miércoles, 31 de marzo de 2010

Viejitooooo

21-Oct-09
Y uno va leyendo fastidiado los letreros de la calle o los formularios de las oficinas de gobierno con sus letras chiquitas. Los sillones nunca serán suficientes, mucho menos estas sillitas incómodas y excesivamente cuadradas. O lee los instructivos, los reversos de productos en apariencia inservibles, como el aplanador de uñas, la marquesina automática o los letreros de neón con forma de flamingos o los controles remoto con sus muchos idiomas e incontables botoncitos. Lo malo es que no se les halla forma, son montones y montones de arañitas bailando muy rígidas, muy parejas, sin decir nada, con una especie de sorna muda e incomprensible. Con los señalamientos viales es distinto porque me las veo figurillas para no entenderlos porque sus figuras negras son demasiado uniformes, demasiado como la vida en estado estático. Por curiosidad robé uno. Es un poco pesado y hace ruido como de charola de pan. Lo puse en mi cuarto y ahí está, se asemeja a una familia de brutos colgando de pinzas en la pared o una estampa adherida a una trepadora. Una noche me pareció que la niña con lonchera se revolvía juguetona e inquieta, tirando de la mano de su papá (si es que realmente es su papá), que estaba muy renuente a moverse y la mamá parecía indecisa o quizás sólo apática, indiferente al barullo de su hija (si es que realmente es su hija). La sombra contra el muro, el punto de luz reflejándose en una esquina. Una luz completamente estúpida, sin chiste con su brillo opaco. Las etiquetas de ropa son un poco más interesantes, sobre todo los pictogramas, que de ordinario no entiendo, como el que son unas olas, tres hileras y que tienen una X, ¿significa que no se debe lavar? Cuando era niño quería inventar una tela que fuera anti-adherente para que se le resbalara la mugre y no hubiera que lavarla, pero pensé que debía ser aceitosa y no me agradó demasiado la idea, así que dejé eso por la paz.


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