Éste también es de una clase con Selene. Es que me inspiraba, qué bárbaro.
Eres el holograma de un futuro apocalíptico. Contabas un cuento con tal descaro que de inmediato me gustaste y ni qué decir de tu voz robótica, tan metálica y suave. El mundo no va a acabarse, contabas, y pensé: baahh, qué tristeza. -¿Somos pues eternos? - pregunté sin poder evitarlo, pero tú me ignoraste sacando el tema de las armas. Ya no usamos armas ruidosas ni violentas, somos un mundo pacífico y bello ¡alegraos, hombres del pasado! Pronto habrá paz, todos los problemas quedarán resueltos. Como no queriendo la cosa informaste de cómo se lograba esa paz social. Estamos todos unidos bajo un sólo gobierno que se hereda de padre a hijo. Al momento de nacer se le implanta a cada individuo un microorganismo que es controlado por eficientes autómatas. Si un individuo comete algún crimen grave, el microorganismo es destruido y el individuo silenciado, pagando así su deuda con la sociedad. No hay cárceles ni contaminación, hemos logrado la paz absoluta. -¡Un puto y verdadero asco!- grité -¡El reino del terror absoluto! No seremos dueños ni de nosotros mismooooos- aquí pensé en que no lo somos ahora, pero lhaaaa. Nadie me escuchó, todos gritaban de emoción (o espanto). Ya no me gustastes tanto. Y lo más extraño de todo es que cuando yo silbé (la canción de Wild World), tú silbaste (pero la de Here comes de sun).
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