jueves, 12 de noviembre de 2009

Cuento triste de un día no tan triste.

Me afeité. Dejemos en paz las palabras, las historias que cuento son hechos aislados siempre, cuestiones ordinarias que magnifico porque creo que en los detalles está la vida, porque soy necio. Quisiera un día escribir un buen cuento, no sentirme mal luego de que suelto la pluma, no sentirme extraño en todos lados.

Podría ser sobre la habilidad de mi hermana para bajarle a la perilla de la estufa y poner la lumbre en el punto preciso, cosa que a mi se me dificulta una barbaridad, o tal vez sobre cómo es que todos tenemos un vaso propio, pero prefiero hacerlo sobre la noche.

Cuando éramos más niños viviamos en una casa viejísima de dos pisos, muy alta y techo de lámina que era como los techos clásicos de los dibujos, casi como una A. Había marquesinas en el extremo del lado que daba al patio interior, pero estaban rotas y terminaron por caerse. En la noche empezó a llover y el sonido de las gotas azotando la lámina me daba un poco de miedo, como si de pronto la casa fuera a deshacerse. En el patio había montones de trastes tirados, latas de atún, botes de yoghurt y cubetas y había varias desas cosas justo donde caía el agua del techo, así que había sonidos de montones de gotas golpeando montones de pequeños tambores. Era un concierto bastante caótico y me exasperaba a ratos, pero estaba muy calientito en mi cama y no quería levantarme a quitar los botes sobre todo porque me mojaría los pies. Siempre sé que va a llover poquito antes de que llueva, la temperatura baja poquito y hay un olor peculiar y ¡plaaaap! caen los primeros goterones, solitarios como un niño corriendo bajo la lluvia mientras su mamá lo corretea y le grita: ¡Deja que te agarre, cabrón y entonces sí vas a saber lo que es chillar! De repente toda parece remoto, cubierto por un halo de vapor, por el vaho que se forma en los cristales de los carros. Cada gota tenía una historia que contar, incluso escribí algunas de ellas, pero apenas les daba tiempo de decir Hola o Yo me llamo tal antes de estrellarse contra el suelo, contra un cubeta, contra el techo de lámina, haciendo ¡plap! o ¡tac!. Imagina un concierto de plas tacs inmediatos aparentemente sin ninguna coordinación, sin ritmo, mas si esperas un rato y escuchas con mucha atención, si esperas a hallarle forma al laberinto, si tamborileas tus dedos contra el suelo o la cabecera de la cama, quizá hallarás que es una canción que al principio es trepidante y que al cabo de un rato se convierte en un rumor suavecito y totalmente armonioso. Quizá, como el niño de este cuento, halles que es muy triste y te den ganas de llorar, aunque espero que no.

Bajó al baño y seguía lloviendo. Cuando entró no hallaba el interruptor y al dar un paso el agua encharcada se mojó el pie izquierdo y dijo chingado en voz baja y lo sacudió y le dio un leve de frío. Prendió la luz y cerró los ojos. Mejor la apagó y orinó guiándose por el ruido. A veces un rayo se sacudía en el cielo con su resplandor que era como la luz de un estrobo y el trueno de los segundos después cimbraba su cabecita. Quiero dormir, pensó. Cuando pasó por el cuarto de sus hermanas escuchó algo así como un hipo. Se quedó recargado en la pared tratando de escuchar y al poco se dio cuenta de que era su hermana menor llorando. No supo que hacer y le dieron más ganas de llorar. Se quedó un rato recargado contra la pared y fue resbalando hasta quedar sentado. Se cubrió la cara con las manos. Si lo hubieras visto habríate parecido el niño más desamparado aunque en realidad ni siquiera estaba llorando, estaba pensando en porqué su hermanita lloraba y llegó a la conclusión de que era por los truenos. Recordó su pie mojado y le dio frío. Subió las escaleras midiendo los pasos. Con cada rayo se formaban sombras contra su pared y le daba miedo y se metía bajo las cobijas y cerraba fuerte los ojos hasta que veía miles de fosfenos diminutos. Despertó y el olor a humedad le atacó la nariz. Había también ese olor culero de flores de cedro podridas. Y su hermanita hacía unos huevos con jamón.
- Ni creas que te voy a dar, ¿eh?
- Ayyy, ¿por qué no?
- Nada, ya te dije que no te voy a dar, haste 'pallá.
- Al cabo ni quería, yo ahorita me hago unos- y le sacó la lengua.

2 comentarios:

  1. jajajaja dejar comments es cansado.... pero me entro el berrinche de dejar algo.... sigo kemando el disco..... eres complicado!!

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  2. Sí que es cansado, pfff. Yo soy simple, ya te dije, los demás son los que son complicados. Si se me trata bajo la premisa de que miento y soy mala persona es muy fácil llevarse conmigo, pero a la gente le gusta enrevesar todo.

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