domingo, 22 de noviembre de 2009

Compañeros de masacre.

Otro, de puro coraje.

Hay un pueblo olvidado poco antes de llegar a M., destino turístico por excelencia. Se llama La Sabina, es muy pequeño, de calles polvosas, de casas largas, bajas y pintadas de blanco, de un calor del demonio. Es el último pueblo del desierto, con huizaches, ventanas siempre abiertas y puertas siempre cerradas, callado, tranquilo, de un sólo café con sillas verdes de plástico y carpa amarilla de Sol, de dos cantinas cantinas azul con banco de En México y el mundo la cerveza es Corona y una pequeña biblioteca, de calles angostas misteriosamente limpias, de esquinas con postes de luz, de techos de palma, de viento tibio. Aburrido, con gente que pone sus sillas en las tardes afuera de sus casas, gentes que platican de banqueta a banqueta, que hablan bajito, que usan sombreros de paja. Algunos pocos viajeros saben que es el mejor pueblo del mundo y guardan ese conocimiento como un pequeño tesoro, como yo cuando era niño y guardaba mis canicas abajo de un ciruelo. El pueblo en sí es insignificante, apenas aparece en el mapa. Lo valioso del lugar está en las afueras, en la última casa de este pueblo que nunca ha crecido, encerrada como perla en cajita de terciopelo. La casa es de ladrillo sin pintar, barnizado nomás, y techo de palma, tiene un foco morado en el pasillo de la entrada que da a la salita, cortinas de cuentas de madera, sin puertas y las cortinas hacen ese sonido agradable que hacen las cortinas de cuentas de madera cuando se mueven. La única puerta, la de la entrada, es blanca y hay dos ventanas y por una de ella se ve una pecera grande con peces de montones de peces de colores. Es la mejor ventana, tiene una cortina de tela verde casi traslúcida y se mueve despacio, ondeando como una ola del mar cercano. La otra ventana es de lo más ordinaria. Hay tres ventiladores de techo que zumban y calman los nervios, hasta hay una alfombra color beige con un camello en uno de los dos cuartos. Pero nada de eso importa, ni el mosaico que armoniza, ni las paredes lisas, ni el techo pintado con nubes, lo que realmente importa es una figura que se mueve lento y pausado, figura que atrapa todo y que no permite ningún otro pensamiento. A primera vista no hay nada que la haga especial, hay que esperar a que te mire con sus ojos que no ven a ningún lado perdidos en el vacío. Es un balazo a bocajarro, como si pudiera ver lo que nadie más y es cierto y lo sabes. Te saluda y apenas interrumpe lo que esté haciendo. Buenos días, buenas tardes o buenas noches según sea el caso aunque no importa. Hay que quedársele viendo un rato para apreciarla, esperar a que acabe para que seas tú lo único que existe. Cada movimiento es natural y jamás juzga, nunca pide nada, eres lo que eres y ella no va a cambiarte. No hay mayor alivio, dicen que muchos hombres han llorado con ella. Hombres duros y recios, amargados, cansados, malos, crueles, ojetes, buenas gentes, tiernos, dulces, etc. Siempre está contenta y está muy buena, usa shorts cortos y playeras sin estampado que se ajustan a sus senos redondos. Nunca hace más de una cosa a la vez, anda con desenfado, tararea. Tiene el cabello apenas abajo de los hombros y aunque rara vez se piena, ondea y parece quna medusa suave y negra flotando en el mar. Es muy amable, no importa quien seas (de todos modos no eres él), te regala su tiempo, un poco de su piel morena. Ya sabes, si hay un carro estacionado afuera ni lo intentes, nunca atiende a más de dos personas al mismo tiempo. También está la música, casi siempre escucha Cat Power, a cualquier hora, a un volumen bajito y la tararea y se mueve al ritmo de las canciones, como si bailara. Se dicen muchas cosas, pero rara vez habla de ella misma, es difícil saber si la historia de aquel viajero es cierta, si le preguntas sonríe y acaso suspira, pero guarda silencio.

