viernes, 3 de septiembre de 2010

Muerte anunciada de un mostro policéfalo, en busca de Yisus y la inevitable y sempiterna predominancia del kitch

Dedicado a Hugo Márquez, hermano y lámpara oscura.

El miércoles pasado fui con Carla al Museo de la Ciudad a ver una película (cuyo nombre, gracias a una saludable costumbre mía, no recuerdo) que daban como inauguración del ciclo de Cinema Catalá. No me detendré en la película. La importancia de la propuesta catalana es que redunda. Presenta una situación pecualiar, sí, pero el trasfondo esencial es el mismo que el que desde hace varios años el cine europeo tiene. La generalización puede ser perdonada y no quiero entrar en esas honduras. Dije que la redundancia es importante porque (¡Oh, señor, escúchanos!) revela un "problema generalizado". Cuando el inconsciente o incluso el consciente colectivo aborda los mismos temas desde distintos ángulos, una de las razones más probables es que ese problema sea compartido. Considerar a la Europa como un organismo y no como diversos países, y todo lo que eso conlleva, es un error necesario. Es un error cierto, por decirlo así, lo mismo que es llamar Latinoamérica a Latinoamérica y considerarla también un organismo. La verdad que se trasluce en las últimas películas europeas que he visto y los poquísimos libros que he leído y las noticias que se cuelan en los medios masivos: la vieja y sabia Europa se está muriendo. Toda ella. Está podrida, chocha, cansada, obsoleta, sus fundamentos siguen siendo los mismos y lo más curioso es que ya se dio cuenta y con gran dignidad se dirige al cadalso, no importa el escándalo que parece hacer. Como un extranjero (todos somos extranjeros para alguien), mis opiniones tienen que estar por supuesto muchos más sesgadas que las de ellos. Pero no pueden negar que lo dicen, no pueden negar que ellos mismos están conscientes de su futuro holocausto. Desde la visión más optimista uno puede esperar que sea el desastre que precede a un cambio, que después del derrumbe vendrán una nueva Europa y por ende, aunque nos duela a todos, un mundo de verdad nuevo. Mi eurocentrismo tiene una raíz simple: Europa sigue siendo el referente, al menos en lo que respecta a América. Y el que no esté de acuerdo no cambia las cosas. Yo propugnaría por que América fuera América y no un, generalizo otra vez, constante copiar, el espejo lleno de vaho. El día en que nos libremos de Europa será un gran día y empezará también para nosotros un derrumbe, pero como dudo que eso pase en lo que espero vivir, seguiré con mi fantasía utópica de una América americana, considerada como tal por una mayoría americana.

Las razones por las que la Europa está como está son bien reconocibles e inevitables. La primera (no en orden de importancia) es que está habitada por humanos que son europeos. O dejémosle por humanos. La segunda es el gran falo de nuestros tiempos. Sobre esto me he tomado muchas veces la molestia de hablar. El Gran Falo del mundo contemporáneo es, señoras y señores, La Velocidad. El poder y sus inefables amigos siguen ahí, pero considerando que el poder es el ultimum abstracto y que es en realidad el Falo de Todos Los Tiempos, lo dejamos de ladito por ahora. La velocidad es la constante de nuestros tiempos y casi todo está medido en torno a ella. Se ha convertido en un referente de poder. Todo emana del pinche poder, carajo. Si volteamos a cualquier lado nos encontraremos con que entre más rápido y expedito (cómo me encanta esta palabra en boca de la burocracia) sea algo, es mejor. Sin miramientos. Las máquinas, los hombres, la tecnología, los ritmos de trabajo, la duración del placer (uno de los ejemplos más evidentes del poder increíble del falo). Quien no me crea sigue creyendo que la Iglesia nos va a salvar. Y hay muchas razones más, pero soy muy perezoso y no conozco tantas. La velocidad es, como falo, una herramienta del hombre europeo (quien piense que los gringos no son europeos sigue creyendo que los políticos nos van a salvar. Son más o menos lo mismo, pero torcido). Di como razón al hombre porque el hombre es esencialmente un animal soberbio. Soberbia más velocidad más consecuente imbecilidad igual a ya nos cargó la verga a todos. Me da muchísima risa. Sobre la europidad de América quisiera ahondar un poco más para que no me estén chingando que soy un lamehuevos con complejo de inferioridad (lo último muy cierto). ¿Qué otra cosa necesitamos para evidenciar nuestra europidad aparte de nuestro lenguaje? Lo poco que nos queda de no europeos lo estamos masacrando para robarle las tierras y unirlo a la calesita esclavizadora. Y aún más. Ahora viene, oh Dios de las paradojas, el Gran Kitch. El kitch americano explicará por sí solo el kitch europeo, que a su vez explicará el kitch occidental, que tal vez explique el kitch humano. El gran kitch Americano, herencia profunda de los conquistadores, es el Dios Occidental. Pam pam pam paaaam (poner la músiquita macabra). El dios occidental es una contradicción. Como el dios que nos gobierna ahora es, por más que lo neguemos, el dio judío, cabría darle un espacio en este texto. El dios judío es el kitch más extraño y por eso el más esperable. Los judíos están bien pinches locos, en serio. ¡Imaginar a un dio a su imagen y semejanza! Válgame. Pero se supone que somos nosotros los que fuimos creados a su semejanza. Los problemas superficiales que eso crea son ingenuos, pero son los más importantes precisamente por eso. La ingenuidad es la más grande cuestionante porque carece de prejuicios. De niño, cuando me dijeron eso, creía que dios era hermafrodita. Después viene lo asqueroso: ¿dios tiene ano? ¿dios caga? ¿dios coge? ¿dios se excita? ¿dios se enferma? Y la peor de todas, que es después de eso: ¿dios tiene cuerpo? Porque si no cómo chingados fuimos creados a su semejanza. Las preguntas son infantiles, pero son las más duras, son de las que tienen más carga de duda ontológica. La gente jamás, jamás, habla de eso, lo evitan, lo esconden, lo reprimen en los estratos más profundos de su ser. ¿Por qué? Porque cuestiona los fundamentos mismo de toda la cosmogonía occidental, es decir, su postura frente al mundo. ¿Lo divino convertido en mundano? ¿lo perfecto crea algo imperfecto? ¿lo correcto crea algo incorrecto? Esos son los postulados de la biblia y en general de las religiones. Unos seres superiores crearon unos seres inferiores, ¿pero para qué?. A-la-mer-ga. Si Dios creó al mundo y vio que era bueno y si somos entonces buenos, ¿cómo carajos somos lo que somos? Quien piense que puede escapar de la religión me da pena. Incluso la negación de la religión es un pensamiento religioso. Para negar algo, tienes que considerar primero la posibilidad de su existencia. Dios nos ampare. Y heredamos eso de Europa, la cosmogonía, nada más. Qué risa.

