es un puto quid pro quo continuo. La pista era ovalada y había mesas alrededor, luces de neón moradas y azules en el techo y unos estrobos muy frenéticos (así me pareció) que daban hacia la pista. Meseros de negro y mujeres con bonches de papeles blancos en la bolsa (saliéndose) caminaban y agitaban sus bonches y gritaban. Hubo una parte en que el público parecía enfurecido, gritando y silbando. El suelo estaba alfombrado y había una barra. En medio de la pista había dos tubos que pegaban al techo y mujeres subían y bajaban y bailaban canciones las más de las veces muy culeras. Se desnudaban una vez arriba y se pegaban a los tubos y, cosa rara, no sudaban. Nos pusieron en una mesita muy chica, cuadrada, con sillas igualmente chiquitas alrededor. Pensé que era muy absurdo y Joan gritaba algo. Ah la merga, pensé yo, esto es un prostíbulo. Y le dije a Joan y ella me dijo que no, que era un téibol y que era muy diferente. Le dije que aahhh. Se ensañó conmigo, le habló a varias bailarinas y las trajo a la mesa y les decía: trátamelo bien, es su primera vez. Me miraban con un poco de consideración. Bailaban moviéndose mucho, me abrazaban y daban vueltas y decían: se vale tocar, ¿eh? No dejé de preguntarme porqué su mirada de consideración ni tampoco porqué no sudaban. Olían, todas, como a talco y a perfume con mucho alcohol. Algunas estaban muy buenas, pechos grandes, muy nalgonas y eso, pero había algo artificial en cada movimiento que hacían y era divertido. Joan estaba muy emocionada y se besó con algunas de ellas y brincaba. En algún momento me pareció excitante, pero por la manera en que se tocaban, una impudicia increible. Empezaba a aburrirme en serio y miraba los estrobos que eran como hipnotizantes. Entonces sucede algo que valió la noche. Cada que una mujer subía a la pista un hombre, que invariablemente las presentaba como bombones o reinas o princesas, decía su nombre, unos muy cagados, Leia, Natalia, Ani, Zulema, Rubí y varia pedrería más, e invitaba, muy entusiasmado, a la clientela a que comprara boletos (los papelitos blancos), que eran no sólo boletos, si no boletos "para el paraiso". Ah la merga, dije, y me reí. Había una mujer vestida de azul y cuando se presentó el hombre de la voz invariable dijo:
-Denle un fuerteee aplauso aaaaa Julisaaaaaaa -nótese aquí que no le dijo ni bombón ni reina ni princesa, oséase que algo andaba mal desde ahí.
Todos aplaudieron y chiflaron y cuando se subió Julisa, el hombre de la voz dijo:
- Julissssaaaaa, la más puta del mundo, hija de su re putisísima madre, pinche culeeeeraaaa, te va a cargar la chingadaaa, hija de tu re puta madreeeeee.

Se cortó el sonido y tienes que aceptar que es muy cagado, la Julisa se quedó en medio de la pista, sin música, mirando con sonrisa falsa y moviendo los brazos como si hiciera calistenia. Yo me cagué de risa y al final Joan estaba muy encabronada y nos fuimos. Esto es imposible, no se vale no se vale, decía Joan.

domingo, 30 de agosto de 2009

Barco.

Todo es de risa loca, una overtura pomposa de una ópera aburridísima sobre un amor épico entre dos reyes muy pendejos que se quieren pero que no pueden estar juntos por ser cuestión de estado. Yo no entiendo nada, se me van las cabras y termino por imaginar pintuas surrealistas muy a lo Remedios Varo (recordé mis libros de Física de la secundaria y a mi maestra bizca) y a caminar sin mucha dirección por las calles escuras y limpias. Mi siempre divertida aversión por la espera. Es que es una cosa bien estúpida, uno espera nomás por esperar, porque no queda de otra. Como en los pinches hospitales o peor aún: en los bancos. ¿A dónde es que va esto? Desconfía de mí, de todo lo que digo, son cosas con pinta de verdad, pero quien sabe, podrían ser sólo sofismas. "No hay confusión, no existe emoción, sólo tiempo para recordar". Ya sé qué es lo que me hace aburrido: mi limitado rango de temas de conversación y mi sufrido interés por las bobadas mías y no por las de los demás. Que pavo no saber caminar, dijo un arbolito. Tenía una amiga ardilla que se mudó a otro bosque muy cerca, pero ya se sabe cuán desconsideradas son las ardillas que dejan de visitar a los amigos y se ocupan nomás en comer bayas y avellanas y nueces y esas cosas que ellas comen muy contentas. El árbol, ignorante de este hecho natural, estaba muy desesperado y muy sólo, sobre todo porque era un oyamel y estaba rodeado de cedros y los cedros, como es bien sabido, son árboles muy soberbios y muy elitistas, así que apenas le dirigían la palabra. Estaba muy enojado el oyamel porque no podía caminar y no podía visitar a su amiga la ardilla, que por otro lado había ya encontrado pareja y estaba muy lista para tener ardillitas. ¿Por qué chingadamadre no podré caminar? se preguntaba el arbolito.

