domingo, 22 de noviembre de 2009

La sangre en la pader.

Ja, de este había yo dicho que jamás lo enseñaría a nadie que no fuera Wu, pero ni pedo.

Se estacionó al lado de la acera. Cuando bajó del carro todo parecía normal salvo por una mirada de determinación casi salvaje. Se movía lento.
- Quiero que te quedes aquí, no te muevas, pase lo que pase espérame dentro.
En la entrada de la privada había una casetita amarilla. Todas las casas eran color marrón. "Qué detestable" pensó. Había árboles y una reja franqueaba la entrada. En la caseta el vigilante veía una tele chiquita en blanco y negro. Son las tres de la tarde y hace un calor insoportable. El vigilante mueve la antena y se abanica con una libreta, se ve taaaan aburrido. El se acerca silbando, caminando despacio, muy campante, contento, se podría decir. Saca algo negro de su pantalón. Se asoma por la ventana.
-Buenas tardes, joven, que se le ofrr...- es interrumpido por un ¡bang! La sangre salpica el cristal y su rostro. Se forman figuras en la sangre escurriendo por la ventana, alcanza a distinguir un gato y un pez. En el carro ella se sobresalta, pero se queda inmóvil, conteniendo la respiración.

Abre la reja. Silba Wild World de Cat Stevens, hace gestos exagerados de una marcha, no se ha limpiado la sangre de la cara. Uuu baby baby it's a wild world lalalala. Se escucha un timbre, se abre una puerta, luego un ¡bang! Ella se sobresalta otra vez, tiene la mano en la manija. Tiene miedo y empieza a sudar. Cree escuchar un hola y después otro bang, más débil ahora. ¿Cuántos van? Tres bangs. Se muerde las uñas, quiere salir corriendo y ver qué pasa. Un grito, otro bang. Cuatro bangs. Se aferra al asiento, se entierra las uñas sin querer en su pierna derecha. Quizá no sin querer. Lo escucha acercarse silbando, pasando la mano por las hojas de los árboles.
- Son una estupidez, estos árboles son una estupidez- piensa despacio. Suspira. ¡Bang! ¡Bang! Bang bang (apunto a tu corazón) como un murmullo.

Llega al carro embarrado de sangre. Lo mira asustada, abre la boca. Es chistoso, parece que tiene hipo y no dice nada.
- Se ve tan bien, eso rojo es agua de culeid- piensa.
El se acerca al lado del copiloto, se recarga en la portezuela. Le tapa el sol.
- Acabo de matar a cuatro cabrones, todos pendejos y ojetes. Ahora, ¿quieres bajarte del carro? Juro que no te pasará nada, te habré olvidado pasado mañana.
Ella lo ve atónita, abre mucho los ojos, se muerde la uña del dedo meñique.
- No tengo mucho tiempo- y no parecía cierto.

No se baja, menea la cabeza y él mira sus ojos ahora aguados. Rodea el carro, le da un golpecito al capó. No sé si ella se quedó porque estaba paralizada por el miedo o porque realmente quería quedarse. Escucha el motor y el tráfico. No lo voltea a ver. Saca un pañuelo y titubea, pero al final le limpia la cara. Él no dice nada, mira fijamente el semáforo. De lo que ella no se entera es de que el mató a cuatro personas sólo para probarla, para desafiarla, para probar de cierto la peregrina idea de "amor" que quería deshechar. Nada importa ahora. Uuuu beibi beibi its a guaild guoooorld.

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