Consideremos ahora algo de suma importancia en la religión judía y que es la razón por la que yo personalmente creo que es tan popular (en toda la extensión de la palabra): la muerte. La muerte ha existido como la única verdadera constante en el mundo humano. Lo que hace a la religión judía tan especial es el carácter amable y redentor con que recubre el acto de estirar la pata. La muerte es la gran hermanadora del hombre en la religión jeovaística. Cuando morimos todos vamos al mismo lugar. O a dos posibles lugares: si eres malo y no sigues los mandamientos de diosito, te vas al infierno a quemarte por toda la eternidad (la fijación piromaniaca del judío es también algo digno de notar) y si eres buenito y sigues los mandamientos, derecho al paraíso. Lo que hace de ambos lugares una verdadera joda es que ahí todos somos iguales. A-la-mer-ga. Pero cómo, se pregunta el soberbio hombre europeo, ¿yo igual a un indio miserable, mitad animal? ¿yo igual a un negro incivilizado y sucio? Y aristócratas y burgueses se preguntan angustiadísimos: cómo, ¿yo igual a un pobre harapiento? ¿yo igual a un apestoso y mugriento pordiosero? Y comparto su profunda desazón. Por eso los pobres son tan religiosos, por eso la religión cundió primero en ellos y se esparció, porque los pobres eran inmensa mayoría. Una religión como esa sólo podía salir de un pueblo oprimido. Bien oprimido. En el reino de los cielos el pobre cobra venganza, en el reino de los cielos el opresor se la pela. ¿Pero qué pasa mientras en el reino de la tierra? Que todos morimos, sí, peeeeeeeeero, ¡no en las mismas circunstancias! Pos ahuevo. Un rey muere encamado entre seda y chingos de mamadelas del estilo, calientito, bien cebado, con su pase de entrada al cielo garantizado. El jodido muere de hambre o frío o asesinado o qué voy yo a saber. ¿Me esplico? El kitch de la religión es omnipresente. Dios es un gigantesco kitch. El kitch es todo aquello que elimina lo desagradable, lo que no nos gusta, lo que no podemos aceptar dentro del kitch de bienestar, lo que va en contra del fabuloso kitch de lo aceptable. El kitc esencial es la idea de mejorar, de hacer mejor las cosas (los alemanes me amarán). Eso se lo copié casi igual a Kundera. Pero como es kitch describir el kitch, me retiro amablemente de futuras definiciones.