"Tengo estropeado el coco"

Me quedan un par de horas de pura diversión y tengo sueño, pero sé que si me duermo no me levantaré. Debo hallar algo que hacer. A veces, cuando no sé que hacer de mí me pongo a imaginarte, a imaginar situaciones locas. Aquí una: entramos a una librería cristiana y tú te enojas porque no quieres entrar y sabes que no voy a comprar nada, que ni siquiera tengo interés en la librería, pero me dan mis ataques de "quiero hacer esto". Hay cristos y libros e imágenes de un dios viejo barbado y con cara compasiva y amable y nubecitas y ángeles en lo que se evita expresamente que estén en un postura que muestre sus partes pudendas (porque se supone que no tienen, pero ese asunto causa cierto escozor y desconcierto entre el común de la gente). Miro aquí y allá, entre los estantes y no finjo mi admiración, en verdad me admira saber que hay gente que escribe y lee esas cosas. Le pregunto a la dependienta (que de preferencia ha de ser una monja con cofia) sobre tal o cual cosa y ella responde muy pausada, muy amable. Yo asiento con la cabeza y le doy las gracias. Miro un poco más y salimos y me fijo en la llanta de un carro que está estacionado. Me entra la risa y tú estás enfadada.

martes, 25 de agosto de 2009

Sí, vi la de "El Nuovo Cinema Paradiso"

-"Hubo una vez, en algún lugar lejano, ahora olvidado de la memoria de la humanidad, un reino que tenía un rey generoso. Este rey tenía un castillo medio extraño porque era larguísimo, de un sólo piso. El reino estaba al borde del desastre y era la generosidad del rey la que provocaba eso. El rey tenía también una hija que estaba muy interesada en no hacer nada, daba largos paseos y tenía una de esas bellezas lánguidas que con el paso de tiempo se marchitan y dejan en su lugar un tremendo aburrimiento y la sensación de que se mira a un pergamino viejo. La gente se aprestaba para armar una revuelta y derrocar al rey y poner en su lugar a... bueno, la gente no tenía una muy buena idea de qué harían después de derrocar al rey. La soldadera estaba también más o menos desconcertada porque no sabían contra quien iban a pelear y además el rey no daba las disposiciones necesarias, lloraba en su cuarto porque su gente no lo quería y él que era tan bueno... Uno de los soldados, uno particularmente simplón y sin grandes aspiraciones, vio pasar a la princesa un día cuando hacía guardia en la puerta principal del castillo. La había visto antes y le parecía que era muy bonita e inalcanzable, pero ese día estaba un poco demasiado aburrido imaginando vacas que pastaban y exhalaban cantidades enormes de metano y pensó que sería buena idea hablarle. La princesa apenas se dignó a mirarlo y le dijo algo, cualquier cosa. Eso bastó para que el soldado cayera profunda e instantaneamente enamorado de la princesa. Todo ese día imaginó cómo sería el día de su boda, el rey que le daba un anillísimo de oro con el sello real y le decía: "muy bien, yerno, mira, esto es lo que vamos a hacer..." A la mañana siguiente buscó a la princesa por todos lados hasta que la halló, milagrosamente sola, sentada en una banquita del jardín real. Le dijo muchas cosas, cosas de enamorado, palabras llenas de pasión y ese tipo de bobadas que sólo dicen los soldados que se enamoran de princesas. La princesa lo escuchaba con una cara de hueva imposible y fastidio hasta que el soldado le dijo que para probarle su amor, la esperaría TODOS los días, durante un año, bajo su ventana. Que cuando la abriera, él sabría que ella lo amaba también y así... La princesa parecía muy sorprendida. Le gustaba su ventana, era azul y su cuarto era el único que estaba en el segundo piso, así que tenía un balcón muy bonito, decorado con macetas y cosas del estilo. La princesa le dijo que bueno y el soldado, muy seguro de su amor, salió del jardín y fue a amarrarse las agujetas a otra banca y luego se fue a su casa a comer.

