El blog tiene como propósito nomás poder sacar mi obsesión por todo, no tiene mayores pretensiones. Entiendo que lo que pongo puede desagradar y que peca de simplista. Son cuentitos medio raros de gente medio simple. Por cierto, yo no hago literatura, yo hago cuentitos. Salut!
miércoles, 18 de agosto de 2010
A ti que te lo haces de baile de disfraces...
Podríamos dejar de pretender que existimos para el mundo y aunque a veces se me olvida la consabida metáfora de la flor de tus labios, me lo perdonarás cuando sepas que olvido también los mares que se supone encargo a mi memoria. Es borroso, sí, pero en cambio la nitidez de tu cuerpo deshojado me duele, me solivianta la voluntad. Puedo molestarme porque no puedo molestarme contigo y pensar en todas las cosas que dije, el carácter falsario de la realidad tomando posesión de mi cuerpo, pero en verdad no puedo estar triste como Huidobro sugiere. Podríamos hablar con gemidos y ser horrorosamente desolados como el Sin Cara de Miyazaki Hayao, ofrecer oro que pronto se convertirá en polvo por un poco de indulgencia, para aliviarnos el peso de ser leves. Tal vez prefieras la lectura de poesía asintomática, de un nuevo arte sin palabras que dejan de ser sonidos para ser colores flotantes, signos que todavía no se inventan para designar cosas que siempre han existido, como esta angustia por verte o la ternura con que te pienso, inseparable de lo que siento cuando veo un conejito. Podríamos vernos reducidos a cenizas, a arena blanca del viento, minúsculas partículas de sentimientos entrando y saliendo de los cuerpos que se apretujan en un nudo resbaloso. ¿No seremos, en suma, más que nuestro aliento? Puede parecerte una injusticia, pero, ¿y si esperamos primero a que se termine todo este caos? Que se reordenen el arriba y el abajo, que se nulifiquen las separaciones absurdas que nos mentimos a diario. Cada palabra será para nosotros juicio final. Los lugares comunes en nuestros recuerdos se devanecerán, serán arrastrados por años y años de nostalgias propias y remordimientos ajenos, ideas revoltosas y la inevitable destrucción de una línea temporal que se retuerce sobre sí misma (como la banda de Moebius). Podremos hablar de ello como si ayer aún no hubiera pasado, como si fuéramos profetas de un destino griegamente inexorable que se cierne sobre nosotros como la lluvia después de una larga farsa, arrancados los vestidos de una ridícula pretensión tan efímera como la muerte. Reducidos al mínimo de nuestro espacio, átomos circundantes de una carne que se pudre y que supura vida en olorosos borbotones, heridas incurables de historias heredadas, odios recalcitrantes de antepasados ya difuminados en ayeres infotografiables...
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarMe he ganado un punto más en la contienda contra mí misma. Volvió a ganar ella, ¿viste? El ambiente es propicio (llueve a cántaros), la persona correcta es público y la música el detonante. ¿Cómo, dime, trata al menos, se mantiene la Tierra en su lugar sin salir disparada al más allá en un eterno viaje estelar a través de los años luz rompiendo miles de asteroides y perforando galaxias? ¿Por qué ella sí puede y yo no? Mis miles de soles se extinguen sin que pueda hacer nada, ni siquiera en mi centro existe esa fuerza, la que debería de mantenerme quieta y con mis mares en paz, porque la luna se asoma y me palpita toda, ordena maremotos y mata a los habitantes de lo que solía ser mi sanidad. Yo lo sé. Y esto es lo que pasa. No me dejan de arder esos lugares inefables, indeletreables, son costras que no logran sanar, cordilleras que no puedo derrumbar.
ResponderEliminarEsto no es un cuento, porque no hayo los verbos y los que tengo no me significan, sus conjugaciones me atan la boca y los dedos. Estoy a punto de soltar algo, estoy a punto de desaparecer, no quiero ser etérea, no me dejes ser etérea, quiero volver a ser dibujada, mis lágrimas enjuagan tus trazos (estoy regresando sobre mis pasos, pasos en la nieve, pasos en los charcos, pasos en el agua), mi no-existencia me avergüenza y caigo como Altazor, nada más que se me olvidó abrir el paracaídas (¡No sé cómo convertilo en parasubidas!) Y no rebotaré, sino que me hundiré más allá del núcleo de todo ser. No sé si regresaré.
¿Me creería capaz de regurgitar de ese meollo?