sábado, 24 de abril de 2010

"Apáguese la luz en esta escena"

Me pregunto qué habrás sentido cuando abrazaste este cuerpo que es un futuro muerto, un actual consumidor, un número bailoteando en las encuestas. Pero sobre todo lo primero, un incipiente cadaver, blanco esqueleto que aún no queda al descubierto. Podría regalártelo, dedicarte mi muerte, la última imagen que veré, todos los regalos que daré. No pienso que sea un mal regalo, después de todo es de lo poco que es mío. Regalarte mis piernas ya cuando estén inertes, cuando no pueda hacer nada, regalarte toda mi pretensión de escritor, mi soberbia y mi estupidez. Lo que sí jamás voy a darte es lo que siento por dentro. Nunca, ni a punta de navaja. Puedes tomar mi sexo si quieres, mi saliva, mis ganas, mi negro deseo, eso es lo de menos. Arrancarme mi propia ausencia, mis ideas particulares sobre esto o aquello, mi eterna prisa. No estaría tan mal.
Me pregunto qué pensaste cuando besaste esta boca que es futura comida de gusanos, cuando recibiste esta saliva que algún día habrá de secarse. ¿Pensaste en algo? ¿te acomodabas el brasier? Luego me cargaste las pistolas y yo disparé pum pum, balas de miedo directo a tu zona intercostal. Extrañé el chasquido, eso sí. Pero no había que esperar mucho, la cuestión era precaria como todo equilibrio que se precie de ser tal. ¿Qué pensamiento acudió a tu mente cuando te quitaba la ropa? A mí un montón de las más obscuros presentimientos, figuras llenas de horror y mentiras, llenas de historias que no viviremos, fantasmas burlones del pasado y del porvenir, todo junto en el mismo tono: así no. Después volver al potro de castigo, a las ocho letras más perras de toda la filosofía. Como emerger del mar lleno de sal, tragando peces de colores que en realidad estaban en peceras. Emerger culpable, malditamente culpable, odiosamente culpable. Lloroso, tal vez, queriendo borrar lo acaecido, diciendo: oh no no no, estas no son tarántulas arrastrándose.
Me pregunto en quién pensabas cuando te reiste. ¿A quién soñabas cuando dijiste mi nombre en la penumbra? Yo imaginaba un pan (no sé por qué siempre un pan) mientras pasaba mi mano por tu abdomen. Mi mano de extraterrestre sobre tu vientre de pan. Una mestiza o una semita. ¿Sabes? Creo que pensé fugazmente en el chiste que me contó Hugo, ese en el que dos hormigas se pierden en el cuerpo de una mujer y los pechos son montañas altísimas. Rodeadas por una aureola, la aureola de todos los cielos, de cualquier infierno imaginable. Por favor, déjame usar esta palabra: paradisiaca. Aplicada a la estela de tu olor. Tu sexo huele bien fuerte.
Dime si imaginabas esto, si barruntabas que iba a quitarte la ropa interior tan apresurado, si previste que estaría dentro de ti este ser de carne y hueso que carga consigo cada día su muerte en estado lárvico. Porque a mí se me antoja extraordinario. Un futuro manjar de zopilotes entrando en un actual templo de perdición. Se me pasa la referencia bibliográfica, tal vez no la hay, tal vez sea una de mis poquísimas ideas originales. ¿Qué quisiste decir cuando dijiste buenos días? ¿qué quisiste decir cuando dijiste: no lo puedo creer? Y yo me pregunto por qué evitaste verme desnudo y por qué te tapaste con la cortina. Las mentiras son adornos demasiado ostentosos en tu boca. Estoy seguro de que se lo dije a otra mujer, pero no recuerdo a quién. ¿Esta vez sí me dirás algo? No sé, responder a la luz, salir al jardín, mirar películas. Hablar francés.
Quisiera saber qué cantabas cuando abrí la puerta, cuando me burlé del acomodo de los muebles. ¿Estabas ya excitada cuando mencioné la ancha cama? Yo sí, bastante. La sola idea, aunque algo menguada por el anticipo, me tenía ya dispuesto a desenterrar los dedos fríos e irremisibles de la Catrina de Posadas. No sólo los dedos, carajo, hasta el sombrero. Y pensé: a esta sí se la regalo para que haga una exposición en Bellas Artes: La auténtica y original Catrina de Posadas a precio de liquidación. Porque es verdad que no quedan muchas. Aunque pienso que te la comprarían mejor en la Alameda, junto a las papitas. Toda exposición es una venta. Yo por eso jamás expongo el corazón de la lotería, no sea que haya confusiones. Ya no sé ni lo que digo. Mejor será irse despidiendo, mejor será que nos vayamos yendo yo y esta muertecita mía que tanto quiero. Que tanto quiero. "Tocarme puedes, soy de carne y hueso".

1 comentario:

  1. ephemeral sensations...oblivious to all interactions.......finit moi!!

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