jueves, 17 de diciembre de 2009

Y ya que ando en eso de poner bestialidades...

They will be leading horses galloping across the street. “Last night all the horrible thing in life stormed through my dreams, and I just want to shut it up, shut it down, or shut it off”. Fue de explosiones y huesos rotos (¡crac, mi amor, crac!), sin sangre y angustiante. Aún no puedo sacarme de la cabeza tu imagen. Wu teniendo sexo (con x). A lo mejor nunca podré sacarla o quizá grite en plan epicúreo: ¡tienes que salir, muchacho! A buscarle tres pies a las gatas, a decir corriendito o ¿por qué no te vas? E invitar a mis amigos imaginarios a una fiesta imaginaria bajo el agua (en una cubeta) y esperar el plash plop y contar los latidos de mis sienes, uno a uno, sin conocimiento de causa y luego aburrirme terriblemente porque por más que pienso e imagino no te siento comigo, estás teniendo sexo con Juan de la Chingada y ¡sulfuro¡ ¡sulfuro! Como un demonio recién salido del horno del Vaticano, presto a huevonear por la tierra, sin más propósito que espantar. Vivir en un constante mareo, girar girar girar, como una roca cuesta abajo y ¡crac! (más más), estrellarse contra un muro granítico y decir: Hola, qué amable y quizá decir gracias como sólo yo sé hacerlo: con voz apagada y apenas audible. ¿Y si el muro no es granítico? Girar girar girar, vivir en un constante mareo. Qué risa, qué meneo. Se acabó. Paf. Esconderse de la sombra y... nada, ¡quitarme ésa imagen de la cabeza! Contrarrestar el efecto de la desvelada con un paseo en patines calle arriba, jadeando como tarado o como perro y enseguida poner un disco de Real de Catorce y viajar por espacios ignotos de interregna condición donde todo sea posible, hasta volar sin atorarse en el cableado público y reventarse como bomba de tiempo para luego reconstruirse, átomo por átomo, palmo a palmo, hasta ser un dinosaurio, un ornitorrinco, un álbatros o ¡super! Un super héroe taradito y sin chiste y sin traje y comer cucarachas asadas con salsita de tomate verde y girar girar girar, vivir en un constante mareo. Guacarear los viernes por la mañana y algunos martes aburridos, expulsar las tripas en un menjurge humeante y en el colmo del delirio salir de este laberinto, leer periódicos embarrados de sangre e iniquidades y arrojar... arrojar lo que sea. Viajar en un propulsor de único compartimiento a Gamínedes, a Ceres o a cualquier luna de Júpiter o a Neptuno, donde hace un chingo de viento y frío. Probar la calidad del asbesto industrial sin tapabocas o el asfalto con los cachetes, escribir en la tierra con saliva, merodear más que andar los espacios, no sentir nada y ser inconciente y no mirar nada alrededor. Ya no girar girar girar, vivir del constante mareo, mejor girar girar girar, acabar con tanto guacareo. Un escupitajo en la cara que resbala lento y viscoso.

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