Cumplió su palabra el soldado y cada noche iba a esperar bajo la ventana de la princesa, que en un principio estaba muy emocionada ante tal muestra de verdadero amor, pero que al cabo de un par de meses, durante la más dura canícula, se enojó porque no podía abrir la ventana para refrescarse y su cuarto estaba muy muy caliente. Bien pudo abrirla, pero quería ver si sí duraba un año el soldado, quien por su parte se quedaba dormido la mayoría de las veces o se iba temprano, ya que se apagaba la luz del cuarto de la princesa. Pasaron más meses y la gente seguía armando su revuelta, muy quitados de la pena, ante a mirada triste del rey que salía todos los días a decir arengas llenas de profundo sentimiento a sus súbditos. Cuando empezaron las nevadas el soldado se las vió duras y llevaba sus dos cobijas y unas botas muy fuertes y calientitas y dos pares de calcetines. Su amor por la princesa seguía intacto, pero a veces no podía evitar pensar que era una estupidez mayúscula. Cuando ya iban 10 meses de que esperaba bajo la ventana de la princesa las cosas en el reino poníanse cada vez más difíciles, la gente exigía cada vez más y el tesoro del rey hacíase cada vez más pequeño hasta que un día por fin se acabó, justo cuando faltaban cuatro días para que se cumpliera el año de que el soldado esperaba bajo la ventana de la princesa. Estalló la revuelta y la gente salía a las calles y era todo un desorden bastante agradable y el rey lloraba locamente. Al cumplirse el año justo el reino estaba en la ruina, la gente holgazaneaba y el rey se negaba a salir y entonces algunos empezaron a tener hambre y robaban de la demás gente y todo mundo gritaba y maldecía y entonces la Abundante y la Frondosa entraron como caidas... jejejeje, perdón, la Abundante y la Frondosa no tienen nada que ver en esta historia. El soldado fue a ponerse bajo la ventana con una cara radiante, como cuando se ganan todas las canicas y se es el campeón indiscutible del barrio en salto de cuerda. Esperó un par de horas y la ventana no se abría. La ventana estaba ahora muy despintada y un poco desvencijada. El soldado escuchó algunos ruidos, unos golpes secos y ruidos de goznes oxidados. La princesa adentro de su cuarto estaba muy desesperada tratando de abrir la ventana, pero había pasado tanto tiempo sin abrirla que los goznes estaban llenos de herrumbre y no podía abrirla y trataba con todas sus fuerzas pero no pudo. El soldado, casi al amanecer, se fue muy triste, con la cabeza gacha. El fin".

-Pues me parece que el soldado era muy pendejo...- dijo el niño de pelos parados.
-Pero es que no es la historia ni del soldado ni de la princesa, si no de la ventana.

Es que no le gustaron las guayabas.

Mi mamá fue al mercado a comprar cosas y regresó con unas guayabas. Mi mamá, has de saberlo, es el terror de los señores comerciantes. Compró las guayabas como por paquete, sabiendo de sobra que no hay certeza de que sean buenas, pero aún así las compró. Cuando llegó a la casa abrió la bolsa y descubrió que en efecto no estaban muy buenas. Regresó al mercado y cuando estaba enfrente del señor le dijo:
-Oiga, señor, no me gustaron sus guayabas.
El señor seguro la miró como se mira a un ornitorrinco y alcanzó a decir, quizá intimidado:
-¿Y qué le hacemos entonces?
A lo que mi mamá le respondió:
-Pues cámbiemelas.
El señor se las cambió.

jueves, 13 de agosto de 2009

Se llamaaaaaaa...

Y tú me preguntas y me dices de algo que te emputa (¿o es de algún poema que te gustó?) y yo no tengo ni idea de qué estás hablando y miro tus labios, sigo su movimiento suave y húmedo y sé que tienen una intención y algo peculiar, pero no puedo entender nada de lo que tu voz dice. Quizá no digas nada, un largo espectro de blablablas y nadamás; sin embaaargo, me da la impresión de que lo dices más o menos en serio, de que es importante y otra vez sigo el movimiento de tus labios rosas. Yo quisiera que por un rato al menos pusieras el disco de Beirut, pero no me atrevo a pedírtelo para no interrumpirte, para no interrumpir el ir y venir de tus labios redondos. A veces imagino que te salen colores de la boca, como si fuera cinestésico, pero no ondas de color si no más bien hilos gordos, como el viejo truco del mago que se saca tiras y tiras de papel de la boca. Siempre me impresionó ese truco. Te salen muchos colores y tu voz se tuerce, pierdo por completo el sentido de lo que dices y cuando me preguntas enojada: ¡¿Me estás escuchando?! yo te respondo que sí, porque sí te escucho, simplemente no pongo atención a las palabras, nadamás a los sonidos. Baaah, eso daría para una disputa semántica de si te escucho o te oigo, pero sería demasiado lío y te daría la razón al final, cuando empieces a ponerte roja de coraje ante mi necedad. Por supuesto, puedes también salirte con la tuya y decirme te quiero cuando no tengas nada que decir y eso sea lo único que se te ocurra y suene como si estuvieras lejísimos. O mucho mejor aún: que me digas "te quiero, pero es que eres muy necio..." Nunca he entendido a qué te refieres o si es algo bueno o malo, me da la sensación de que es algo final, definitivo, quien sabe porqué, simplemente no puedo replicar a eso. Sigues moviendo los labios y los humedeces con tu lengua, despacito, y cuando me miras te muerdes el labio de abajo. Se mueven y te salen colores, montones de colores.

miércoles, 12 de agosto de 2009

"What melody will bring your heart" (Beirut).

