viernes, 22 de mayo de 2009

Buona fortuna

Vivo ayer, todos mis calcetines están rotos de algún lado, me gusta caminar en silencio y me pongo triste a la menor provocación. Te pienso cuando voy de regreso a la casa, imagino ciudades desoladas, llenas de basura y polvo, con enormes edificios grises, banquetas cuarteadas (muchas muchas fisuras que hacen muchas muchas figuras) y gente arisca que apenas asoma la cabeza por ventanas de póstigos de madera casi podrida. De repente estoy muuuy contento de estar ahí, perdido, sin tener que buscar, sabiendo que estarás detrás de un árbol con grandes hojas (una higuera, tal vez). Tengo la nariz roja.

Venía de regreso por Hidalgo y a la tercera ventana (consideremos como ventana cualquier cosa que no llegue al suelo) después de Ezequiel Montes empecé a contar los barrotes de las ventanas. 1137 llendo por la banqueta derecha hasta que llegué a la cuarta ventana después de haber pasado Ignacio M. Altamirano (después del 800 llegué al andador 16 de Septiembre -mi calle- y ya sobre esa cale me pasé al lado izquierdo de la banqueta). No me gustó el número, pero estaba muy mareado para seguir contando. Me gustó una ventana de puerta café con barrotes cafés. Era la primera después de N. Gutiérrez Nájera. 1147. Me gustó ese porque si sumas los guarismos (1+1+4+7) da 13 y sumados los guarismos de 13 (1+3) da 4 y el 4 es un buen número. Y no sé si sea malo ponerlo aquí, a lo peor es una especie de escarnio, venganza contra mí mismo por mi terrible estupidez.

No sé nada. Quiero que me digas que todo está bien aunque no lo esté, o que digas: ¡José Bernardo, dijeee!

Venga, sólo tú lo entenderás (luengo entenderás por qué sólo tú lo entenderás):

(- .) (--.- ..- .. . .-. ---). Lo digo yo, Petite.

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