- Me gustan tus pezones.
- Ha, ¿por qué?
- No sé, están bien cafés y bonitos y rugosos- ella no dice nada, se lo piensa.
- ¿Tienes una grabadora por aquí?- pregunta él mientras busca en una mochila negra.
- Sí, ya es vieja- responde ella sin moverse.
- ¿Dónde está?- y sin moverse le indica. Busca dónde conectarla y halla un enchufe libre cerca de la pecera. Se le quedó viendo largo rato, adormilado por el movimiento de un pez blanco con naranja y de aletas sedosas. Reacciona y busca los botones, algunos ya borrados. Abre la caja y sopla en la cestilla donde se ponen los discos, limpiando con la mano la cajita del disco. La música empieza a salir. Dicen que llegó al pueblo caminando, sin sombrero, unicamente con una mochila negra (loco idiota, con ese calor). Se veía muy mal, tastrabillaba y atravesó el pueblo sin que nadie se le atreviera a acercársele. Tenía los labios secos y andaba sucio, su piel era color polvo, apenas podía abrir los ojos. Llegó, eso dicen, hasta la última casa y se desplomó cerca de la entrada y rodó hasta la puerta blanca en la tarde, con el sol atravesando su espalda, cocinándolo. Esa no es la verdad. Me dijo que lo atrapó el movimiento de la cortina verde y la pecera, que parecía el mar y que por eso llamó a la puerta. "Pasa" respondió una voz de terciopelo (no sé si terciopelo sea una cursi exageración, baah). Entró arrastrando los pies y la miró en la cocina partiendo limones. Enseguida pensó que qué idiota, ni siquiera sabía quien era y lo había invitado a pasar. Podría ser un ladrón o un asesino o un violador, pero luego se rió para sí mismo, en esas condiciones no podría hacer nada.

-Estoy haciendo agua de limón, siéntate mientras.
- Pero voy a ensuciar tu sillón- dijo con su voz seca y escupió polvo. Ella le dijo que no importaba, que de todos modos todo estaba lleno de polvo aunque no era cierto, todo estaba limpísimo y se dio cuenta de que cuando le había hablado ella se había detenido y había puesto cara de susto. Se tiró en el sillón sin subir los pies y volvió a mirar el ventilador. Que sabrozo airecito.
- ¿Te perdiste?
- Nop.
Se acercó con una jarra y dos vasos, se sentó y los llenó despacio, sin mirarlos, uno hasta la mitad, que fue el que le dio a él. "Qué maleducada" pensó. Ella rió poquito y dijo:
- No, no es mala educación, pero si tomas mucha agua ahorita vas a vomitar y no me gusta el vómito- sonrió y el se sintió apenado. Estiró la mano diciendo su nombre y quedó colgando unos segundos, como un trapo. Se sintió muy incómodo y ya retiraba la mano cuando de repente ella dijo:
- Ahhh, claro, disculpa, yo me llamo...- y estiró su mano, que chocó con la de él. Le costaba trabajo tragar el agua de limón, sentía que se hacía lodo en su garganta. La terminó por fin y ella ya había ido por una jarra de agua natural.
- No la tomes muy rápido- le dijo con su voz de terciopelo y se echó hacia atrás en el sillón de mimbre, estiró los brazos y cruzó la pierna, se le cayó una sandalia. La cortina se movía como su cabello. Se terminó la jarra y sintió retortijones en la panza, se dobló mordiéndose los labios tratando que pareciera que se inclinaba a amarrar sus agujetas. "Ahortia se te pasa, si quieres puedes bañarte". Lo enfadó un poco porque ni siquiera volteó a mirarlo, seguía viendo el techo. Dónde está el baño, preguntó apretando los dientes. Ella se levantó y lo llevó a través de las cortinas de cuentas de madera, que hicieron su ruido. Había una regadera y una taza y un lavabo y eran azules las paredes. Se sintió muy cansado. Abrió la regadera y sintió el alivio refrescante del agua. No se movió un buen rato, luego se pasó la manos por el cuerpo para quitarse las costras de polvo. El agua caía café y se iba por la coladera en un pequeño remolino, se tallaba los ojos, el cabello. Agarró el jabón y lo frotó hasta sacar espuma, se pasó el dedo por entre los dedos de los pies. Le dio tiempo a pensar que no tenía toalla ni ropa de cambio porque cuando se desnudó nomás había aventado su ropa en la esquina y ahora estaba mojada. Se sentó despacio en el suelo sin cerrar la llave de la regadera, estiró las piernas y echó la cabeza hacia atrás. Se escuchó un leve toc (su cabeza contra la pared), dejó la boca abierta. Ella estaba de espaldas recargada contra la pared escuchando el agua caer. Cuando escuchó el toc soltó un suspiro largo y fue por una toalla. Una café claro. Cuando lo llevaba arrastrando al cuarto suspiró otra vez. Ël estaba semi conciente y al otro día que despertó sintió la garganta seca como un cactus y el cuerpo muy pesado. Se levantó y fue a la cocina, donde ella partía una sandía. No le gustaba mucho comer sandía porque era molesto tener que quitarle las semillas de una por una, pero aceptó la rebanada que ella le ofreció. Se dió cuenta de que no le quitaba las semillas ni las escupía, escuchó un ligero crujido. Se las come, pensó y decidió no ser rudo y descortés y las comió también. Le gustó mucho el sabor y agarró otra rebanada y la comió vorazmente (jajajaja, mira que usar vorazmente).

