Tuvo un momento de distracción, mismo que yo, como chavo de mundo, aproveché para ponerme a las parejas con la susodicha Monada y la besé y le agarré el pecho, que no era tan firme como yo creía. Me dejó levantarle la playera y sus senos me sorprendieron de tan blancos. Estaban tibios y me puse a besarle los pezones que eran de dos cafés diferentes y estaban rugositos. Olía muy rico y su brasier era verde. Se estremeció y yo, como chavo de mundo, supuse que era por la excitación, pero pasaron dos minutos y hacía unos ruidos muy raros. Me incorporé despacio. Se cubría la cara con sus finas manos y descubrí que el estremecimiento eran sollozos. ¿Qué pasa? (Quise ser educado y comprensivo). Nada, es sólo que... y sollozos más violentos. No pude hacer nada y la abracé sin reacomodar su playera ni su brasier. Estuvimos así un rato hasta que se recompuso y se separó suavemente. Acomodó su brasier y yo traté de mirarla a los ojos, pero no pude: sus senos eran hermosos. No movió su playera. Se enjugó las lágrimas como niña chiquita y sacó papel del pantalón y se secó la cara. ¿Nunca te ha pasado que no sabes qué lugar ocupas en el mundo y te das cuenta y te da muchísima tristeza y no puedes sino llorar? (Para mí una sorpresa). La verdad no (le dije muy en serio). Entonces el mundo no es justo (yo pensé que estaba borracha). Lloró otro poquito, muy lento y sin hacer ruido. Su cuerpo se movía como si le dieran escalofríos y sus senos subían y bajaban. Me puse un poco triste, me hallé sin nada que decirle, sólo me daban ganas de besarla, pero ella se volteó y en medio de unas arcadas violentísimas vomitó todos los cacahuates y chicharrones que se había comido y ya no me dieron ganas de besarla. Se acomodó la playera y yo le pregunté: ¿quieres que te lleve a tu casa? (Estaba decidido a demostrar que yo era un chavo de mundo). Sí, por favor. La llevé al carro sosteniéndola del brazo y me sonrió. Me gustó esa sonrisa. Cuando íbamos ya en la avenida me iba diciendo muy animadamente algo sobre el reflejo de la luna y lo feo que era el alumbrado público. Yo me sentí muy animado también y le platiqué que cuando era niño quería ser maestro. Le sorprendió mucho mi confesión y como yo no había comido ni cacahuates ni chicharrones y como ella había vomitado todos le pregunté que si quería ir a comer algo. Algo en la cabeza le hizo clic y repentinamente me preguntó por los demás (es decir, los demás amigotes). Le respondí que se habían quedado allá. Lamentó no haberse despedido y aceptó mi invitación a comer. Pasamos por un restaurante chino con luces de neón rojas y entramos. Estaba casi vacío y para mi muy grande sorpresa estaba atendido por gente de ojos rasgados y chistoso acento eleseado. Pedimos fideos asados y pollo agridulce y res con verduritas. Comimos muy contentos y creo que puedo decir que we enjoyed ourserlves. Dejé una generosa propina. La llevé hasta la puerta de su casa y me invitó a pasar a tomar una taza de café y tuve que declinar su invitación porque no tomo café y ella pareció desilusionarse de mi respuesta, pero le dije que una taza de té estaría bien y volvió a sonreirme. Entramos a su casa y en su sala tenía unos animales disecados colgando en las paredes laterales, dos oso y un venado. Bueno, sólo las cabezas. Las de osos eran muy intimidantes porque tenían las fauces abiertas y una expresión f e r o z. Nos desvestimos sin prisa vigilados por los osos y no hubo penetración ni tampoco tazas de té porque se le habían acabado los sobrecitos. Me dejó besarle los pezones y ver sus calzones, que tenían unos búhos estampados.
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