Fue de por sí extraño que una mujer solicitara hacer las pruebas, más aún que las pasara. Se corrió rápidamente el rumor entre los checadores.
- ¡Llevas 11 de la 37! Dicen que hay una ñora que se apersonó con la mera mera 'pa entrarle al jale.
- ¡Llevas cinco de la 68! Simón, dicen que está bien buena.
Antes de subirse a manejar la ruta ya era famosa aunque pocos la habían visto. Le tocó la 44, una medio floja, ni mucho pasaje, apenas pasaba por una escuela. Empezó el lunes. Todos preguntaban: ¿ya estuvo? ¿Ya anda trepada la ruca?
- Sí, papá, la pasé hace rato. ¿Eh? Pues dos dos, pero a eso de las doce va a caer la palomita.
Se oyó por el radio, en el canal 2:
- Hola, chicooooos, soy la nueva.
Tenía una voz cachonda, gruesa.
- Hola, mamiii, que tranzita.
- Hola, bonbón, ¿dónde andas?
-Hola, tesorito, ¿te puedo ayudar?
- Jajaja, hola, bizcochito, a ver si nos vemos de rato...
Y blablabla.
- Jajaja, gracias, niños. Fíjense que sí necesito un poquito de ayuda. Estoy directa en la 57, pero un pendejo se me cerró y me tocó. Es la 86, denle un lleguesín por mí, ¿sí?
- Claro que sí mami rica a ese wey yo lo topo sobre central.
- Simón mamacita yo lo topo en Zaragoza al puto.
- Ándale salió perra la lobita.
- Pues yo igual le doy un llegue al marrano la trael Vichi ¿no?
- Sí la trae el suavecito siempre la hace de pedo.
- Sócrates Tiburcio cámara.
- Jajajaja, gracias niños. Otra cosa, ¿verdad que para pasar por la escuelita esa tengo que agarrar la prolongación de Zaragoza?
- Sí mami ai tevas derecho hasta que topas el letrero.
- Gracias gracias.
Contrario a todas las predicciones y apuestas, la palomita sobrevivió al primer día y llegó nomás ocho minutos tarde al corral. Cuando se bajó del camión con su uniforme caqui todos los demás estaban afuera de las oficinas, esperando. Le chiflaron un chingo y dijeron muchas obsenidades. Agitó su melena negra, lo que provocó que chiflaran más y que gritaran más porquerías.
- Hola, mis niños, ¿ya cansaditos?
- Naaahh, apenas listos ¿vives lejos? te puedo llevar...
- ¡Eh eh puto! No acapare ¿dónde vives linda?
- Cállense cabrones.
- Un chilito nomás...
- Mira nomás ese culito...
- Ahh, jajaja, gracias niños, vivo en la Remolacha, pero me voy a ir en taxi, tengo un amigo que...
- No no no como vaser eso yo te llevo me queda de pasada.
- Jajajaja, oi este pendejo tu vas 'pal otro laredo yo sí pasó por ai nomás tengo que dar una desviadita.
- Jajaja este zorrita nombre tú jalas 'pa central no te queda ni cerca yo paso por la Remolona por la Espapiritos...
- Gracias niños, pero ya quedé con el, mañana será.
- Ya déjenla ir cabrones.
"Hasta mañana ricura mamacita sabrosa bizcochito nalguita mmi ricura blablabla..."
Se fue haciendo adios con la mano levantada, meneándose. Al otro día fue casi lo mismo, todos atentos tratando de hacerla reir, diciendo naturalmente porquerías, ella riendo y haciendo plática, diciendo: ¿a poco? Nombre... ¿sí?
Lo realmente interesante ocurrió el miércoles, día de tránsito insoportable, el día más pesado. Todos sabían el canal, todos hablaban al mismo tiempo, una desmadre que sonaba como estática de radio. Al principio nadie lo notó. Eran las 12: 30 de la tarde, salida de los escuelantes, una pitadera, gritos, las calles atascadas. Algunos empezaron a hacer shhhhshhhh y luego gritaron ¡cállense pendejos! Uuuyy papá que florecita salis... Empezaron a callar. Algo parecido a un gemido salía de los radios.
