Tenía un sillón re divertido.
¡Necesito liberarme! (“Y mientras yo recibo tu llamada y tú no dices nada pensando que yo no sé que estás ahí”). I blushed because you blushed, then we both laughted because you were so ambarrased. Mi mano se duerme y mi pie derecho también. De repente la fuerza de mis dedos sale a pasear a algún sitio desconocido (alguien grita: ¡Yo soy un desconocido!). Diablos, siempre me voy chueco (chueco rima con eco). Ahhh, ya no es divertido. En algún momento va a dolerme la cabeza y vas a mofarte de mis ganas de verte. El tiempo se refiere a ti como mil espejos superpuestos que se reflejan uno a otro infinitamente (o eso parece). Te gustaba ir a que te cortaran el cabello para ver a los espejos hacerse más chicos y porque tu mamá decía que los ojos te cambiaban de color. ¿Estás cansado? No, mi corazón late más rápido o más lento, según le plazca (es como un tirano que gobierna con demasiada flojera). ¿Estás triste? No, es que no tengo nada que hacer y no puedo poner mi mente en blanco. ¿Estás enojadito? Mmmm, quizá. No, no en realidad. Me quiero pirar, enloquecer cerca de cualquier lado tuyo, pero el problema es que nunca se está cerca tuyo, es como cazar rayos de luz. Deja las analogías, ¿ahora sí estás cansado? Sí, un poco. No, más bien adormilado. “Pues yo no te creo mucho”. Había un cuadro chueco que me obsesionaba. Lo quería acomodar, pero el chiste y el arte del pinche cuadro era justo eso. También había un reloj que marcaba siempre las 4:23 pm y no estaba descompuesto, era que su dueño pensaba que era una buena hora para vivir (¿y morir cuándo?). El reloj hacía toc-toc, tocando a la puerta de un latiente sandwich de queso con salsa roja que se estremece a cada respiro como la casa del niño de la película Bienvenidos a Belleville. ¿Ahora sí estás triste? Aún no. Había un sillón color crema (quizá fue blanco alguna vez, pero le va bien el crema) en perfecto estado, con su respaldo y esas cosas donde uno pone los brazos muy brillosos. Daban ganas de salterle encima o de usarlo de mecedora o de quedarse dormido ahí. Tenía un extraño tejido circular y triangular. Dejé que me dominara la mente. Una cucaracha pasó rápido y se quedó inmóvil un instante. Me vio, estoy seguro. Era bastante sorprendente. ¿Ya estás enojadito? No, hastiado por tus pendejadas. Había ruidos apenas perceptibles y un haz de luz. Es curioso como la luz crea una columna de polvo dorado que se mueve lento. Quisiera regalarte un haz de luz para que hagas dorado el polvo o esa materia que flota tan inconciente. Y si le pasas la mano se forman torbellinos y se acelera el tiempo. No sientes al polvo como algo “sucio”. No querías moverte para no interrumpir la calma y la lasitud y esa sensación de vacío y paz.
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