Todo lo anterior es lo que ha llevado, incubado desde su nacimiento, a la sociedad europea a la ruina. La acumulación de riquezas, la velocidad como falo, la creencia de un posible y cómodo paraíso en la tierra y etece etece etece. Uno pensaría: caray, por qué entonces no salirnos del kitch y preservarnos más tiempo, alargar nuestra pútrida existencia, ¿no? Porque no se puede, jojojojo. Es lo maravilloso del hombre, que no puede escapar de sí mismo. Sobre esto me extiendo: hay millares de kitches. También de Kundera: para que el kitch sea tal, tiene que ser aceptado por un montón de gente, si no, ni siquiera importaría. Hay el kitch de las revoluciones, el de las religiones, el de los partidos políticos, el de las ideas progresistas (a lo mejor el mismo que el de las revoluciones), el del arte (penosísimo y hermoso) y así hasta el infinito. Todo es kitch de algo. El hombre es el Gran Creador del kitch. Merde, ya dije esa palabra como cien veces. Me gusta harto. A lo largo de la historia occidental, ha habido grandes pensadores que se dieron cuenta y trataron de evidenciarlo, es decir, se dieron cuenta de que, pongamos este ejemplo, el kitch capitalista era nefasto. Así que propusieron otro. Ay, Marx. Y pongamos también el caso del arte. Hacia el final del siglo XIX y principios del siglo XX surgió una deliciosísima corriente de movimientos vanguardistas. Lo que hacían estos movimientos era salirse del kitch que había permeado la humanidad durante siglos. Lo criticaron, lo hicieron pedazos, lo evidenciaron, lo transformaron algunos y así. Pongamos el movimiento Dadá, que simplemente negó el arte y a Joyce, que se sale de todo lineamiento canónico y escribe Ulysses. Qué felicidad. Algo nuevo en el mundo. Síííí. Debo apuntalar algo: kitch igual canon. Lo curioso de estos movimientos, de las teorías de Marx y Engels y de los nihilistas rusos y las vanguardias europeas y latinoamericanas (ahuevo, ya era hora) es queeeeeeee: ¡se conviertieron en kitch! Jajajajajaja. Algo que iba en contra de lo aceptado se conviertió en aceptado, Joyce se ha convertido en un autor del canon y el movimiento Dadá se convirtió arte pop. En eso consiste la gran preminencia del kitch: absorbe todo y lo descagada. La sociedad, insuperable kitch. Mua ja ja ja. Pienso que un tal Andy Warhol se dio cuenta de eso. ¿Y qué hizo? Hizo el arte más kitch de la historia. Un arte hecho de kitch. Yo pienso que quiso hacerle una broma a la humanidad y la humanidad no se rió, se la tragó toda. Admiro harto a Warhol por eso, porque nadie se rió. Y lo mismo pasa en la música (Debussy es un músico del canon ahora, lo mismo que Schriabin), la política (la izquierda es casi la misma mierda que la derecha) y la sociedá (todo el desmadre del rock y el jazz como movimientos de repercusión social, lo mismo que las modas vanguardistas, o mi ejemplo favorito: ser naco es chido, acuñado por los Botellita de Jerez).

Actualmente estamos empezando el movimiento pendular. Pienso que es punto menos que imposible que el hombre se de cuenta cabalmente de qué es lo que pasa en el momento histórico en el que vive. Luego vendrán los historiadores a decirnos qué fue. Por ejemplo, dudo que los frances, al iniciar su revolución, pensarán que tendría las consecuencias que tuvo para el mundo. Ahora nos llamamos a nosotros mismos sociedad postmodernista y aparte del nombre tenemos poco. Es una repetición o negación de la historia humana, no hay nada nuevo bajo el sol. Hiperpecialización nó es igual a progreso. Las futuras generaciones, si es que hay tales, nos llamarán "los postmodernos" y tendrá un significado completamente distinto al que tiene ahora. Seremos el pasado. No podemos describirnos con precisión, no ahora. Tenemos los precursores, las intentos de descubrir qué pasa en el mundo. El hombre, entendido como sociedad, no puede definirse a sí mismo mientras está viviendo lo que intenta definir. En el presente todo es pasajero. Ahora podemos darnos cuenta de la borrasca por el vano intento, evidentísimo, de mover el péndulo hacia el otro lado. Hay ahora, junto a la desesperada carrera por ser diferentes y globales al mismo tiempo (la gran contradicción del hombre cosmopolita moderno), una intención de volver a viejas tradiciones. La comida, la ropa, la música (ritmos repetitivos esencialmente para bailar. Imagino a un hombre de las cavernas con un sintetizador), las ideas religiosas, el regreso inesperado del esoterismo y el necesario "largo etcétera". Me encanta la idea y el sonido de "movimiento pendular". Una última cosa: la ciencia es un escape del kith porque la ciencia va siempre antes que al sociedad, es decir, que el kitch, aunque ya luego los impensables y denostados avances científicos se conviertan en la norma. Subirse a la cresta de esta ola de tufo a muerte y esperar al té deum de la vieja Europa para ver si dan galletitas y café.

1 comentario:

  1. jajajaja la ciencia es un escape del kitsch! jajaja que buen texto. tenia pensado ir al cinema catalá en su primera presentación, pero por cuestiones de horarios no pude. que buen texto!

    ResponderEliminar