- Qué pedo qué pedo.
- ¿Alguien ha visto la 44?
- ¿Alguien?
- No, no la he visto.
- la vi hace una hora en la prolongación.
- Tú la topas rana ¿ya la pasaste?
- Nel.
Sí, eran francos gemidos. Ooohhh síííí aaahahaahhha. Era taaan excitante, una voz aterciopelada que parecía arrastrar cada sonido y jugar con el. OOohhhohohh. Ahora viene lo divertido. A la 41 le dieron un madrazo por no avanzar, a la S también, la 29 se pasó un rojo, la 14 de plano se orilló, montones de niños bajando, señoras corriendo y gritando.
- ¡Abran las puertas!- algunos acercándose al radio, rodeando al conductor. Sorpresa total, un caos vial y una mujer masturbándose por la radio de la 44. Aaaahhhahahaa sííííí mmmmmmm oooohohhhho. Choques, gente gritando, policías sonando desesperadamente sus silbatos, pitazos, mentadas de madre tuputamadrecabrónpendejodemierda. Un ruido ensordecedor, desquiciado, mágico, total. Y una mujer se masturba por radio. Pipiiiiiiiiii pipiiiiiiiiiiiiii óraleputosavancenquepasadilequesemuevaadondevantodos. Mmmmm sssíiíiíííí´ohohohohhhoooo que ricoooo mmmmmm. La ciudad se detuvo, atascadas sus propias entrañas, saturadas sus venas de asfalto por su sangre de metal. Taaaaanta desesperación. Una mujer lo mira desde una azotea y sonríe al tiempo que gime. Todos llegaron tarde a todo, nadie sabe qué pasó. Fue un momento perfecto, el gran rugido de la gran ciudad, la enorme bestia exasperada y llevada al extremo de su locura. Hallaron la 44 en un parquecito, vacía, con los espejos retrovisores rotos. Sin radio.
- ¡Llevas 11 de la 37! Dicen que hay una ñora que se apersonó con la mera mera 'pa entrarle al jale.
- ¡Llevas cinco de la 68! Simón, dicen que está bien buena.
Antes de subirse a manejar la ruta ya era famosa aunque pocos la habían visto. Le tocó la 44, una medio floja, ni mucho pasaje, apenas pasaba por una escuela. Empezó el lunes. Todos preguntaban: ¿ya estuvo? ¿Ya anda trepada la ruca?
- Sí, papá, la pasé hace rato. ¿Eh? Pues dos dos, pero a eso de las doce va a caer la palomita.
Se oyó por el radio, en el canal 2:
- Hola, chicooooos, soy la nueva.
Tenía una voz cachonda, gruesa.
- Hola, mamiii, que tranzita.
- Hola, bonbón, ¿dónde andas?
-Hola, tesorito, ¿te puedo ayudar?
- Jajaja, hola, bizcochito, a ver si nos vemos de rato...
Y blablabla.
- Jajaja, gracias, niños. Fíjense que sí necesito un poquito de ayuda. Estoy directa en la 57, pero un pendejo se me cerró y me tocó. Es la 86, denle un lleguesín por mí, ¿sí?
- Claro que sí mami rica a ese wey yo lo topo sobre central.
- Simón mamacita yo lo topo en Zaragoza al puto.
- Ándale salió perra la lobita.
- Pues yo igual le doy un llegue al marrano la trael Vichi ¿no?
- Sí la trae el suavecito siempre la hace de pedo.
- Sócrates Tiburcio cámara.
- Jajajaja, gracias niños. Otra cosa, ¿verdad que para pasar por la escuelita esa tengo que agarrar la prolongación de Zaragoza?
- Sí mami ai tevas derecho hasta que topas el letrero.
- Gracias gracias.
