domingo, 17 de octubre de 2010

La puerta entreabierta...

Miro el contorno pálido de tu cuerpo en la oscuridad, la luz que se posa en la piel de terciopelo de tu costado. Negro. A veces quiero no escribir más con palabras prestadas de libros. Pero no pienso, miro la sombra que adorna tus hondonadas, el delicado movimiento de la cortina y escucho el goteo del baño, el eco que lento se propaga. ¿Arreglaré un día esa gotera? Negro. Creo en tu boca, en tu lunar, en tus manos extendidas, en tus piernas, en tu frente. No me atrevo a acercarme, barrunto tu figura en la imagen difusa, en la caricia de luz entrando por la ventana entreabierta. Las palabras se me antojan todas inútiles. Pero no pienso, mis ojos te buscan. Negro. Caen las gotas plop plop, me derrumbo de sueño. Dijiste en la mañana que se había ido el agua (respectiva mentada de madre a la municipalidad, culpable de todos los males del mundo). Recibo el ataque violento de la luz. Un charco en el suelo, bajo tu cuerpo exangüe. ¿Eres tú o te imagino?

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