jueves, 12 de noviembre de 2009

Lo que era inevitable...

No es que quisiera hacerlo, no tenía ganas y le pareció una estupidez, pero no pudo evitarlo, fue como si una mano gigante (e invisible) la empujara. Después pensó que era inevitable y que hacía tenía que ser; sin embargo no podía dejar de arrepentirse y de repetir el "me vale verga" que sonó como roto cuando él lo pronuncio. "Me vale verga" a pesar de sus disculpas y su desesperación y sus lágrimas. Incluso deseó poder volver al pasado y mandar a todos a la chingada y no hacer nada y borrar de su memoria la mirada criminal, los ojos entrecerrados y fijos en ella. Qué puto susto. No conseguía recordar el sentimiento (o la emoción) inmediato que la llenó cuando lo miró mirándola. No fue en realidad sorpresa, fue una especie de miedo irrevoclable y amargura, un chingo de amargura. Lloró un buen rato y su estómago se revolvió y vomitó y el vómito era amarguísimo y "me vale verga" como martilleo tactactac. Lo peor de todo era que sentía que no podía remediarlo y no obstante no sentía que hubiera hecho nada malo, era simplemente una estupidez y se daba cuenta de que no importaba. ¿Cómo es que hacemos algo "malo" sin la mínima intención de hacer "maldad"? No lo besó porque hubiera querido, sabía que no estaba bien y sin embargo lo hizo porque en ese momento hubiera estado fuera de lugar no hacerlo, no pudo evitarlo, estaba fuera de su control. Su ex-novio estaba en la fiesta y su novio no, se suponía que no iría. A todo mundo le pareció, cosa curiosa, que se veía muy bien con el ex-novio e incluso se hablaba de una reconciliación. Su mamá era la más entusiasmada con la idea. Ella no se enteró, estaba embriagada con la emoción y la alegría alrededor, no se daba cuenta de nada, sólo disfutaba. A la hora de partir el pastel apagó las velitas (18) y pidió su deseo: que él estuviera ahí con ella (¿recuerdas que te dije que hay que tener cuidado con lo que se desea?). Sintió una corriente calientita subiendo desde su estómago cuando pensó en él (por primera vez en la tarde). La sacudieron los gritos y las mañanitas y la alegría escandalosa otra vez. De repente su mamá empezó a gritar ¡beso! ¡beso! ¡beso! y no sabía a quién se refería y los demás gritaron también y alguien empujó a su ex-novio a su lado. Entonces le pareció inevitable: su ex-novio inclinándose para besarla, ella sin moverse y el primer contacto de los labios, los gritos, el paroxismo de la alegría, los aplausos y todo le pareció natural y aceptó el beso y correspondió y lo disfrutó por pura inercia, porque estaba contenta. Y entonces ¡pam! la sensación de ser observada. Por él. Alegría. Se separó brusca de su ex-novio y miró a la puerta. Ahí estaba, recargado contra el marco de madera, tapando la entrada. Se sintió tan contenta de que él estuviera ahí, tan inconciente. Corrió a abrazarlo y notó que la miraba raro, entrecerrando los ojos, la boca cerrada, esa forma peculiar de mirarla severamente, como desaprobando algo. Él la miró sonreir y pensó que se burlaba y se emputó más y puso su cara de super asesino serial. A medio camino se dio cuenta y le entró un terror sorprendente y súbito, se puso rojísima y dejó de correr. Para cuando llegó a él apenas caminaba, se le atoró la voz y él se puso sarcástico:
-Hola. Se ve que está buena fiesta.
No podía dejar de verlo y el resto desapareció, sus oidos zumbaban y tenía ganas de llorar. Él la arrastró hasta la puerta de la entrada, al pasillo iluminado por el foco morado. Ella balbució cosas inentendibles. Se quedaron como un minuto sin decir nada, él se recargó en la pared y dijo, emputado:
-¿Entonces?
-Yo no quería...
-¿Entonces por qué chingados lo besaste?
-No sé, no sé, ¡no sé!
-No mames.
En verdad no lo sabía, o a lo mejor sí, pero no se daba cuenta. Lo había besado porque todo mundo quería que lo besara, todos esperaban que lo hiciera y no por culeros ni nada, si no simplemente porque se suponía que era un cumpleaños feliz o completo o lo que sea. No pudo oponerse. La voluntad de la masa es increible, arrastra de modo invisible, pero insportable. Todo mundo sentía que debía besarlo y ella terminó por creerlo también. Y lo besó, sin más, no porque quisiera si no porque todo mundo quería que lo besara. Quiso llorar pero no podía, era demasiado tonto y ella no tenía la culpa.
-Te quiero- pudo decir y echó a llorar y a disculparse y a prometer que no lo volvería a hacerlo, que era una tontería, que no importaba y él no decía nada y le dijo no te vayas no fue nada soy una tonta por favor por favor perdón y lloraba y parecía feliz y se reía y él también y cuando se acercó y le agarró el brazo él se quitó y dijo:
-Me vale verga.
Y se salió. Ese fue el verdadero momento de estupefacción que le duró toda la fiesta y todo era un remolino sin sentido, tanto tanto desconcierto, y fue a sentarse a una silla y no se levantó hasta que todos se fueron y no tenía idea de nada y sólo se levantó para ir a vomitar.

3 comentarios:

  1. My friend, she's gone away

    twenty-one and I am only beginning to understand
    What this is all about
    Do you think you will be able to forgive me?
    Do you?

    daaa... te estoy kemando un se dé .... navidad si se armará...suposse... si el año no termina de aventar piedritas al zapato..

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  2. Long gone. Pero es premonitorio porque lo escribí hace como dos meses. ¿Te acuerdas de mi ataque ezquisoide en Morfo? Éste era... Bonito lo de las piedritas.

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