... y me pongo mi pijama, decidido a dormir todo el día para soñarte. Salgo a encontrarte y me pierdo. Soñé contigo y se vuelve recurrente. ¿Has sentido que cuando sabes que alguien está ahí todo está simplemente bien o que nada importa y flotas y nada pesa demasiado? Viva la locura. Hay demasiadas cosas que no sabes, que ni imaginas. Mariposas que preguntan ¿quién? (adios a la mesura), mi voz que grita en mi cabeza aquello de ¿a dónde iré? Una antena de radio especial que capta las frecuencias de tus ondas de existir, monigotes que ríen estúpidamente, frutas que chorrean algo que no es jugo, la locura que dirige una orquesta que suena admirablemente armoniosa, leones que engullen a sus domadores de postre, rejas que se abren y se cierran, contabilizadores de billetes falsos que toman daiquiris y comen pasta, montones de relojes que se pelean entre ellos discutiendo sobre la hora exacta y cada uno da una diferente y chocan para destrozarse, mis ojos que ruegan por ti y el ensueño que dice regresa a dormir (en el momento justo en que desperté pensé en... ¿tú quien crees? e iba a dormir otra vez, pero sentí algo calientito en mi mejilla. No estaba ni dormido ni despierto, más bien entre esos dos. Sentí calientito porque creí que estaba recargado en tu hombro). Hay más de la locura: compra globos de helio y come una paleta, se trepa a un árbol y me grita:
- ¡No seas puto!- pero la ignoro. Da vueltas, muere en el jardín de afuera de mi salón, pero resucita en las calles y está en las letras de los anuncios, en el olor de las torterías, en mis pensamientos de ti. La locura está en una fonda comiendo un bacalao y se atraganta con los huesos. Es vecina de la muerte y son amigas y platican de los chismes y son las más graciosas que hayas visto, no las hallas tan alegres en ningún otro lado. La vida también es su vecina, pero es cosa seria, frunce el entrecejo y habla entre dientes. A punto está la locura, junto con mi deseo de verte, de materializarte en medio de mi salón cuando le digo:
- Basta ya, esto es demasiado- Ella ríe locamente y replica:
- La vida es por sí sola un exceso-
Me divierte y le digo:
- Vale, vale, pero nada de magia y humo- y sale corriendo haciendo aspavientos, tirando butacas y armando un desmadre. Yo suspiro. Por ti.
- ¡No seas puto!- pero la ignoro. Da vueltas, muere en el jardín de afuera de mi salón, pero resucita en las calles y está en las letras de los anuncios, en el olor de las torterías, en mis pensamientos de ti. La locura está en una fonda comiendo un bacalao y se atraganta con los huesos. Es vecina de la muerte y son amigas y platican de los chismes y son las más graciosas que hayas visto, no las hallas tan alegres en ningún otro lado. La vida también es su vecina, pero es cosa seria, frunce el entrecejo y habla entre dientes. A punto está la locura, junto con mi deseo de verte, de materializarte en medio de mi salón cuando le digo:
- Basta ya, esto es demasiado- Ella ríe locamente y replica:
- La vida es por sí sola un exceso-
Me divierte y le digo:
- Vale, vale, pero nada de magia y humo- y sale corriendo haciendo aspavientos, tirando butacas y armando un desmadre. Yo suspiro. Por ti.
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