Entonces decidiste casarte y poner la rolita de La Guerra de las Galaxias como marcha nupcial y tu papá te llevaba turbado por el pasillo. Tú vas tan linda, ironía pura con tu peinado de Leia, arrastras el vestido y asumes ese aire triunfal de quien ha hecho todo y no soporta más la farsa. El novio ahí, al pie del altar, un franco insulto a Chubaca, gruñendo, restregándose las manos.
-It just happens that I love you, kid.
-Don't be ridiculous.
Han Solo sentado en la sexta fila de la derecha, en el lado de la novia. Taaan taaaan. Te ríes, el dramatismo del asunto y la rolita son perfectos. Por fin llegas al altar y “Soy un insulto a Chubaca” tomó tu mano y la acarició con repugnante dulzura y la besó para completar el asco que asciende viscoso por tu estómago. Gruñe algo, estás segura, pero da lo mismo. No quieres cerrar los ojos y volteas a mirarlos y asumes otra vez esa actitud hiper triunfal y seria aunque no sabes qué harás ni cómo soportarás el refusilo de maldad. El público, la Gran Audiencia, se removía como si fueran gusanos en sus asientos. Habían sido preparados para el solemne momento, deseabann con ansiedad ver cómo una criatura era despedazada por la vida arreglada. No quieres girarte porque sabes que te hallarás cara a cara con la cara-sapo del oficiador. El cabrón de Han Solo rió con sorna, tapándose la boca y tú imaginas que a todos esos personajes hambrientos de mierda les salen millones de granos en el culo y que se les revientan push plash (escuash). Se veían insoportablemente siniestros, malvadísimos, como cientos de doctores Caligari o Belas Lugosi dispuestos a saltar sobre tu cuello fresquecito.
-I don't love you, then.
-Don't be so mean.
Han Solo hijo de la chingada, los niños como monstruitos devoradores con sus agudos chillidos. No hay Halcón Milenario. Y entonces Cara Sapo carraspeó y los “Quiero comer mierda” se removían y se miraban entre sí. Por fin decides voltear, ya ni modo. Empezó la ceremonia, felicidad, qué solemne, qué asco, qué bonita, qué sermón más emotivo. Sí, acepto (sonrisa demoniaca chubaquesca). Sí, acepto (que me traguen las entrañas y echen mi cuerpo a los zopilotes). Florecitas y arroz. Marcha nupcial, otra vez las rolita de la Guerra de las Galatsias (te emperraste en que pusieran esa, de lo contrario no te casarías). Entonces la transformación: se rompen las pieles humanas, se cuartean como huevos de dinosaurio y en medio de un crujido de miles de cascarones emergen enormes reptiles. Se mueven rápido, como a cuadros fotográficos, con movimientos rígidos y se estiran, se saludan se ríen giran alredeor de ti. Cientos de enormes iguanas color verde y azul y rojo y amarillo con baba y sus deditos prénsiles y los mueven macabramente y quieres vomitar. Hay serpientes que se arrastran y mega lagartijas que usan toxidos y vestidos elegantes. Paren este asco, pides, es demasiado y uuff, Chubaca sigue siendo Chubaca. Han Solo es un monstruo de Gila negro con puntitos amarillos. Se mueven en cuatro paras y se yerguen, se acercan a ti, te rozan con sus pieles escamosas, te tocan con sus garras delgaditas y todo es muy frenético, tu papá es un puto dragón de Comodo que escurre baba por litros y sus colas chocan y hablan y muestran sus fauces amarillas. Es un herviero de reptiles y no consigues hallar ni una sola tortuga, ni un solo cocodrilo y unos tienen la piel sequísima y otros húmeda y lustrosa y sientes que vas a vomitar ¡no me toquen no me toquen!, gritas, pero no te sale la voz. Asco y miedo y una vibora inmensa se enrosca alrededor de tu cuerpo y te asfixia, exhala un aliento fétido y su lengua bífida va y viene y Chubaca te salva, la aparta y te rodea con su brazo peludo. Estás a punto de devolver el estómago cuando por fin sales de la iglesia y el sol te ataca con ferocidad, de lleno en la cara, y te ciega. Cuando vuelves a abrir los ojos ya no hay reptiles, ni uno, y te dan muchas ganas de llorar. Siguen ahí sus rostros malvados, Caligaris y Belas Lugosi a la espera. No consigues aguantar más, revientas en sollozos y te desmayas. De la emoción, te disculpa tu madre, la más canalla de todas las madres.
