-Ya no quiero caminar- escribiendo al margen de lo que pasa, es como una niña en ininterrumpido berrinche.
-Buuu, si está bonito.
-Y eso qué las mantis con sus garrotas no mames las mantis no tienen garras pues como sea ¡Aldo, espérame! ¡Ya se vaventar! ¡Ya se vaventar!- revienta el plaf salpicador y todos corren a la poza.
-Pues que mira, ¿ves esos guijarros azules cállate pues serán patas el chiste es que se devora al macho con todo y exoesqueleto ¡no corras Luisito! (sandalias llenas de sal)?- se detienen un poco para poder escucharse. Aún ahí, en el hueco de la roca, risas viajando los alcanzan, gritos, plafs y esplashes y el rumor de la ribera.
-Qué tienen los güijarros.
-Nada, era para hacerte plática, siéntate jajajaja (la risa poderosa de Iván) ¡no mames! ¡salta! ¡salta! ¡salta! ¡ey! (plaf) jajajaja (diversos, distintos jasjasjás mezclados en desorden).
Ella juega con el resorte del traje de baño (su mamá la regañó, le dijo que estaba muy chica para andar enseñando -¿las partes pudendas?- y que además todos esos vagos -enfatizar el todos y pronunciar vagos con desprecio- eran malas compañías). Se quedan viendo y ella:
-No me veas ¡jajaja cayó de panzaso! Así.
-Cómo así.
-Así como ahorita.
-¿Así?- y la mira intimidante, pero sólo logra hacerla reír. Le agarra de los cachetes con una mano obligándola a hacer boca de pescado y se acerca. Ella no lo detiene, pero él se vuelve brusco y le da la espalda. Sonríe desilusionada mirándole la espalda, los brazos en jarro.
-¿No quieres ir?
-Adónde.
-Pues con ellos, tonta, ni modo que a dónde.
-Ah. Me aburre- y agrega una tardía n.
-Entonces por qué viniste- pregunta lleno de provocación y soberbia.
-Porque mis papás salieron.
-Mmchas, entonces mejor hubiéramos ido a tu casa.
-Nombre, estás loco, ustedes son bien aprovechados.
-¿Sabes qué?
-Qué- se acomoda en la parte lisa sin dejar de jugar con el resorte y lo suelta plis o tis.
-Me siento como en la secundaria.
-Qué bobo eres- ser ríe.
-En serio ¡salta! ¡salta! ¡salta! Cabrones, no se callan- se recarga en la piedra galaneadoramente con un brazo y cruza las piernas a la altura de la espinilla- Fíjate bien: nos salimos de la escuela, compramos atunes y pollos y andamos vestidos normal. Bueno, menos tú- ella se ruboriza y él la mira fija, escudriñadoramente- Y bueno... no sé, me siento así.
-Qué te jajajajaja (Iván ríe como cañón disparando) escapabas de la escuela en la secundaria?
-Uy sí, la secu estaba bardeada y había un hoyo en la malla por las canchas. El prefecto nunca lo halló ¡Benitoooo! ¡Benitocameloooo!
-Ya testás buscando.
-'Orita se cansa, me hablan para contarme alguna pendejada- empieza a cansarse del brazo, la coyontura del codo le hormiguea pero siente que retirarlo sería claudicar algo. Pura resistencia.
-¡Benito cabrón dóndestááás!- risotadas de exagerado volumen, tanto que suenan falsas- ¡Dóndestás lobo ferooooozzz!
-¿No que se iban a cansar?
-Parece que no. ¿No quieres ir?
-No, aquí tespero- y sonríe coquetísima y él vuelve a hacerle boca de pescado con la mano y parece arrepentirse y brusco se separa y ¡voy!
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