- Eres muy bonita- y ella pensó: "ahhh, sí es como los demás"- me gusta tu clavícula- y ellá pensó que tal vez no era como los demás. Platicaron de cualquier cosa menos de ellos mismos, del pueblo, del calor, de los peces, de la casa, de M. destinoturísticoporexcelencia, de la comida, de su ropa. Etece. A ella le gustaba su tono insolente, a él su tono conciliador, su risa franca, sus piernas. Y así sin querer una cosa llevó a la otra, a quitarse la ropa, a besarse, a abrazarse. La cama era aguada, se podía rebotar y tuvieron sexo salvaje europeo, puro desenfreno y arrebato y mordidas y cosas que ninguno de los dos entendía. Sudaron mucho y se bañaron juntos, él la miraba y abría la boca, pero ella no lo miraba nunca y él, mamón como era, la agarró por los hombre y puso su cara frente a la suya y dijo ¡mírame! y hasta entonces se dio cuenta de que era ciega. Ella sonrió timidamente y se abrazó a él, que le besó el cabello y sintió culero y empezó a manosearla mientras ella no decía nada, se dejaba y le mordisqueaba poquito los hombros. Tuvieron sexo europeo salvaje (algo hay que variar xD) otra vez y el dijo:
- Todo llega tan tarde.
Ella no dijo nada, le acarició la cara y se fueron a la cama. Se tumbaron y él miraba el ventilador dando vueltas y trató de contarlas, pero se mareó y mejor cerró los ojos y puso atención al zumbido y a la respiración de ella, a su sube y baja. Ella tenía el brazo sobre su pecho y el otro colgando en el extremo de la cama. Se cerró la noche y ninguno se movió.

Desayunaron huevos con jamón y agua de sandía. Se besaron y esas cosas. Platicaron de sus vidas, pero sin decir nada importante. Luego vino lo de la grabadora y cuando empezó la música él cantó: "Metal heart you're not hiding, metal heart you don't worth a thing". A ella le gustó.
- Tengo que irme- dijo él mirando la pecera.
- Huuum, ¿por qué?
- Es mi maravillosa estupidez.
- Es como un nudo indesenredable de caset- hacía mucho que no escuchaba la palabra caset- ¿Volverás?
- Tal vez... yo creo que sí.
- No eches mentiras.
- Sí.
Y volvieron a hablar del clima y del polvo que es de oro cuando los rayos de luz, de las formas de las grietas, del diseño del mármol del baño, de cómo se pierden camiones, de qué traía su mochila, (de que te quiero, a lo bruto y a lo loco), de Cat Power, meral haaartt yur not jaiding meral haaaart yu dont guord a thing. Sí, de Cat Power y la música.

8 comentarios:

  1. - tengo que irme - dijo él... - ¿ Me quieres ? dijo el a forma de grabación automatizada.

    - Si, aunque a veces quisiera dejar de hacerlo.

    el sabía perfectamente lo que ella sentía, era obvio, ella se lo había dicho no hacia mucho.

    - ¿Por qué?- preguntó un poco divertido ante tal declaración. - me quieres como a cualquier otra persona, como tu quieres a un amigo, o a un familiar. O, ¿es otro tipo de cariño?- esto último lo dijo con una sonrisita entre dientes.

    - tu sabes bien a lo que me refiero - contesto ella a punto de soltar una pequeñisima y efímera lágrima de dolor silencioso.

    eso es todo B...

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  2. Eso es todo... ¿Siempre sí vives de absolutos? Es un poco bizarro, ¿no crees?

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  3. ....tal vez... y sea parte del desencanto que lleva mi persona ....

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  4. ser tears in silence!!


    ...es un juego verdad? donde terminas la frase.....

    Bernardo es un monigote que....

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  5. ... se parece a un espantapájaros.
    Después de mañana no habrá pasta de dientes...

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  6. por que se habrá abierto un hoyo en la realidad alterna y nos lavaremos la boca con salsa de espaguettis a la boloñesa....


    si muriera mañana me dirias.....

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  7. "No mames, no andes muriéndote. ¿Piensas que es mejor morirse de risa o de amor?".

    Luego de que fuimos a ver la película de James Dean...

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