- A veces olvidas tus alas, quizá sea que olvidas que tienes alas y das saltitos queriendo alcanzar el foco. A veces olvidas que haría y daría casi cualquier cosa por tí.
- ¿Por qué hablas así? No tentiendo. Además eres un mentiroso, nunca haces nada ni me das nada.
- Ahhh, es que no lo decía para tí -sí soy un mentiroso- solo pensaba en voz alta.
Pensaba en que se le veían bien sus calcetas de arocoiris aunque rompían con toda posible armonía.
- No te creo. Asshhh, ya no me gustó cómo se ven mis calcetas, parezco caja fuerte.
- ¿Caja fuerte?- pregunto idiotamente.
- Sí, no me hallas la combinación.
Se ríe, pero yo sólo hago aahhh. Para mí no es armoniosa, para ella es que no anda "combinada". Que estupidez. Me pongo serio y estoy a punto de pedirle que me acompañe a la biblioteca cuando le da un ataque de risa. Instantáneamente se me quitan las ganas de hacer nada (¿o es incorrecto y debería decir: me dan ganas de no hacer nada?). Me acomodo en el sillón verde de gamuza desgastada. Viene y se sienta en los... ahhh, como se llamen esas cosas donde uno apoya los brazos. Sigue riendo, pero como raro. Se ríe un poco y se calma, vuelve a reirse un poco y vuelve a calmarse. Cruza la pierna y ve hacia la ventana. Sin mirarme busca con su mano mi cara. Ahora tiene esa mirada que parece que está ciega (no está ciega, es culera). Pasea su mano lento, cuando pasa por mis labios me da un escalofrío y casi salto, pero no quiero estropear el ambiente, éste es de los momentos que quiero que se alaaaarguen. Por otro lado quisiera levantarme y escapar de su embrujo, son este tipo de cosas las que me frustran. Decido quedarme. Juega con mi cabello, me aprieta la nariz, me jala las orejas, sigue la linea de mis pocas arrugas (son como surcos, en realidad). Empieza a murmurar, no sé si está diciendo algo o qué. Busco ansioso en sus labios una palabra, mi nombre tal vez, pero hallo precisamente el nombre que NO quería hallar. Me enfado y mi mente asegura que sólo lo está recordando, o peor, que piensa que soy él o me confunde con él. Qué enfado. ME levanto bruscamente para preguntarle, pero sigue con la mirada perdida, murmurando. Mi mente lo interpreta como que tenía razón. Casi corro a la puerta y trato de no azotarla, pero no logro evitarlo. Que se quede ahí si quiere, qué me importa.
- ¿Por qué hablas así? No tentiendo. Además eres un mentiroso, nunca haces nada ni me das nada.
- Ahhh, es que no lo decía para tí -sí soy un mentiroso- solo pensaba en voz alta.
Pensaba en que se le veían bien sus calcetas de arocoiris aunque rompían con toda posible armonía.
- No te creo. Asshhh, ya no me gustó cómo se ven mis calcetas, parezco caja fuerte.
- ¿Caja fuerte?- pregunto idiotamente.
- Sí, no me hallas la combinación.
Se ríe, pero yo sólo hago aahhh. Para mí no es armoniosa, para ella es que no anda "combinada". Que estupidez. Me pongo serio y estoy a punto de pedirle que me acompañe a la biblioteca cuando le da un ataque de risa. Instantáneamente se me quitan las ganas de hacer nada (¿o es incorrecto y debería decir: me dan ganas de no hacer nada?). Me acomodo en el sillón verde de gamuza desgastada. Viene y se sienta en los... ahhh, como se llamen esas cosas donde uno apoya los brazos. Sigue riendo, pero como raro. Se ríe un poco y se calma, vuelve a reirse un poco y vuelve a calmarse. Cruza la pierna y ve hacia la ventana. Sin mirarme busca con su mano mi cara. Ahora tiene esa mirada que parece que está ciega (no está ciega, es culera). Pasea su mano lento, cuando pasa por mis labios me da un escalofrío y casi salto, pero no quiero estropear el ambiente, éste es de los momentos que quiero que se alaaaarguen. Por otro lado quisiera levantarme y escapar de su embrujo, son este tipo de cosas las que me frustran. Decido quedarme. Juega con mi cabello, me aprieta la nariz, me jala las orejas, sigue la linea de mis pocas arrugas (son como surcos, en realidad). Empieza a murmurar, no sé si está diciendo algo o qué. Busco ansioso en sus labios una palabra, mi nombre tal vez, pero hallo precisamente el nombre que NO quería hallar. Me enfado y mi mente asegura que sólo lo está recordando, o peor, que piensa que soy él o me confunde con él. Qué enfado. ME levanto bruscamente para preguntarle, pero sigue con la mirada perdida, murmurando. Mi mente lo interpreta como que tenía razón. Casi corro a la puerta y trato de no azotarla, pero no logro evitarlo. Que se quede ahí si quiere, qué me importa.
shido liro
ResponderEliminarPues es el primero (que pongo aquí) de una serie de cuentos que se llama El jugador silencioso.
ResponderEliminar