sábado, 23 de enero de 2010

Tengo miedo de salir.

Pues mire usted joven, yo me llamo Franciso Romero y mi oficio es el de ladrón. No soy como esos chivatos pendejos que andan por ahí cargando sus pistolitas y navajas oxidadas, yo soy de etiqueta, le pongo empeño al oficio y la verdad es que me va bien. Dese cuenta de que ya es invierno y la gente anda muy enchamarrada, llenos de cositas y bobeando, todos cachetitos y chapitas. Pero la cosa en los barrios está cabrona, la gente pobre no tiene con qué taparse y se calan hasta los huesos los desdichados, nomás los ve uno tiritando y castañeando los dientes. Dan una pena que para qué le cuento. Ya sé que usted está leyendo a Pasternak y que el invierno le parece una cosa muy bonita y harto poética y esas idioteces que sólo a usted le importan, pero diría yo que es un acto de puro egoísmo. Pues no hay que andar pavoneándose de las lecturas, pues. No ande hablando de revoluciones y de la imposibilidad y la inutilidad de las mismas, la gente no quiere más que les hablen, están ya todos hasta el gorro de tanta porquería, tenemos ya bastante con el pendejazo de nuestro señor presidente de la puta mierda y todo su gabinete de ratas gigantescas. Y no lo digo por el gigantesco de Carstens, sino porque son unas ratototas, nomás roban los hijos de la chingada y la verdad la gente ya está bien emputada, pero qué quiere que hagamos, no sabemos qué hacer, cada quien quiere jalar para su propio lado, llevar agua para su molino. Usted dice que no, que debe de haber unidad, que la conciencia social, que no es utopía (a mí me está cayendo gordo que use esas palabritas, como que lo hace para dárselas de listillo) y blablabla, pero yo le digo que no es utopía, es una pendejada nomás. Cómo quiere que haya conciencia social si ya no hay ni sociedad, digo yo. Todos están buscando su propia salvación, a nadie le importa el vecino y eso de juntarse para proteger "la soberanía de este país" no es más que una pantalla para ocultar las ganas de salvarse. Nadie hace nada por nadie, se lo digo yo. Qué carambas, pero que ingenuo es usted y ahora permítame usar una palabrita que aprendí en la secundaria: qué cándido es. Hasta da ternura. Si yo no pienso que seamos hijos del diablo, más bien no somos hijos de nadie ya. No tenemos un padre o una madre en común, estamos preocupados por tragar, pues qué chingados, si ni que fueramos a vivir de buenas intenciones y de ayudar al prójimo. Cuando gruñen las tripas el prójimo importa para pura chingada. Usté dice que hay que unirse todos bajo una misma bandera y yo le digo: pero qué pinche bandera, si no la necesitamos, vivimos todos bajo el mismo cielo y eso alcanzaría para todos. Y sí está muy bien eso de unirse pero primero hay que llevarse algo a la boca. Uno no puede pensar si no tiene la barriga contenta, usté porque no se las ha visto negras, por eso puede andar hablando y diciendo, pero a los de abajo no nos importa la libertat ni ninguna de esas palabras, no sabríamos que hacer con ella, pues. A nosotros lo que nos importa en verdad es la papa. Es más, le propongo algo. Vamos aquí al mercado, al cabo nos queda a tiro de piedra. Agarramos a un cabrón, al que usté quiera, al más jodido y le decimos: mira, muchacho, te vamos a dar un pedazo de pan todos los días sin que tengas que hacer nada, pero no vas a poder trabajar en nada. Seguro que el cabrón acepta pero enseguidita, si no es pendejo. Ya empieza otra vez con los gobiernos. ¡Que no, chingado! No necesitamos cambiar el sistema ni ninguna de esas mamadas, pero qué cabeza más hueca tiene usté, ¡lo que se necesitan son huevos! Y bien puestos, que cada uno se ocupe de sus asuntos, que esos hijos de su puta madre de los catrines se pongan a trabajar en lo que su chingada gana se les de, pero que dejen en paz a la gente. Qué puto coraje cada que hablan y dicen que vamos 'pa mejor, que estamos saliendo. Y sus putos comercialitos en la tele, ¿pero qué de veras piensan que somos tan pendejos? Hasta ganas dan de romperles el hocico a todos, como al ese pendejo de Berlusconi. Que dejen de chingar y nos dejen trabajar, eso es todo, que saquen sus narices de nuestras casas y nuestras carteras. No se burle, cabroncito, soy ladrón, pero honrado. Cómo será pendejo, si yo no robo al barrio, robo al rico, así como el Robin Jud, y luego me lo gasto en los mercados, en los puteros o así y el dinero va a dar a la gente que sí trabaja. Es que lo que usté no entiende, ¡pero qué cabeza más pinche dura!, es que siempre va a haber un hijo de su puta madre que le quiera pasar a uno por encima. En todos lados hay un cabrón, o una cabrona, así y esos son los que nos tienen jodidos. Con una chingada, de veras que no entiende. No necesitamos nuevas ideologías, no necesitamos que vengan a iluminarnos, que nos digan cuáles son nuestros derechos, esos los conocemos ya y no porque lo diga su pendeja constitución que no sirve 'pa nada, los conocemos porque así funcionan las cosas, nomás por sentido común. No, todos los gobiernos son la misma mierda y si triunfa la revolución que usted dice nos van a poner a unos nuevos cabrones igualitos que a los otros, nomás llegan arriba y se acaba todo lo bueno en el hombre, se muere uno por dentro. Pus como no, imagínese que tiene que cuidar de millones, pues cómo chingados, ni que fuéramos dioses. Y entonces se hacen de la vista gorda, cómo cree que van a soportarlo si ahí está lo bueno. Entienda que nadie jamás va a renunciar a la comodidad, ni por sus hermanos. Los hombres no son hermanos, chingados, si tienen que competir por la comida y entre más juntes pues más chingón, menos de qué preocuparse, hermanos mis huevos. Si cada hombre viviera como hombre y no como bestia no necesitaríamos putos gobiernos. Que cada quien trabaje, que se gane el pan con el sudor de la frente, que deje de preocuparse por el prójimo que es lo mismo que estarlo chingando. Llévese sus libros, ande a predicar al desierto como Jesús, pues si nada más eso le falta.

El carbón me voló la cartera. Ya no puede uno confiar en nadie, qué carajos.

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