domingo, 31 de enero de 2010

Historia de un señor químico.

Ah que la chinita, me fastidia tener que hacerme cargo de gente pendeja. Es que carambas, ¿por qué la gente tiene que ser indiscreta? ¿por qué han de fingir preocupación por el vecino? Eso no lleva a nada bueno y el güerito lo va a entender por las malas. Ojalá que sirva de escarmiento a los demás porque tampoco puedo andarme cargando a todo mundo, ya que me den un descansito, si no soy un robot. Me tengo que despachar al joven Andrés Cariambo Jiménez porque metió sus narices donde no debía. Yo soy un hombre pacífico que respeta a sus semejantes y que no se mete con nadie y cómo es molesto hallar gente que no sabe ser prudente y que tiene que andar divulgando las cosas de los demás como si fueran vulgares chismes, como si vivir fuera un chismorreo incesante. Yo le avisé, que por lo menos no se vaya a quejar de eso, porque también los hay que se quejan y lloriquean como si en algo apreciaran su triste existencia. Lo bueno es que este no dijo ni pío y de no haber sido porque entró a la casa de doña Rosy cuando ya estaba muerta y me hallo ahí, seguiría vivo por quién sabe cuanto. Porque ahorita ya está más muerto que otra cosa. Si hasta me caía bien, me daba risa que salía a correr con sus pants y sus sudaderas seguido por su perro. Me parece algo idiota salir a correr tan temprano. Correr más bien, no importa a qué hora. Como si llevaran prisa, como si quisieran llegar antes que los demás. Pero bueno, su indiscreción (mira que amenazarme con ir a la policía a contarles, ¡pero niño, si esos pendejos nunca se enteran de nada!) le va a costar un poco cara.

En términos más serios: me gustan los tacos de bofe. Les pongo bastante salsa y me acuerdo que mi tía Mariana decía: "eres un pinche higadito". Mi esposa tenía la fea costumbre de echarle agua a la salsa y yo le decía: "al menos no le hagas tanta química enfrente de mí". Odio la salsa aguada, sabe a pura rama. Creo fervientemente en las cabañuelas y las sé contar con precisión.

Me gusta pensar que soy un agente de limpieza social aunque tenga en los periódicos un nombre más feo. Como dijo Sabina, el hombre es una epidemia que inunda las banquetas y yo las limpio. Me gusta que todo reluzca.

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