Contrario a todas las predicciones y apuestas, la palomita sobrevivió al primer día y llegó nomás ocho minutos tarde al corral. Cuando se bajó del camión con su uniforme caqui todos los demás estaban afuera de las oficinas, esperando. Le chiflaron un chingo y dijeron muchas obsenidades. Agitó su melena negra, lo que provocó que chiflaran más y que gritaran más porquerías.
- Hola, mis niños, ¿ya cansaditos?
- Naaahh, apenas listos ¿vives lejos? te puedo llevar...
- ¡Eh eh puto! No acapare ¿dónde vives linda?
- Cállense cabrones.
- Un chilito nomás...
- Mira nomás ese culito...
- Ahh, jajaja, gracias niños, vivo en la Remolacha, pero me voy a ir en taxi, tengo un amigo que...
- No no no como vaser eso yo te llevo me queda de pasada.
- Jajajaja, oi este pendejo tu vas 'pal otro laredo yo sí pasó por ai nomás tengo que dar una desviadita.
- Jajaja este zorrita nombre tú jalas 'pa central no te queda ni cerca yo paso por la Remolona por la Espapiritos...
- Gracias niños, pero ya quedé con el, mañana será.
- Ya déjenla ir cabrones.
"Hasta mañana ricura mamacita sabrosa bizcochito nalguita mmi ricura blablabla..."
Se fue haciendo adios con la mano levantada, meneándose. Al otro día fue casi lo mismo, todos atentos tratando de hacerla reir, diciendo naturalmente porquerías, ella riendo y haciendo plática, diciendo: ¿a poco? Nombre... ¿sí?
Lo realmente interesante ocurrió el miércoles, día de tránsito insoportable, el día más pesado. Todos sabían el canal, todos hablaban al mismo tiempo, una desmadre que sonaba como estática de radio. Al principio nadie lo notó. Eran las 12: 30 de la tarde, salida de los escuelantes, una pitadera, gritos, las calles atascadas. Algunos empezaron a hacer shhhhshhhh y luego gritaron ¡cállense pendejos! Uuuyy papá que florecita salis... Empezaron a callar. Algo parecido a un gemido salía de los radios.
- Qué pedo qué pedo.
- ¿Alguien ha visto la 44?
- ¿Alguien?
- No, no la he visto.
- la vi hace una hora en la prolongación.
- Tú la topas rana ¿ya la pasaste?
- Nel.
Sí, eran francos gemidos. Ooohhh síííí aaahahaahhha. Era taaan excitante, una voz aterciopelada que parecía arrastrar cada sonido y jugar con el. OOohhhohohh. Ahora viene lo divertido. A la 41 le dieron un madrazo por no avanzar, a la S también, la 29 se pasó un rojo, la 14 de plano se orilló, montones de niños bajando, señoras corriendo y gritando.
- ¡Abran las puertas!- algunos acercándose al radio, rodeando al conductor. Sorpresa total, un caos vial y una mujer masturbándose por la radio de la 44. Aaaahhhahahaa sííííí mmmmmmm oooohohhhho. Choques, gente gritando, policías sonando desesperadamente sus silbatos, pitazos, mentadas de madre tuputamadrecabrónpendejodemierda. Un ruido ensordecedor, desquiciado, mágico, total. Y una mujer se masturba por radio. Pipiiiiiiiiii pipiiiiiiiiiiiiii óraleputosavancenquepasadilequesemuevaadondevantodos. Mmmmm sssíiíiíííí´ohohohohhhoooo que ricoooo mmmmmm. La ciudad se detuvo, atascadas sus propias entrañas, saturadas sus venas de asfalto por su sangre de metal. Taaaaanta desesperación. Una mujer lo mira desde una azotea y sonríe al tiempo que gime. Todos llegaron tarde a todo, nadie sabe qué pasó. Fue un momento perfecto, el gran rugido de la gran ciudad, la enorme bestia exasperada y llevada al extremo de su locura. Hallaron la 44 en un parquecito, vacía, con los espejos retrovisores rotos. Sin radio.
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