-It just happens that I love you, kid.
-Don't be ridiculous.
Han Solo sentado en la sexta fila de la derecha, en el lado de la novia. Taaan taaaan. Te ríes, el dramatismo del asunto y la rolita son perfectos. Por fin llegas al altar y “Soy un insulto a Chubaca” tomó tu mano y la acarició con repugnante dulzura y la besó para completar el asco que asciende viscoso por tu estómago. Gruñe algo, estás segura, pero da lo mismo. No quieres cerrar los ojos y volteas a mirarlos y asumes otra vez esa actitud hiper triunfal y seria aunque no sabes qué harás ni cómo soportarás el refusilo de maldad. El público, la Gran Audiencia, se removía como si fueran gusanos en sus asientos. Habían sido preparados para el solemne momento, deseabann con ansiedad ver cómo una criatura era despedazada por la vida arreglada. No quieres girarte porque sabes que te hallarás cara a cara con la cara-sapo del oficiador. El cabrón de Han Solo rió con sorna, tapándose la boca y tú imaginas que a todos esos personajes hambrientos de mierda les salen millones de granos en el culo y que se les revientan push plash (escuash). Se veían insoportablemente siniestros, malvadísimos, como cientos de doctores Caligari o Belas Lugosi dispuestos a saltar sobre tu cuello fresquecito.
-I don't love you, then.
-Don't be so mean.
Han Solo hijo de la chingada, los niños como monstruitos devoradores con sus agudos chillidos. No hay Halcón Milenario. Y entonces Cara Sapo carraspeó y los “Quiero comer mierda” se removían y se miraban entre sí. Por fin decides voltear, ya ni modo. Empezó la ceremonia, felicidad, qué solemne, qué asco, qué bonita, qué sermón más emotivo. Sí, acepto (sonrisa demoniaca chubaquesca). Sí, acepto (que me traguen las entrañas y echen mi cuerpo a los zopilotes). Florecitas y arroz. Marcha nupcial, otra vez las rolita de la Guerra de las Galatsias (te emperraste en que pusieran esa, de lo contrario no te casarías). Entonces la transformación: se rompen las pieles humanas, se cuartean como huevos de dinosaurio y en medio de un crujido de miles de cascarones emergen enormes reptiles. Se mueven rápido, como a cuadros fotográficos, con movimientos rígidos y se estiran, se saludan se ríen giran alredeor de ti. Cientos de enormes iguanas color verde y azul y rojo y amarillo con baba y sus deditos prénsiles y los mueven macabramente y quieres vomitar. Hay serpientes que se arrastran y mega lagartijas que usan toxidos y vestidos elegantes. Paren este asco, pides, es demasiado y uuff, Chubaca sigue siendo Chubaca. Han Solo es un monstruo de Gila negro con puntitos amarillos. Se mueven en cuatro paras y se yerguen, se acercan a ti, te rozan con sus pieles escamosas, te tocan con sus garras delgaditas y todo es muy frenético, tu papá es un puto dragón de Comodo que escurre baba por litros y sus colas chocan y hablan y muestran sus fauces amarillas. Es un herviero de reptiles y no consigues hallar ni una sola tortuga, ni un solo cocodrilo y unos tienen la piel sequísima y otros húmeda y lustrosa y sientes que vas a vomitar ¡no me toquen no me toquen!, gritas, pero no te sale la voz. Asco y miedo y una vibora inmensa se enrosca alrededor de tu cuerpo y te asfixia, exhala un aliento fétido y su lengua bífida va y viene y Chubaca te salva, la aparta y te rodea con su brazo peludo. Estás a punto de devolver el estómago cuando por fin sales de la iglesia y el sol te ataca con ferocidad, de lleno en la cara, y te ciega. Cuando vuelves a abrir los ojos ya no hay reptiles, ni uno, y te dan muchas ganas de llorar. Siguen ahí sus rostros malvados, Caligaris y Belas Lugosi a la espera. No consigues aguantar más, revientas en sollozos y te desmayas. De la emoción, te disculpa tu madre, la más canalla de todas las madres.
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