Mi mamá fue al mercado a comprar cosas y regresó con unas guayabas. Mi mamá, has de saberlo, es el terror de los señores comerciantes. Compró las guayabas como por paquete, sabiendo de sobra que no hay certeza de que sean buenas, pero aún así las compró. Cuando llegó a la casa abrió la bolsa y descubrió que en efecto no estaban muy buenas. Regresó al mercado y cuando estaba enfrente del señor le dijo:
-Oiga, señor, no me gustaron sus guayabas.
El señor seguro la miró como se mira a un ornitorrinco y alcanzó a decir, quizá intimidado:
-¿Y qué le hacemos entonces?
A lo que mi mamá le respondió:
-Pues cámbiemelas.
El señor se las cambió.
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