Y de como, hastiado de tanta contradicción, decide por fin acercarse y decirle: oye, niña, quiero que me beses en la boca. Y de como la niña, en un ataque de locura transitoria, lo besa en la boca y en otro ataque de locura transitoria le muerde tan duro el labio que se lo hace sangrar y el sonido es como de cuando muerdes una uva verde y la piel se rasga. Esto nos lleva, sin ninguna opción de que se acabe, a la parte en la que miraban tele sin mirar nada en realidad. Él miraba la ventana distraido, y ella se acomodaba la almohada y le dijo: "Ya te creció el cabello" y miró al techo mientras que el narrador de la tele, con voz muy sensual, decía que los hoyos negros son esenciales en la evolución del universo...

martes, 11 de agosto de 2009

"Y el ventilador desgarrándoteee" (Soda también).

Me equivocaría menos. Destrucción sin sentido, explosión que salpica estas calles de sangre y humo y de entre la visión borrosa sale un perrito moviendo la cola. El tiempo es corto, corto como una manguera que por poquito no alcanza a regar y enfada. ¿Hasta qué punto ariesgamos esto que llevamos por dentro? ¿No te molesta ponerte en el baquillo de acusados? ¿Poner todas tus canicas en una canasta? Dime lo que sientes. Mi cabeza estalla.

"Busco alguien que sacuda mi cabezaaa" (Soda Stereo).

Dijiste que el mundo se iba a acabar, que una gran catástrofe vendría, borrando todo a su paso para devolverle a nuestro viejo planeta su antigua faz. Pero no, el mundo no se acaba porque Dios está aburrido. Esta habitación gira locamente, caen mis libros, mi discos, mi ropa, mi cama, las medicinas que son para algo que no tengo. Caigo yo. Mi corazón. Mira, es de gel. Podrías hacerte un peinado exótico o ponerlo en alguna maceta (es nutritivo a la tierra). Veo mi imagen en espejos infinitos. Yoyoyoyoyoyoyoyo. ¿Quién soy yo? Una imagen. Yo. Y digo que soy más grande que mi soberbia. Una obra de teatro, alguien desmonta el escenario, soy hipócrita y te lastimo. Así que quieres destruirme destruyéndote a tí mismo... No se me había ocurrido, ¿lo habías pensado? Mi cuerpo se desvanece, ¿dejarás la puerta abierta? Por esta única vez...

jueves, 6 de agosto de 2009

"Les Ogres de Barback"

Se me despierta el apetito al olor del corazón asado. Primero hay que ir al mercado a comprarse uno bueno, que esté fresco y suave (para cerciorarse hay que sopesarlo un poco, si hace ruido de cachetada es que sí está bueno). Ya en la casa hay que poner aceite en un sartén (de preferencia de teflón) y cebolla. Ya que la cebolla está frita (al gusto) se pone el corazón en el sartén. Hay algo que es importantísimo para la posterior degustación: hay que escuchar el sonido de el corazón cuando se retuerce en el aceite. Es una especie de siseo agradabilísimo. Pero hay que escucharlo atentamente. Se le da vuelta cuando se ponga muy rojo o bien cuando se desee. Luego que ya está en el punto de cocción elegido se saca con cuidado del sartén cuidando de no chorrear la estufa (es muy difícil limpiar la sangre). Yo por lo general le pongo limón y salsa (si hay). Con tortilla sabe muy bueno, un buen taco de corazón sabe sabroso. Otra cosa que puede hacerse es pasar una tortilla suave por el sartén después de que se ha sacado el corazón y limpiarlo con ella, limpiar la grasita y lo que queda como quemadito en el fondo. Tiene un sabor un poco fuerte. La sal puede ponérsele antes de echarlo al sartén o ya en el sartén, no he notado diferencia alguna. Aahh sí, pero esto no es para hacer corazón asado, es para hacerlo frito. Es que es muy seco asado, pero igual huele muy muy rico.

martes, 4 de agosto de 2009

"A sunday smile..."

When I first saw Helen she was wearing a hat. A funny hat, small, black and with a tiny red feather on one side. But what amused me the most was her particular way to smile and how she shrugged. She smiled like saying "I know nothing" but that innocent gesture beamed all over her face. What a coincidence...