Y tú me preguntas y me dices de algo que te emputa (¿o es de algún poema que te gustó?) y yo no tengo ni idea de qué estás hablando y miro tus labios, sigo su movimiento suave y húmedo y sé que tienen una intención y algo peculiar, pero no puedo entender nada de lo que tu voz dice. Quizá no digas nada, un largo espectro de blablablas y nadamás; sin embaaargo, me da la impresión de que lo dices más o menos en serio, de que es importante y otra vez sigo el movimiento de tus labios rosas. Yo quisiera que por un rato al menos pusieras el disco de Beirut, pero no me atrevo a pedírtelo para no interrumpirte, para no interrumpir el ir y venir de tus labios redondos. A veces imagino que te salen colores de la boca, como si fuera cinestésico, pero no ondas de color si no más bien hilos gordos, como el viejo truco del mago que se saca tiras y tiras de papel de la boca. Siempre me impresionó ese truco. Te salen muchos colores y tu voz se tuerce, pierdo por completo el sentido de lo que dices y cuando me preguntas enojada: ¡¿Me estás escuchando?! yo te respondo que sí, porque sí te escucho, simplemente no pongo atención a las palabras, nadamás a los sonidos. Baaah, eso daría para una disputa semántica de si te escucho o te oigo, pero sería demasiado lío y te daría la razón al final, cuando empieces a ponerte roja de coraje ante mi necedad. Por supuesto, puedes también salirte con la tuya y decirme te quiero cuando no tengas nada que decir y eso sea lo único que se te ocurra y suene como si estuvieras lejísimos. O mucho mejor aún: que me digas "te quiero, pero es que eres muy necio..." Nunca he entendido a qué te refieres o si es algo bueno o malo, me da la sensación de que es algo final, definitivo, quien sabe porqué, simplemente no puedo replicar a eso. Sigues moviendo los labios y los humedeces con tu lengua, despacito, y cuando me miras te muerdes el labio de abajo. Se mueven y te salen colores, montones de colores.
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