Se anunció con gran pompa, como siempre. Iba a hacer fuego esta vez. "De la nada", decía el cartel. Vino mucha gente esta vez. El último acto mágico fue muy gracioso, pero no espectacular. Hacía como que hablaba con una rana y cuando decía ¡salta!, la ranita saltaba. Ahh, ya llegaron mis vecinos. Hola, digo a todo el mundo, saludando educadamente, comod dice mi mamá. Siempre vengo, no tanto por la magia, si no porque tengo un lugar y viene mucha gente. Ja, piensan que soy "retardado", aunque no entiendo porque, llego temprano todas las veces. El espectáculo empieza, todos se callan, hasta la gorda del sombrero con plumas. Sale el "Modesto Mago mecánico" vestido de negro, con su capa negra y su sombrero chistoso de copa (negro). Habla abriendo mucho la boca. Hay una pila de maderitas (que yo le ayudé a juntar, de las más delgadas) y papel rojo en el centro. Invita a todos a ver las maderas y los: no, no hay nada, no se ve nada. Está haciendo trucos con la baraja y con papel, largas tiras de papel que salen de su boca, como si vomitara una víbora de colores. Siempre pone música bonita, a mi me gusta, aunque la señora flaca y vieja dice que es aburrida. Yo quiero al mago, a veces me da dulces rojos con blanco y me pasa la mano por el cabello. "Algún día serás yo" me dice. Aunque parece triste por las tardes, yo corro dando volteretas alrededor de él, imitando muchos animales. Él sonríe, qué amable es. Siempre le digo que me enseñe sus trucos, él dice que aún no es tiempo. Yo no sé cuando será el tiempo. Ah ah ah ah, ahora hace su baile con el bastón, lo gira. Eso sí que puedo hacerlo. Giro giro giro jajajaja. Hay estrellas hoy. Sííííí, ya anuncia el acto principal, ¡va a hacer fuego de la nada! Se prepara, uh uh uh, mueve mucho los brazos, hace como que se avienta a la pila de maderas. Dice: a la de trés: ¡Uno! ¡Dos! ¡Trééés! Fuuuum. Nada. Jajaja, se ve tan sorprendido, tan gracioso. Pienso que lo tenía preparado para hacer "suspenso", como el dice. Otra vez: ¡Uno! ¡Dos! ¡Tréééés! Y lanza sus brazos a la pila, pero... nada. Seguro es a la tercera. Jajajaja, ahora hace como mimo. Eso también lo puedo hacer. La tercera: ¡Uno! ¡Dos! ¡Trééés! Fuuuum, pero nada de nada. Mmmm, intenta otra vez... y otra vez. Pero el no luce nada contrariado (esa palabra me la enseñó él y me gusta). ¡Noooo! ¡¿Por qué no sale esa chispa?! ¡Si yo pudiera hacer el fuego! Los primeros buuus ya llegan y quiero callarlos. Él sigue intentándolo muy concentrado, con sus cejas juntas, ya no voltea a ver a la gente. Algunos ya se paran y se van haciendo ruido con las sillas. Sigue sigue. ¡Sal ya, maldito truco! Oohh, es tan triste. Ya quedamos muy pocos. Nadie hace buuuu. Sólo quedo yo. El mago viene hacia mí, me pasa la mano por el cabello. Huuum, se siente rico, el sol se va. Anda, me dice, vete a casa, la función se acabó. Y yo me voy brincoteando, pateando su bastón. Tengo muchos, cada que acaba una función me da uno. Seré un mago con montones de bastones, ya estoy pensando en mis primeros trucos (que no te diré, hay que mantener la "incógnita" jojojo). En la noche empezó a oler a humo, como cuando se queman papeles viejos para miércoles de ceniza. Todos corrían a las calles de arriba. Había fuego, mucho fuego, como un enorme fuego artificial recortado contra el cielo negrísimo y lleno de estrellas. En la casa del mago. Él estaba afuera con su traje de mago completo, también su sombrero. Había que ver su pequeña sonrisa. Y un nuevo bastón. Cuando ya había muchota gente alrededor (no dejo que nadie intentara apagar el fuego, era un desperdicio de agua, dijo) se quitó lentamente el sombrero e hizo una larga y pausada caravana (¡ya me enseñó a hacerla!). Sonrió con su sonrisa más grande, como cuando digo: ¡Seré un gran mago! ¡Seré un gran mago! Y se fue. Primero me regaló el bastón. Yo lloro a veces, cuando duermo.
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