Es curioso verte desaparecer en mi cabeza, es curiosa la insinuación de lo posible, la línea que se extiende hasta el infinito, abrupta y plana. Y lo peor es que hay que ser gentil y soportarle con cierta dignidad, con “cantas” y “te doy la espalda para que me abraces”. También la mirada continua, hermosa y doliente, inalterable a pesar de los párpados, el ovillo de “estoy dormido y acurrucado” y la crueldad superlativa de “tespero”, la alharaca y tu silencio. Es curiosa la insistencia, la mar y los pecesitos, los esfuerzos inanes por perdurar y lo insoportable de “soy importante”, más aún cuando se presenta bajo malogrado disfraz de humildad. Una chacota por donde se le vea. La velocidad supersónica de mi pensamiento de ti, los interregnos de felicidad, espasmos terribles de un corazón ajado y somnoliento. La maravilla que se esconde en cualquier sitio, la búsqueda para calmar la sed de ser y saber y estar. Lo de “hoy no fui” u “hoy te marqué y no estabas”, todo sujeto al carácter volitivo de la fuerza invisible que nos empuja. No hay escape a la invalidez viscosa de lo absoluto ni a tu presencia chocolatosa cuando te sueño, ni a las etiquetas ni a “no quiero” o a la burda mentira de “quiero pero no puedo”. No se pueden evitar las palabras feas ni tampoco “no hay nada que desee más que estar contigo”. Punto
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