El blog tiene como propósito nomás poder sacar mi obsesión por todo, no tiene mayores pretensiones. Entiendo que lo que pongo puede desagradar y que peca de simplista. Son cuentitos medio raros de gente medio simple. Por cierto, yo no hago literatura, yo hago cuentitos. Salut!
martes, 17 de noviembre de 2009
Soy un hombre del siglo XXI.
Hace un par de días entré en posesión de uno de esos maravillosos aparatitos que hacen posible que uno vaya por la calle escuchando música discretamente y que les caben montones de canciones. Me lo dieron y pensé que era muy mono, así cuadradito, muy pequeño, si consideramos la cantidad de información que le cabe, blanco. Pero el amor acabo casi en seguida: no sabía cómo funcionaba. Para mi suerte sólo tenía cinco botones y uno más en la parte de abajo, un par de entradas para cable (el de la compu y el de los audífonos) y pensé que sería muy simple de usar (que sí lo es). El verdadero problema (para mí) empezó cuando intenté meterle música y borrarle la que ya tenía. Madre Santa, creí que la cosa no servía y estuve tentado en llamar a la persona que amablemente me lo obsequió (¡Gracias, Yuyis!) para preguntarle, pero no quise verme inoportuno. Así que después de varios intentos logré hacerlo prender y mirar el contenido. Luego me enteré, con no poca angustia, que para poder meterle música tenía que descargar un programa que se llama iTunes y que yo en lo personal detesto. Supongo que mi encono hacia dicho programa (que otros consideran una verdadera maravilla) viene de que nunca lo he podido utilizar porque no soy un tipo metódico y esa cosa como que necesita de un poco de orden. Total que me decidí descargarlo e instalarlo. Se tardó como media hora. Lo abrí y empezó la verdadera tortura. No le hallé y tuve que consultar con Nachito, quien con gran habilidad me explicó cómo es que funcionan el aparatito y el programa. Más o menos entendí y ahora puedo escuchar mi música y enajenarme mientras voy felizmente por la calle. Mi encono hacia el iTunes no ha disminuido para nada y supongo que tendré que acostumbrarme y aprender de él (aarrrgggg). Lo que me parece realmente importante es que en nuestra época resulte tan indispensable conocer y saber utilizar la tecnología en detrimento de las relaciones sociales y el aprendizaje humanizado. Supongo que para allá vamos. La tecnología y yo no somos ni buenos ni malos compas, simplemente no lo somos. No es que sea yo cavernario o retrógrada (que sí lo soy, pero nomás tantito) sino que creo que la tecnología puede ser útil y eso, pero no tiene porqué ser absolutamente indispensable y no tenemos porqué depender de ella como único modo de vida. Que suena cagado de alguien como yo, que se reventó una relación de 7 meses sin siquiera conocer a la desafortunada, pues sí, pero, daaaa el amor en tiempos del msn.
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