martes, 25 de agosto de 2009

Sí, vi la de "El Nuovo Cinema Paradiso"

-"Hubo una vez, en algún lugar lejano, ahora olvidado de la memoria de la humanidad, un reino que tenía un rey generoso. Este rey tenía un castillo medio extraño porque era larguísimo, de un sólo piso. El reino estaba al borde del desastre y era la generosidad del rey la que provocaba eso. El rey tenía también una hija que estaba muy interesada en no hacer nada, daba largos paseos y tenía una de esas bellezas lánguidas que con el paso de tiempo se marchitan y dejan en su lugar un tremendo aburrimiento y la sensación de que se mira a un pergamino viejo. La gente se aprestaba para armar una revuelta y derrocar al rey y poner en su lugar a... bueno, la gente no tenía una muy buena idea de qué harían después de derrocar al rey. La soldadera estaba también más o menos desconcertada porque no sabían contra quien iban a pelear y además el rey no daba las disposiciones necesarias, lloraba en su cuarto porque su gente no lo quería y él que era tan bueno... Uno de los soldados, uno particularmente simplón y sin grandes aspiraciones, vio pasar a la princesa un día cuando hacía guardia en la puerta principal del castillo. La había visto antes y le parecía que era muy bonita e inalcanzable, pero ese día estaba un poco demasiado aburrido imaginando vacas que pastaban y exhalaban cantidades enormes de metano y pensó que sería buena idea hablarle. La princesa apenas se dignó a mirarlo y le dijo algo, cualquier cosa. Eso bastó para que el soldado cayera profunda e instantaneamente enamorado de la princesa. Todo ese día imaginó cómo sería el día de su boda, el rey que le daba un anillísimo de oro con el sello real y le decía: "muy bien, yerno, mira, esto es lo que vamos a hacer..." A la mañana siguiente buscó a la princesa por todos lados hasta que la halló, milagrosamente sola, sentada en una banquita del jardín real. Le dijo muchas cosas, cosas de enamorado, palabras llenas de pasión y ese tipo de bobadas que sólo dicen los soldados que se enamoran de princesas. La princesa lo escuchaba con una cara de hueva imposible y fastidio hasta que el soldado le dijo que para probarle su amor, la esperaría TODOS los días, durante un año, bajo su ventana. Que cuando la abriera, él sabría que ella lo amaba también y así... La princesa parecía muy sorprendida. Le gustaba su ventana, era azul y su cuarto era el único que estaba en el segundo piso, así que tenía un balcón muy bonito, decorado con macetas y cosas del estilo. La princesa le dijo que bueno y el soldado, muy seguro de su amor, salió del jardín y fue a amarrarse las agujetas a otra banca y luego se fue a su casa a comer.

Cumplió su palabra el soldado y cada noche iba a esperar bajo la ventana de la princesa, que en un principio estaba muy emocionada ante tal muestra de verdadero amor, pero que al cabo de un par de meses, durante la más dura canícula, se enojó porque no podía abrir la ventana para refrescarse y su cuarto estaba muy muy caliente. Bien pudo abrirla, pero quería ver si sí duraba un año el soldado, quien por su parte se quedaba dormido la mayoría de las veces o se iba temprano, ya que se apagaba la luz del cuarto de la princesa. Pasaron más meses y la gente seguía armando su revuelta, muy quitados de la pena, ante a mirada triste del rey que salía todos los días a decir arengas llenas de profundo sentimiento a sus súbditos. Cuando empezaron las nevadas el soldado se las vió duras y llevaba sus dos cobijas y unas botas muy fuertes y calientitas y dos pares de calcetines. Su amor por la princesa seguía intacto, pero a veces no podía evitar pensar que era una estupidez mayúscula. Cuando ya iban 10 meses de que esperaba bajo la ventana de la princesa las cosas en el reino poníanse cada vez más difíciles, la gente exigía cada vez más y el tesoro del rey hacíase cada vez más pequeño hasta que un día por fin se acabó, justo cuando faltaban cuatro días para que se cumpliera el año de que el soldado esperaba bajo la ventana de la princesa. Estalló la revuelta y la gente salía a las calles y era todo un desorden bastante agradable y el rey lloraba locamente. Al cumplirse el año justo el reino estaba en la ruina, la gente holgazaneaba y el rey se negaba a salir y entonces algunos empezaron a tener hambre y robaban de la demás gente y todo mundo gritaba y maldecía y entonces la Abundante y la Frondosa entraron como caidas... jejejeje, perdón, la Abundante y la Frondosa no tienen nada que ver en esta historia. El soldado fue a ponerse bajo la ventana con una cara radiante, como cuando se ganan todas las canicas y se es el campeón indiscutible del barrio en salto de cuerda. Esperó un par de horas y la ventana no se abría. La ventana estaba ahora muy despintada y un poco desvencijada. El soldado escuchó algunos ruidos, unos golpes secos y ruidos de goznes oxidados. La princesa adentro de su cuarto estaba muy desesperada tratando de abrir la ventana, pero había pasado tanto tiempo sin abrirla que los goznes estaban llenos de herrumbre y no podía abrirla y trataba con todas sus fuerzas pero no pudo. El soldado, casi al amanecer, se fue muy triste, con la cabeza gacha. El fin".

-Pues me parece que el soldado era muy pendejo...- dijo el niño de pelos parados.
-Pero es que no es la historia ni del soldado ni de la princesa, si no de la ventana.

No hay comentarios:

Publicar un comentario