Estoy listo, pon ya el mantel. ¿A qué hora se va a acabar? No sé, yo puse mi corazón en la mesa, una carta de picas. ¿Picas? Sí, esas figuras extrañas de la baraja. Pensé que te referías a las armas romanas. No, hablo de mi corazón corazón, como si me lo hubiera sacado en ritual mexica y luego chorreante lo pusiera atrás de tus ojos para que lo vieras. Mmmm, creo que entiendo no. Sí, es simple, mira: yo tengo un corazón adentro, ¿no?, y luego digo que lo puse en la mesa para que lo vieras y por eso te dije que pusieras el mantel. Pero se va a embarrar el mantel y no quiero porque lo tendré que lavar y la sangre no se quita. Como las mancha de ciruela. Ándale. Ah, ya entiendo, aunque me parece bastante vulgar y lo que yo digo encubre siempre algo más que no me atrevo a confesar y nunca responden a lo que realmente quiero decir, se van con la finta de lo evidente. Lo explicas como teoría cuántica, necesitas explicarlo con peritas y manzanas. Ay no, ya me perdí en el marasmo de esta conversación. ¿Sí? Sí. Dime entonces lo del mantel. Nada, que estoy triste y puse un disco de This Mortal Coil. Necesitas leer. Quizá, pero pienso que antes necesito vivir. Ay, Dios Santo, ¿no irán nunca a callarse las olas? Ese es su sino, nunca parar, lamer eternamente las playas. ¿La eternidad existe? Lo dudo, pero no tiene importancia, me refiero a que siempre que el humano pise la tierra habrá olas y mar y playa y si desaparece el ser humano no habrá quién diga: hay olas y mar y playa. Tu postura filosófica es entonces subjetivista. Quién sabe, últimamente dudo todo, te digo que estoy triste. Mmmm. Quiero silencio y espacio y un poco de sosiego. Cuéntame un cuento. Y en dicho reino había cientos de mariposas transparentes que por las tardes salían a volar llenando el aire de un finísimo viento como el que tu boca exhala y la princesa estaba realmente molesta porque los alados seres no querían con ella jugar, preferían siempre a los niños humildes con sus rotosos vestidos y sus rodillas sucias y es que la princesa no sabía jugar porque nunca la habían dejado y se sumergía en inmensas estancias plagadas de señores que callaban y asentían con gravedad y ella quisiera divertirse aunque fuera con los niños sucios pero le daban asco, eso sin contar con que a los susodichos párvulos no les daba la gana invitarla, temerosos como estaban de ser castigados y muy bobitos que eran porque no sabían ni leer ni escribir ni geografía ni biología y pensaban que el cielo era azul y ay de mí, quizá de rato vengan a arrebatarme todo lo que flota en mi cabeza y me dejen nada más la tristeza y no tenga yo más lugar a donde ir que tu casa, infestada como está de suspendidos pensamientos oscuros acuosos como anémonas en medio de la noche flotando en el aire y entonces disparó su pistola de rayos láser y el haz de luz hundióse en la carne traspasándola sin miramientos, un sólo descarnar a una velocidad de vértigo, como caerse de un edificio muy muy alto y estrellarse contra el pavimento y los sesos... pero bueno, que luego de haber disparado se sintió muy acelerado, la adrenalina se le subía por las piernas hasta las orejas (o a lo mejor era al revés) haciéndolo sentirse invadido por una euforia bastante ridícula si se ve desde la perspectiva cyborg y volvió a disparar aunque el cuerpo estuviera ya inerte, descargó toda la carga de miles de años de tecnología dispuesta en forma de metal y plástico y algo que se supone no debería existir (si se ve desde la perspectiva humanista), aunque él nada de eso sabía, estaba muy concentrado en no errar y acto seguido se dirigió a su moto último modelo y en el aire onduló, como venida de un pasado tan remoto como el origen mismo del mundo, Barramundi y se preguntó qué demonios eran esos sonidos y de dónde provenían y se dio cuenta de que su moto estaba averiada y miró hacia la larguísima planicie que se extendía como un manto arenoso miles de kilómetros enfrente de él y echó a andar con un aire que a mí me recuerda tu andar charro que tanto me gusta, aunque es seguro que en ese tiempo ya no habrá caballos y si los hubiera estarían relegados a la simple cosa de existir (qué suerte de los equinos) y ay qué desazón, alguien ha entrado en mi cuarto y ha revuelto todo en busca de qué se yo, tal vez las piedritas que recogí en el río, tan lisas que están, tan tontas que son porque no me hablan ni me comunican nada, aunque tal vez buscara mi reloj de arena con sus flores horarias como el libro de Momo y ¡sopas!, me doy cuenta de que no puedo huir de ti y se me escapan cosas del estilo de: La imperante condición de movimiento o quietud. Pues nunca has sido muy ducho para esto, ¿verdad? No había acabado de contarlo. En serio, no seas malo, cuéntame uno bueno. Puedo no, me falta el talento y el genio, pero te recomiendo a unos amigos. Qué chiste tendría. Niña, quiero darte toda la sangre de mi boca. ¿Osea que te vas a morder la lengua y sangrarás y me darás ese líquido rojo? Ay ay, comprendes no, eso viene a querer decir que...
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