Que la vida hace crrrrrrrish crrrrrrash y que la profusión de añicos de vidrio de ventanas llenas de la vaharada que exhala la calle que te lacera la carne, que penetra tu piel caliente, no es otra broma de un señor creador sino la realidad mordaz, la verdad en forma de cristales diminutos entrando por debajo de tus uñas cuando cierras el puño y desgarras tu boca con un grito de dolor sordo y profundo. Que el fúrico aporrear de tus manos contra bultos y fguras pesadas no te romperá los nudillos en astillas de hueso perforando tu ardor sino que la masa, informe de tanto golpear, resultará en novísima forma tumefacta y que descargar así tu ímpetu cederá a un interregno brevísimo de calma. Que la estridencia que acalla tu voz no es una ilusión diseñada para aturdirte sino pedazos diseminados de un futuro siempre cercano pero nunca alcanzado y que las garras aceradas que te penetran las espalda dejando sangrantes marcas son sentimientos destilados en la ardorosa fuente que es el centro de tu interior y no un fortuito intento de una bestia de matarte como tú crees. Que el horrísono derrumbe de muros y más muros dejará un horizonte despejado y no un montón de escombros inútiles para construir nuevos muros y que el desgarre de la piel del mundo dejará entrada a nuevos mundos y no hoyos imposibles de llenar. Que el líquido viscoso que emana de tu boca no es podredumbre hediendo a fresca menta sino tu saliva, tu deliciosa saliva transformada en beso denso humectado y que lo que te sale de las entrañas no es vómito como te han hecho creer los que no creen en nada verdadero sino savia de tu árbol, alimento de más y más pajaritos de relucientes plumas y horroroso canto o al revés. Que la mano invisible que aprieta tu cuello no es un fantasma que te ahoga sino la pura y dura desesperación de no saberte vivo, de hallarte vacío de los ojos y que la angustia que te carcome el cerebro es un deseo de ir, de estallar y no un estado de locura transitoria. Que el filo cortante de los días, que la estela de amargura que vas dejando cuando caminas no es un intento de demostrar tu existencia sino lo contrario, la prueba infalible de que esto es un sueño y que a veces despertamos para ver lo que se esconde tras el velo espeso de una estructura vieja y herrumbrada que tenemos enfrente de nosotros y que la maraña negra de tus pensamientos apretujados contra sí mismos con violentas sacudidas no es una racionalización del exterior sino una expresión pura de lo que sucede adentro. Que la cuerda que el verdugo aprieta en feroces tirones no es para ti, no es para que después te veas colgar inanimada, mecida por el viento como un palo a merced del cielo, es para lo que viene luego, preparación meditada de un ahorcamiento de las ganas de salir corriendo en medio de este horror y esta literatura y que la furia, el flujo piroclástico que te recorre y hierve por debajo de una delgada capa de grasa en derretimiento saldrá en sonora explosión. Saldrá en forma de letra o de voz o de grito o de sangre o de feroz emoción en medio de un calle vacía de humanos y llena de autómatas. Que todo va a salpicarse cuando tu cuerpo se desmembre y chorros de líquido rojo empapen los adoquines y sean serpientes encolerizadas persiguiendo los rastros de la libertad por fin al alcance de la mano. Pero tú ya no verás nada.
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